Por Juan Giglio
El Parlamento del Perú resolvió una moción de “vacancia” con una mayoría de 101 votos, una cifra que supera largamente los 87 que, de
acuerdo a las leyes vigentes, serían necesarias para aprobarla. Esto impuso la
destitución del ahora ex presidente Pedro Castillo, quien, adelantándose al
pedido había tratado de disolver el congreso y convocar a una Asamblea
Constituyente.
Las principales instituciones del Estado aceptaron la decisión parlamentaria, razón por la cual la
policía acabó por detener a Castillo, quien habría pretendido exiliarse en la
embajada de México. La nueva presidenta, Dina Boluarte, que fue elegida mayoritariamente por los
congresales, perteneció al partido de Castillo, del que fue
expulsada por “desacuerdos programáticos”.
Todo lo que sucede es una expresión, casi bizarra,
de la profundísima crisis en que se encuentra el régimen democrático burgués peruano, que no cuenta con políticos patronales capaces de gobernar con cierta autoridad. Estos
son repudiados por el conjunto de la clase trabajadora y el pueblo pobre,
que, por un pequeño período, depositaron ciertas expectativas en la figura de
Pedro Castillo.
Al verse acorralado por propios y extraños, Castillo
suspendió el funcionamiento del congreso y propuso la realización de una de sus promesas
electorales incumplidas, la constituyente, aunque sin apoyarse en el movimiento
de masas para que la tome como propia. El ex maestro rural apeló a una maniobra, a espaldas del pueblo, lo mismo que hicieron sus opositores para echarlo y apropiarse de la presidencia.
Nada bueno vendrá de un lado ni del otro, porque todos son representantes de un Capitalismo que se cae a pedazos, mientras
precariza, flexibiliza y deja en la pobreza a millones de peruanos y peruanas.
Son los trabajadores y el pueblo quienes deben decidir, de la manera más
democrática posible, qué “modelo” de país necesitan para sacar al Perú de la
crisis, y, por lo tanto, quien o quienes se harán cargo del poder.
Como socialistas, creemos que la única manera de lograrlo es acabando con la causa de fondo, el sistema capitalista, a través de una
revolución que dé lugar a un gobierno obrero y popular que construya una sociedad socialista. Mientras batallamos por esa perspectiva, apoyaremos todas
las iniciativas democráticas que impidan que unos pocos privilegiados,
como está sucediendo ahora, decidan en nombre de las mayorías.
¡Las masas deben votar, en miles de asambleas
de base organizadas en sus lugares de trabajo, las escuelas, universidades y
los barrios, cuál es la herramienta democrática más apropiada para garantizar
que la mayoría resuelva su futuro, en vez de un pequeño grupo de parásitos! Para
imponer un mecanismo de estas características -asamblea constituyente,
elecciones generales, o lo que fuera- tendrán que echar al gobierno de Dina
Boluarte con la huelga general.

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