Por Damián Quevedo
La directora del FMI informó, luego del último balance del organismo, que este evalúa la continuidad del freno productivo durante 2023. Para gran parte de la economía mundial, 2023 será un año difícil ya que los principales motores del crecimiento, Estados Unidos, Europa y China, experimentarán un debilitamiento de la actividad, dijo el domingo la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva[1].
Kristalina atribuye este estancamiento a dos factores, la guerra en Ucrania y la política de Covid Zero de China. ¡Los encargados de administrar las finanzas mundiales de los capitalistas, dan vueltas en círculos tratando de encontrar las causas de la crisis en sus consecuencias!
La guerra es, en este caso, un efecto directo de la recesión y, principalmente, de la ausencia de mercados hacia donde volcar la sobreproducción, que es el factor determinante de esta crisis. En ese sentido, las guerras fueron siempre, para los capitalistas y otras clases poseedoras de la antigüedad, un medio privilegiado al servicio de conquistar nuevos espacios para vender sus productos.
Las draconianas medidas de encierro y Covid Zero llevadas adelante por el gobierno chino, no tuvieron el propósito de cuidar la “salud” de los chinos y las chinas, sino regimentar a la poderosísima clase obrera de ese país. Esa política, que en los hechos significó una preparación para la guerra, fue debilitada por la rebelión de la clase obrera, que le puso un freno rotundo al régimen stalinista de Xi Jinping.
China ahora no va rumbo a superar a Estados Unidos como la economía más grande del mundo al menos hasta 2036, seis años después de lo esperado. Eso refleja que la política de Cero Covid de China y el aumento de las tensiones comerciales con Occidente ha frenado su expansión[2]. ¡A pesar de esta perspectiva, la guerra entre las grandes potencias es, bajo el capitalismo, inevitable!
La imposibilidad de librar, en lo
inmediato, una guerra a gran escala que destruya fuerzas productivas y permita
el reinicio de un nuevo ciclo de expansión capitalista, hace que la crisis
persista y se profundice, canalizándose de otras formas. La salida que necesitan
las grandes potencias es una matanza mucho mayor de la que sufre hoy el pueblo
ucraniano, una guerra de dimensiones inimaginables.
En estas condiciones, la revolución socialista se transforma en una necesidad urgente para la humanidad. Solo la clase obrera puede sacar al mundo de esta crisis sin matanzas y puede crear las condiciones para que desaparezcan estas hecatombes económicas, que provocan un genocidio silencioso para gran parte de la humanidad. La tarea de los revolucionarios es impulsar la lucha independiente de los trabajadores contra todos los capitalistas y construir una nueva dirección revolucionaria, nacional e internacional, dispuesta a llevar adelante esta lucha.

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