Por Jorge Arboleda, Agrupación de Lucha Socialista (ALS), 23.1.2023, https://agrupaciondeluchasocialistablog.wordpress.com
A raíz de
los más recientes acontecimientos en Perú y en Argentina -es decir, la
destitución de Pedro Castillo de la presidencia y el proceso penal que enfrenta
Cristina Fernández- se ha propagado una postura que proviene de los partidos
reformistas y sus seguidores, así como de periodistas que se asumen “críticos”
e “independientes”, pero que en el mejor de los casos solamente mantienen un
apoyo crítico a los gobiernos reformistas en países de América Latina, y en
concreto, al gobierno de México. Esta postura es el llamado a defender a estos
gobiernos progresistas de un supuesto “golpe de estado blando” [1] inminente.
Estos
acontecimientos tomaron lugar pocas semanas después de que se realizara una serie
de ponencias por parte de un sector de periodistas mexicanos, organizado por
el Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y
Sociedad de la UNAM (PUEDJS UNAM), bajo el nombre de "Las
Guerras Mediáticas en América Latina: Actores, Intereses y Alternativas",
con 8 conversatorios en donde participaron personalidades como Ricardo Raphael,
Nancy Flores, Luisa Cantú, Álvaro Delgado, John Ackerman, Julio Hernández
"Astillero" e Inna Afinogenova, entre muchas otras. Cada una de estas
personalidades es miembro de diferentes medios de comunicación, como La
Octava, La Jornada y SinEmbargo, que a raíz
del inicio de la administración de AMLO comenzaron a tener relevancia en la
opinión pública de la izquierda, especialmente entre los seguidores del presidente.
En
particular, La Octava inició su operación prácticamente tan
pronto inició esta administración, mientras que La Jornada ha
sido hasta ahora uno de los medios de comunicación que más dinero ha recibido
de este gobierno bajo el concepto de "publicidad oficial", a pesar de
ser un periódico impreso con un portal en internet, y Julio
"Astillero" recibió apenas el 26 de noviembre el Premio Nacional de
Periodismo. En el caso de Afinogenova, ella es parte del medio español Diario
Público, después de haber terminado su relación con Russia Today a
raíz de la invasión de Putin a Ucrania.
Si bien
cada uno de los foros abarcó temas diferentes, todos giraban en torno al
conflicto mediático que enfrentan los llamados gobiernos progresistas de
América Latina, y en particular el gobierno de México. Salvo pocas excepciones,
la gran mayoría de estos periodistas están de acuerdo en algo: la derecha
neoliberal está asechando y ataca a través de los medios de comunicación, por
lo cual se debe cerrar filas para defender los logros de la izquierda ante una
amenaza de “golpe blando” financiado por los Estados Unidos.
La vacancia
de Castillo y el proceso penal que enfrenta Fernández parecieran coincidir con
la advertencia de estos periodistas, e incluso han replicado lo dicho por AMLO
en su conferencia matutina del 9 de diciembre, de que algo similar le podría
suceder a él y que, por tanto, tendríamos que prepararnos para dicho escenario,
en el cual, según ellos, tendríamos que ponernos indiscutiblemente del lado de
López Obrador.
Falta de
contexto internacional
Esta
posición que algunos en la izquierda latinoamericana confunden con un Frente
Único, no es más que una posición reaccionaria que obedece a un deseo delirante
de volver a los años 70's, cuando el imperialismo estadounidense demolía
movimientos revolucionarios y derrocaba gobiernos reformistas para imponer
gobiernos reaccionarios como en los casos de Chile, Argentina y Brasil a través
de juntas militares, o en el mejor de los casos, 20 años atrás, cuando los
gobiernos de Venezuela y Bolivia enfrentaban abiertas amenazas de golpe de
estado por parte de Washington, sin entender para nada que la situación actual
es muy diferente con respecto a esos escenarios, e ignorando completamente el
contexto del modo de producción capitalista mundial del presente.
Desafortunadamente
la mayoría de estos periodistas (si no es que todos) ignoran que actualmente
vivimos en medio de una rivalidad inter-imperialista entre dos grandes bandos,
el imperialismo occidental integrado por los Estados Unidos y la Unión Europea,
contra el imperialismo oriental emergente, en concreto China y Rusia. Al
ignorar esto, para ellos lo más sencillo es imaginar que el imperialismo
estadounidense está preparando un “golpe blando" contra los nuevos gobiernos
progresistas de América Latina, y que para llevarlos a cabo usa a medios de
comunicación conservadores y hegemónicos que distorsionan la realidad para
preparar dicho escenario golpista.
Si bien
nosotros no rechazamos la idea de que dichas tácticas pueden ser usadas en un
momento dado para cambiar rápidamente el curso de un país latinoamericano, si
cierto gobierno llegase a ser un obstáculo para los fines del Pentágono, o, que
en el marco de un periodo de inestabilidad política la derecha aproveche para colgarse
y apoyarse de Washington para poder tomar el poder como sucedió en 2019 en
Bolivia; empero, pensar que estos nuevos gobiernos se oponen al imperialismo
yanqui es un delirio. Por el contrario, estos gobiernos han fungido más como
operadores gringos para retirar a China y Rusia de los mercados que habían
ganado en la anterior "ola de gobiernos progresistas". En concreto,
estos gobiernos le están dando a los Estados Unidos la estabilidad política que
necesitan en la zona para poder fortalecer su mercado en este hemisferio, ante
el peligro de China que está expandiendo sus multinacionales en África y en el
sureste asiático, y mientras Rusia intenta expandir sus zonas de influencia en
Europa y Medio Oriente.
Es por eso
que estas personas se han generado la idea de que apoyar a Obrador, Lula,
Petro, Boric, Castillo y Fernández es equivalente a luchar contra el
imperialismo y contra la derecha. Si bien algunos de ellos son más críticos que
otros al gobierno mexicano, la gran mayoría reducen su crítica al mínimo por
miedo a que le estén "haciendo el juego a la derecha", como nos
acusan muchas veces los obradoristas a quienes somos socialistas por señalar la
naturaleza burguesa, traidora y proimperialista de este gobierno.
Los
actores de esta "guerra mediática"
A quienes
estos periodistas tienen identificados como "medios hegemónicos", los
cuales son los que atacan sin piedad al gobierno de AMLO, son concretamente
periódicos como El Reforma, El Universal, LatinUs y Radio
Fórmula, y aunque existen otros medios de comunicación con línea editorial
reaccionaria, estos son los que se pueden identificar como principales
comunicadores del anti-obradorismo. Sin embargo, de estos medios, ninguno es de
televisión, la cual sigue aun siendo la principal forma de información de la
gente en México, a pesar del gran avance de las redes sociales y medios
electrónicos. Los principales medios de información y que realmente son
hegemónicos en México son Televisa, Tv Azteca y Grupo
Multimedios, pero de parte de estos tres realmente no existe una
"guerra mediática", sino todo lo contrario. Tanto Emilio Azcárraga,
dueño de Televisa, como Ricardo Salinas, dueño de Tv Azteca tienen
una relación bastante fraterna con Obrador, quien los hizo parte de su consejo
empresarial de asesores, junto con otros magnates como Carlos Slim y Germán
Larrea, con quienes también tiene relaciones bastante cercanas, a pesar de que
antes los denunciaba por ser parte de "la mafia del poder" que se
apoderó de México. Todo lo contrario, cada año AMLO promueve que se done dinero
al Teletón, a pesar de que varios años atrás lo consideraba un
fraude, y en ocasiones ha dicho que Javier Alatorre, el presentador de noticias
“estrella” de Tv Azteca, es su amigo, sin mencionar que Obrador a menudo se
reúne con Salinas Pliego para almorzar.
La
selectividad que existe en esta "guerra mediática" parece solamente
abarcar a medios de comunicación de una categoría menor que los medios
considerados "hegemónicos", y sin duda la burguesía nacional más
acaudalada no se encuentra detrás de dicha guerra mediática, pues está muy
ocupada consiguiendo contratos millonarios para nuevos megaproyectos de
comunicación e infraestructura que este gobierno les ha venido dando cada año.
Pero entonces, si no son los más ricos del país los que usan los medios de
comunicación para atacar al gobierno de la 4T, ¿quiénes son?
Detrás de estos medios están empresarios que no aparecen en la lista de Forbes, pero que sin duda tienen mucho dinero. El dueño de Grupo Reforma es Alejandro Junco de la Vega, un empresario regiomontano cuyos negocios giran enteramente alrededor de su periódico impreso de alcance nacional. El caso de Juan Francisco Ealy Ortiz, dueño de El Universal es el mismo, mientras que Radio Fórmula es propiedad de los hijos del recientemente fallecido Rogerio Azcárraga Madero, primo del actual dueño de Televisa. LatinUs, que es un medio audiovisual electrónico, es posiblemente el medio insignia del anti-obradorismo, el cual es liderado por uno de los viejos periodistas "estrella" de Televisa, Carlos Loret de Mola, quien ha sido denunciado muchas veces por periodistas de investigación de haber sido partícipe de engaños mediáticos y montajes a favor del gobierno de Felipe Calderón y quien siempre mostró simpatías por la derecha y un gran rechazo a López Obrador.
Este medio es propiedad de una sociedad de empresarios y
políticos del PRI y del PRD que han logrado usar dinero público del Estado de
Michoacán de manera ilegal para poder financiar esta plataforma. Si bien todas
estas personalidades son parte de la burguesía nacional, definitivamente no
forman parte de las élites que controlan la economía de este país, sino que más
bien parecen ser parte de un sector del empresariado mexicano más conservador,
pero que no goza de un lugar muy privilegiado en el mercado nacional.
En este
apartado cabe mencionar a quien ha sido señalado como el empresario que funge
como el principal operador político de la derecha mexicana, Claudio X.
González, quien es socio regional de la multinacional Kimberly Clark,
y quien es activo participante de cámaras de comercio y sindicatos patronales
como la Coparmex, el Consejo Coordinador Empresarial y el Consejo Mexicano de
Negocios. Parte de los negocios que ha obtenido Claudio X ha sido gracias a la
creación de asociaciones civiles que reciben dinero del gobierno, y con lo cual
ha fundado algunos medios de comunicación de menor calibre como Animal
Político o la asociación Mexicanos Contra la Corrupción y la
Impunidad, en la que incluso han participado activistas y periodistas que
han puesto en evidencia importantes casos de corrupción de gobiernos
anteriores, como fue el caso de las "empresas fantasma" del
exgobernador Javier Duarte. Sin embargo, este señor aparece en el último lugar
de los 37 más ricos de México.
Delirios
"antifascistas"
Sumado a
estas angustias por el "golpe blando", algunos de estos periodistas
han manifestado gran preocupación por la más reciente Conferencia de
Acción Política Conservadora (CPAC, por sus siglas en inglés) que fue
realizada en la Ciudad de México el pasado 18 y 19 de noviembre, la cual es una
expresión de un sector de extrema derecha identificada con Donald Trump y Jair
Bolsonaro, en la cual incluso Eduardo Bolsonaro, hijo del ex presidente de
Brasil, participó como uno de sus líderes. Si bien nosotros también nos sumamos
al rechazo de este tipo de expresiones de la derecha más conservadora, racista,
supremacista blanca, homofóbica, xenofóbica y misógina, algunos de estos
periodistas la relacionan con el surgimiento del fascismo en América Latina, lo
cual pensamos que es absurdo, bastante prematuro y que obedece también a
delirios que algunas organizaciones de izquierda comparten, sobre escenarios de
lucha callejera antifascista de la Europa de los años 20's y 30's, confundiendo
completamente el contexto actual, identificando a cualquier derecha
conservadora con la amenaza del fascismo, el cual es un fenómeno específico que
está marcado por el surgimiento de bandas anti-obreras cuyo fin es el
desmantelamiento de sindicatos, partidos obreros y cualquier forma de
organización de izquierda.
Aunque
dichas bandas no existen actualmente en esta región, o si existen son sumamente
marginales e inofensivas, lo que sí existe actualmente son bandas
ultrarreaccionarias fuertemente armadas que aterrorizan comunidades enteras y a
las cuales ya nos acostumbramos a llamar "narcos", cuya operación y
negocios son parte de una política de Estado impuesta por Washington y
secundada por todos los gobiernos de América Latina, tanto los de derecha como
los llamados progresistas; pero no vemos a estas organizaciones ni a estos
periodistas llamar a la acción para combatir a estas bandas, sino que por el
contrario caen en la ilusión de que el Estado se encargue con su fuerza militar
y policial y que para ello nos conviene que la derecha no "regrese"
al poder. A estos periodistas les preguntaríamos en todo caso, ¿exactamente qué
tipo de acciones piensan ustedes que el pueblo debería realizar para combatir
estos “intentos de golpe”? Claramente ellos no llaman a la lucha callejera, por
lo que asumimos que se limitan a pedirnos que prediquemos los “logros” del
gobierno y llamemos a votar por Morena, como si con elecciones se pudiera
detener un intento real de golpe de Estado.
Además,
debemos recordarles a estas personas que, por lo menos en México, el principal
defensor de Donald Trump se llama Andrés Manuel López Obrador, quien sin
protestar obedeció a cabalidad la orden de convertir la frontera sur de México
en un muro migratorio humano utilizando para ello a la flamante nueva Guardia
Nacional, jamás ha cuestionado el encierro de niños mexicanos en campos de
concentración para migrantes en EU, y le ha defendido de supuestas intenciones
de desestabilizar a su gobierno por parte de las caravanas migrantes así como
de la suspensión de su cuenta de Twitter. Si este es nuestro "amigo"
en el combate a la ultraderecha y al imperialismo, ¿para qué queremos enemigos?
Bueno, recordamos que la acción más “antiimperialista” que realizó el gobierno
de Obrador fue defender a Salvador Cienfuegos, un militar en retiro y antiguo
Secretario de Seguridad Nacional, de un juicio en los EE.UU. por nexos con el
narcotráfico.
Otra cosa
que estos periodistas no comprenden, es que el movimiento obradorista tiene
fecha de caducidad. En México, la Constitución prohíbe que una misma persona
sea presidente más de un periodo, por lo que, a partir del inicio de las
campañas electorales, los simpatizantes de AMLO tendrán que dividirse entre los
que pelean por la sucesión presidencial y los que se encuentran en pugna por la
dirección de Morena, quienes además han demostrado ser mucho (muchísimo) más
serviles a la burguesía y al imperialismo que Andrés Manuel.
Las
lecciones de Perú y los verdaderos peligros de un golpe
La vacancia
de Pedro Castillo cabe sin duda en lo que se ha catalogado como "golpe
blando", y es precisamente el fenómeno que ha confirmado nuestra crítica a
este sector reformista y a los periodistas que lo han estado advirtiendo. Esta
maniobra reaccionaria para echar a un jefe de estado elegido por el pueblo es
parte de la profunda crisis política que vive Perú desde hace una década, en la
que una camarilla de políticos serviles a la oligarquía peruana y al
imperialismo yanqui ha dejado fuera de su círculo a un maestro rural que, una
vez en el poder, hizo todo lo posible para ganarse la confianza de dicha
oligarquía y de Washington, traicionando al pueblo que lo eligió.
Esta crisis
se manifiesta a través de esta pugna de poderes entre facciones de la burguesía
por demostrar quién tiene mejor capacidad para darle a su país la estabilidad
que la clase dominante nacional e internacional necesitan en la región, en el
marco de la rivalidad inter-imperialista. Por un lado, está la vieja camarilla
conservadora, completamente desprestigiada para el sector más explotado del
pueblo y, por otro, una nueva camarilla de oportunistas surgida de viejas
luchas, que han logrado ganarse la simpatía de una buena parte de ese sector
oprimido, con lo cual han legitimado su posición, pero que en su primera
oportunidad deciden traicionar a las bases que los pusieron ahí para ponerse
del lado de la clase dominante.
El pueblo
peruano ha salido estos días a las calles a ocuparlas y a realizar bloqueos,
tomaron el aeropuerto de Arequipa y han desafiado a las fuerzas del orden para
exigir nuevas elecciones anticipadas, el cierre del congreso y una asamblea
constituyente, y Boluarte ha tenido que aceptar llamar a nuevas elecciones como
válvula de escape a la crisis; pero son cada vez más los que se dan cuenta que
manteniendo las instituciones de la democracia burguesa intactas este escenario
será solo otro callejón sin salida. Su lucha ya no se centra en la defensa de
Castillo, pues no tiene ningún caso regresar a la situación previa a su
vacancia. ¿Exactamente qué defendería el pueblo peruano del gobierno de
Castillo, si en los hechos él no fue capaz de hacer la más mínima reforma en
favor de las clases explotadas?
México es
el país donde posiblemente el escenario para un “golpe blando” sea el menos
probable de toda América Latina, pues es de momento el país que goza de mayor
estabilidad política relativamente, y explorando la crisis política que
enfrenta la clase dominante en todo el continente, hay escenarios que merecen
nuestra atención, además del de Perú.
En el caso
de Brasil existió un auténtico llamado de oficiales retirados de la Fuerza
Aérea y Marina para llevar a un levantamiento militar en contra del gobierno
entrante de Lula, sin embargo, los actuales militares en activo han avalado las
elecciones y no se ve que realmente tengan intención de intervenir de ninguna
forma, además consideramos que lo que menos quiere Washington en este momento
es escalar el escenario de inestabilidad política en el país con el mayor PIB
en la región, por lo que dudamos que los Estados Unidos participen en un
aventurerismo de este calibre, al menos que la derecha bolsonarista le
demuestre que tiene la capacidad de sostener el poder ante el clima de
inestabilidad, cosa que por ahora pensamos que es poco probable, y
concretamente Bolsonaro ha mostrado nula intención de ello, y sobre todo,
porque la relación de Lula da Silva con el imperialismo yanqui es cada vez
mejor.
En Bolivia,
la derecha se fue derrotada del gobierno después de que el pueblo rechazó el
golpe de Estado de 2019 que culminó en un llamado a elecciones en las que el
MAS logró regresar al poder, aprovechando la carencia de una organización
obrera, campesina e indígena que pudiera dirigir el descontento del pueblo
boliviano. En Argentina, el proceso que enfrenta Cristina Fernández se ve que
será de largo aliento, pues ella como actual vicepresidenta goza de fuero
político, además de que su condena debe ser ratificada por la Corte Suprema y
la Cámara de Casación argentina, lo cual podría tardar años, si es que se da.
Todos estos
son escenarios ante los que debemos estar atentos, pero principalmente, nuestra
labor como socialistas no es buscar la alianza con sectores de la burguesía
progresista en el gobierno para evitar ataques de la burguesía conservadora
opositora, disfrazando la táctica estalinista de Frente Popular como un Frente
Único, sino crear organizaciones obreras y fortalecer las existentes para poder
rebasar a las pugnas interburguesas que arrastran a los explotados y oprimidos
y los distraen de sus verdaderos intereses de clase, pues más que estar
defendiendo "logros" que en realidad son migajas en el mejor de los
casos, la clase obrera latinoamericana debe aspirar a la toma del poder para
verdaderamente luchar contra el imperialismo y crear una sociedad libre de
explotación.
Si
permitimos que se siga utilizando la consigna de "ahí viene el golpe",
no solamente se nos sigue arrastrando a apoyar gobiernos burgueses de falsa
izquierda, sino que, además, cuando realmente llegue un escenario de golpe de
estado reaccionario, usando a las fuerzas armadas, la policía o a grupos
paramilitares, estaremos completamente desarmados para combatirlo; sobre todo,
cuando en América Latina, y especialmente en México, sigue avanzando
el militarismo bajo el falso pretexto de combatir al crimen organizado y al
narcotráfico.
[1] Lo que
comúnmente se le llama “golpe blando” es el uso de mecanismos jurídicos y
legales que le da la facultad a cierto sector opositor al gobierno de quitar de
su cargo a líderes de Estado, ya sea que dichos mecanismos sean legítimos o no.
El caso más famoso es el “impeachment” de Dilma Rousseff, quien fuera
presidente de Brasil hasta que en 2015 el congreso votó a favor de que ella
enfrentara un juicio político por corrupción y violación de la Ley
presupuestaria de Brasil, con lo cual tuvo que dejar su cargo para que lo
ocupara el derechista Michel Temer, con la finalidad de llevar a cabo medidas
de ajuste impuestos por el FMI.

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