domingo, 1 de enero de 2023

En defensa de los "manteros", trabajadores informales cada vez más precarizados y estigmatizados


Imagen: una señora atacando manteros, noticia que hicieron circular los medios para estigmatizar a este sector de trabajadores informales, que hace lo que puede para sobrevir

Por Damián Quevedo

Hace unos días fue noticia un incidente, en el cual, una mujer que transitaba por el barrio de Once, descargó su ira con los comerciantes que colocan sus puestos en la calle, comúnmente llamados manteros. Una mujer, que intentaba caminar por el barrio porteño de Once, se enojó cuando vio que el espacio para pasar por la vereda estaba muy reducido por la presencia de manteros. Con mucha bronca la señora empezó a revolear toda la ropa que estaba extendida sobre el piso[1]. 

La bronca de esta señora, que los medios de comunicación utilizaron para explotar todos los aspectos reaccionarios del sentido común, es canalizada hacia quienes intentan sobrevivir con la venta callejera, pero las causas últimas de ese malestar, que es social, hay que buscarlas en la profunda crisis económica más que en la necesidad de la señora, de transitar por la vereda. 

El crecimiento exponencial de la venta ambulante, en todas sus facetas, es decir del cuentapropismo, en el que hay una absoluta ausencia de protección social -peor aún de la que ya existe en el trabajo formal- es un resultado directo de la crisis que arrastra el capitalismo argentino desde hace varios años, un sistema semi colonial que no sirve para resolver los problemas elementales de la mayoría. 

El crecimiento del trabajo informal, forma parte de la misma tendencia hacia la precarización en prácticamente todas las ramas de la producción. Un caso emblemático de esta realidad es la docencia, que, durante años tuvo gran estabilidad laboral, está cambiando gradualmente, de la mano de este gobierno, que impuso planes de precarización inéditos en el sector, como los ATR, los FINES, etc. 

Esta búsqueda, por parte del capitalismo, de acabar con la formalidad y la pérdida de derechos, expresa la decadencia total y absoluta de un sistema, que, para sobrevivir, sí o sí necesita ajustar cuentas -de manera brutal- sobre los trabajadores y el pueblo. ¡La venta ambulante o callejera seguirá creciendo, en la medida que el capitalismo expulse trabajadores de la formalidad u obligue a otros a migrar! 

Los comerciantes informales sufren una doble presión, por un lado, la que implica la competencia en un mercado anárquico que tiende a reducirse. Por el otro, la violencia ejercida por la burocracia estatal, que maneja gran parte de la venta callejera a través de una red de "punteros" y burócratas que se benefician de esta clase de trabajo, como lo son las organizaciones kirchneristas, CETEP etc. 

Desde la izquierda debemos llamar a los trabajadores y comerciantes informales a que se organicen de forma independiente, sobre todo del Estado, que lejos de buscar garantizarles derechos y condiciones de trabajo dignas, es la herramienta que los expulsa permanentemente de la formalidad laboral. Las organizaciones de este sector deben, por lo tanto, unirse en la lucha con los trabajadores bajo convenio, porque tienen un mismo enemigo que derrotar. 



[1] Perfil 30/12/2022

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