Juan Gelman y la poesía como una herramienta política
Por Samuel Noyola
El 14 enero se cumplieron nueve años del fallecimiento de
Juan Gelman, nacido el 3 de mayo de 1930 en Buenos Aires. Su vida, en paralelo
con su obra literaria, estuvo signada por la revolución y la contrarrevolución.
Su padre arribó en la Argentina en 1913 luego de ser parte
de los sucesos revolucionarios de 1905 en la Rusia Zarista, siendo un obrero
socialrevolucionario que escapó de Rusia, en 1912, decidiendo volver en 1918 para
ser parte del país de los soviets, aunque su ingreso se vio impedido hasta 1922,
debido a la guerra. Mientras trabajaba en Moscú como ferroviario conoció a la
madre de Juan, luego de un viaje a Ucrania.
“Mi madre vivía en un Gueto
en la ciudad de Ucrania, en 1928 mi padre decide emigrar debido al cierre
absoluto de toda oposición en la ex URSS, lo que motivo el viaje hacia
Argentina fue el destierro de Trotsky, Lenin ya había muerto y estaba Stalin en
el poder”
Los primeros encuentros de Gelman con la poesía fueron en su
niñez, con las lecturas en ruso que articulaba su hermano Boris. Fue empleado, camionero,
vendedor de autopartes, realizando sus estudios secundarios en el Colegio Nacional
de Buenos Aires. A los quince años
ingresó a la Federación Juvenil Comunista, en 1948 comenzó a estudiar Química
en la UBA, pero abandonó poco después para dedicarse plenamente a la poesía,
formando parte de la llamada nueva poesía (1955-1967).
Fue fundador del grupo de poetas «El pan duro», siendo,
además, secretario de redacción de la Revista Crisis, director del suplemento
cultural de La Opinión y jefe de redacción de Noticias. También ejerció como
traductor en la UNESCO y colaboró con Página 12. En 1959, influenciado por la
Revolución Cubana comenzó a adherir a la lucha armada y a disentir con el PC. “Cuando se produce la ruptura en el PC
algunos formaron un movimiento sobre la base del sector estudiantil, otros
crearían el PCR y otros como en mi caso quedamos en el aire sin estructura
partidaria”.
Influenciado también por la experiencia nicaragüense de
Sandino, tras la muerte del Che en Bolivia, se sumaría a las FAR. Por aquellos
años Gelman escribió “El Juego en el que andamos”. “Fueron años de búsqueda, cuando gana las elecciones Cámpora se produce
una fusión, las FAR analizaba al Peronismo como un fenómeno de clase que se
debía acompañar e integrar (…) Después del 73 la derecha peronista comienza a
asesinar, yo fui enviado al exterior en el 75, la violación de DDHH era muy notable,
la triple A estaba actuando”.
Al comenzar la dictadura de 1976 llegaron la desaparición de
su hijo y su nuera embarazada, razón por la cual comenzó su búsqueda y lucha
por justicia. “Para aquellos años la
lucha armada ya estaba liquidada, las principales organizaciones como ERP Y
Montoneros estaban derrotadas desde el punto de vista militar. En el 78
Montoneros plantea la descabellada idea de la contraofensiva con la cual yo
disiento”. Aquella disidencia le costaría ser condenado a muerte por la
organización luego de su ruptura.
A partir del año 1980 ya no se reinsertaría en ningún
organismo político, pero sus posiciones quedaron plasmadas en sus escritos. Lo
terrible del exilio y el choque con otras culturas se profundizó con la
desaparición de su hijo y grandes amigos, como Paco Urondo o Rodolfo Walsh, padecimientos
que le impidieron escribir por varios meses.
Tras la caída de la dictadura, su regreso se retrasó injustamente
a causa de la persecución por parte de jueces de la dictadura quienes
recomendaban su captura. “Alfonsín, tan embebido
de la teoría de los dos demonios que supo inventar Ernesto Sábato, no quería
saber nada con mi ingreso al país. Fueron varios los intelectuales que pedían
mi regreso entre ellos Octavio paz y Vargas Llosa”.
Hacia 1987 publicó “Contraderrota. Montoneros y la
Revolución Perdida”, libro con profundas críticas. El 8 de octubre de 1989 fue
indultado por el presidente Menem, junto a otros 64 ex integrantes de
organizaciones guerrilleras y a los militares acusados de violaciones a los DDHH.
Rechazó la medida y protestó: “Me están
canjeando por los secuestradores de mis hijos y de otros miles de muchachos que
ahora son mis hijos".
El retorno del poeta al país finalmente ocurrió en 1988, cuando
conoció a Mara, su compañera con quien compartiría sus días en México hasta su
muerte. Jamás abandonó la lucha por la búsqueda de su nieta, siendo Mara quien lo
acompañó a seguir el rastro de su nuera. El 31 de marzo del 2000, la investigación
finalizó con la restitución de María Macarena Gelman a su identidad, nacida en
cautiverio en Uruguay y criada por un policía uruguayo que falleció en 1996.
En 2007 obtuvo el Premio Cervantes, considerado el más
importante de las letras hispánicas y, dos años después, la Asociación de
Poetas Chinos le otorgó otro reconocimiento, denominado Antílope Tibetano. El
escritor depositó en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes un legado
que permanecerá guardado hasta el año 2050. Fue galardonado con el premio Juan
Rulfo, con el Móndelo, primer premio nacional de poesía de Argentina, el Boris
Vian (1987), los Premios Konex 2004: Poesía Quinquenio 1994-1998; Konex 1994:
Poesía Quinquenio 1989-1993 y varios otros.
Juan Gelman tomó postura contra el Menemismo -considerándolo
una continuidad de la política llevada adelante por la dictadura- y saludó con
fervor y optimismo la rebelión del 2001. “Suponer
que al pueblo se le puede recortar la capacidad de sueño, la voluntad de cambio,
a mí me parece utópico, pueden pasar momentos en que eso no aflore, pero
termina llegando”.
Su poesía fue una herramienta tenaz, sincera, permanente,
revolucionaria, que traspasó épocas, gobiernos democráticos, dictaduras, exilio.
Su historia es la de un poeta y militante, comprometido tanto con el arte como
con las luchas del pueblo trabajador. Acercarse a su poesía es encontrar la
piel de una persona sensible y dispuesta a darlo todo. Seguramente, si a Gelman
le dieran la oportunidad de elegir, volvería a ser Gelman.
Si me dieran a elegir, yo
elegiría
esta salud de saber que estamos
muy enfermos,
esta dicha de andar tan
infelices.
Si me dieran a elegir, yo
elegiría
esta inocencia de no ser un
inocente,
esta pureza en que ando por
impuro.
Si me dieran a elegir, yo
elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes
desesperados.
Aquí pasa, señores, que me juego
la muerte”.



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