Por Claudio Colombo
En la
mayoría de las situaciones en que ciertas fracciones de la burguesía se pelean
entre sí, los revolucionarios y las revolucionarias no tomamos partido por ninguna de estas, sino
que hacemos todo lo posible para que estas rencillas las debiliten a todas. Esto no es otra cosa que llevar hasta las
últimas consecuencias las recomendaciones de nuestros maestros, que decían que
las luchas en las "alturas" facilitan el accionar de "los y las de abajo".
Una
excepción, relativa, a esta regla es cuando el régimen democrático burgués corre
peligro de ser cambiado por otro de características dictatoriales o
bonapartista, mediante un golpe de estado, como el del 76, o de grandes
movilizaciones nazi fascistas, como las que tuvieron lugar en Alemania e Italia
en la década del 30 del siglo pasado. Frente a ese tipo de circunstancias, hacemos lo que recomendaba Trotsky: impulsamos el frente
único con todos los sectores -incluso burgueses- dispuestos a defender las libertades
democráticas, por más limitadas que estas sean.
Sin
embargo, nada de esto sucedió durante el juicio por corrupción contra Cristina
Fernández y otros personajes de la banda que lidera la actual vicepresidenta. ¡Ninguna libertad democrática estuvo o está en juego debido a las consecuencias de este proceso, que no
es otra cosa que la expresión judicial de las rencillas entre camarillas de representantes
patronales! Lamentablemente, partidos de izquierda, como el PTS y el Nuevo
MAS, entendieron todo lo contrario, alineándose en los hechos con el kirchnerismo, en la defensa de
CFK.
Algo
parecido sucedió luego del atentado contra Cristina, ya que
estas mismas fuerzas tuvieron posicionamientos parecidos, a tal punto que el NM llegó
a movilizar junto al PJ a la Plaza de Mayo denunciando al "peligro fascista”. Lo peor que les puede pasar organizaciones que se reivindican socialistas y revolucionarias, es perder, en este
tipo de circunstancias, la independencia
política de clase, que es lo que está sucediendo con el Nuevo
MAS y el PTS.
De ser
consecuentes con este tipo de planteos, en una eventual segunda vuelta
electoral entre el Frente de Todos y Milei o Bullrich -a quienes tildan de “fascistas”-
no tendrían ningún prurito en convocar a votar contra el “fascismo”, lavándole la
cara a quienes, durante más de 30 años, han venido
imponiendo los peores planes antiobreros y antipopulares. De hecho, y
utilizando este mismo razonamiento, estos grupos vienen de llamar a votar a Lula
contra Bolsonaro.
Las conducciones
de estos partidos deben replantearse todo esto, que
van en contra no solo de los principios revolucionarios, sino del nivel de
consciencia de la clase trabajadora, que ha roto con el
peronismo y se prepara para librar combates excepcionales. Para disputar la
conducción de estas luchas, la izquierda tiene que delimitarse -de
manera total y absoluta- de las fuerzas de la burguesía, especialmente de sus
fracciones populistas o “izquierdistas”.
Reproducimos a continuación las últimas notas
publicadas por CS sobre la condena a CFK
Lamentables
declaraciones del NMAS y el PTS sobre condena a Cristina (6 de noviembre)
Por Damián Quevedo
Finalmente salió el fallo sobre la causa
"Vialidad", con una condena simbólica a la vicepresidenta Cristina
Fernández. Decimos simbólica, porque en definitiva es eso, un fallo
testimonial, ya que faltan varias instancias judiciales para que quede firme y,
además, porque todavía queda la posibilidad de un indulto presidencial.
Ante este suceso, como otros vinculados a la suerte de la
vicepresidenta, es realmente preocupante la posición que asumen algunos
partidos de izquierda, como el nuevo Mas o el PTS, que, en los hechos, se
solidarizaron con Cristina Fernández.
La Izquierda Diario, del PTS, publicó varias notas luego de
que se diera a conocer el veredicto, en las que, con mayores o menores
pruritos, hace una defensa elíptica de la jefa de la banda kirchnerista,
definiendo al fallo como una condena que muestra el objetivo
proscriptivo de una casta judicial que no votó nadie, pero busca decidir de
forma antidemocrática quién puede ser candidato y quién no; a quién se puede
votar y a quién no. En este marco, Cristina Kirchner -bajo cuyos gobiernos sí
hubo corrupción, al igual que bajo todos los gobiernos capitalistas-[1]
Con estas aseveraciones, los compañeros del PTS olvidan dos
cuestiones fundamentales de la sociedad en la vivimos. Una, tiene que ver con
que, en este régimen, los capitalistas siempre deciden en forma
antidemocrática, ya que no es otra cosa que una dictadura de clase, en la cual,
por más que se alternen entre dos o más partidos patronales, todos tienen la
misma política.
La otra cuestión que olvidan, es que si bien es cierto que
todos los gobiernos capitalistas son corruptos per se,
es deber de los revolucionarios denunciar -en concreto y principalmente- a
quienes ejercen el gobierno en este momento, lo demás es una generalización que
elude la definición necesaria, en este caso sobre Cristina
Fernández.
Por esa razón, cuando desde el PTS dicen, que, "bajo
su gobierno hubo corrupción", no dicen que Cristina es corrupta.
Esta es una diferencia sustancial, un equívoco que un revolucionario no se
puede permitir, porque los socialistas le hablamos a la clase obrera, que tiene
absoluta claridad sobre la corrupción kirchnerista, el el papel que jugaron en
ese sentido, tanto Néstor como Cristina.
Para finales de 2003, tras el primer año en la Casa
Rosada, los Kirchner informaron un patrimonio neto $7.016.544, considerando las
deudas y los créditos a favor consignados en sus declaraciones juradas. Cuatro
años después, en diciembre de 2007, cuando Cristina Kirchner recibió la banda
presidencial de manos de su marido, los activos del matrimonio habían ascendido
a $25.537.371. La cifra representaba un aumento nominal de 264%[2].
Esto, sin contar los inmuebles adquiridos durante la última
dictadura, el otro período en el que el matrimonio de Río Gallegos y el
Calafate acumuló su cuantiosa fortuna. Como ya señalamos en notas recientes,
los revolucionarios no debemos defender a ningún representante de las
patronales, en medio de las disputas entre bandas capitalistas.
Debemos insistir en que tampoco habrá cárcel o proscripción
para Cristina Fernández, porque los mejores representantes del capital y los
más fieles servidores del imperialismo no van presos en esta sociedad, como
sucedió con Carlos Saúl Menem. Los trabajadores y el pueblo tendrán que meterla
presa, tanto a ella como a Macri y al resto de los políticos patronales que
entregaron el país a los grandes monopolios.
Los socialistas debemos dejar en claro que solo habrá
justicia cuando la clase obrera dirija la sociedad, y, con sus jurados
democráticos juzgue a todos los capitalistas y sus representantes por décadas
de crímenes cometidos en contra de los trabajadores.
[1] La
izquierda Diario, 06/12/2022
[2] Infobae
05/12/2022
No defendemos a Cristina, no es nuestra causa (6 de noviembre)
Por Juan
Giglio
Por Juan Giglio
El encarcelamiento de testaferros de Néstor y Cristina
Kirchner, durante el Macrismo, fue una “cortina de humo” montada para desviar
la atención popular, mientras profundizaban la aplicación del mismo plan de
ajuste y saqueo que antes impusieron con otro relato o verso. Además, esta
ofensiva contra la ex presidente, fue y es la punta del iceberg de una brutal
disputa entre los capitalistas, que se matan por una porción de la torta, que,
debido a la crisis, es cada vez más chica.
Los revolucionarios debemos asumir que esta realidad, que
seguirá dando lugar a durísimas peleas interburguesas, debe ser aprovechada por
el movimiento de masas para pelear contra los de arriba, que están más débiles
que antes. Por eso no reclamamos la libertad de los De Vido, Báez, Jaime, López
y compañía, ni nos lamentaremos frente a un eventual encarcelamiento de la
mismísima ex presidenta. ¡Que se maten entre ellos, esa no es nuestra causa!
Mientras tanto, seguiremos agitando la necesidad de crear
otro tipo de justicia, que vaya a fondo contra toda la corrupción capitalista,
que no perdone a ninguno de estos tránsfugas. Para eso, hacen falta tribunales
obreros y populares, que impongan castigos ejemplares a Cristina, Macri y todos
los que forman parte de sus “bandas”. ¡Que se pudran en la cárcel y sus bienes
pasen a formar parte del patrimonio público!
Estos jurados tendrán que meter mano en una de los hechos más graves de
corrupción de la historia, la creación y el posterior crecimiento de la
fenomenal deuda externa, que este gobierno incrementó a partir del escandaloso
acuerdo con el FMI. Sobre esta ya existe un valiosísimo antecedente
judicial, el fallo del Juez Jorge Ballestero, que en 2000 determinó su carácter
fraudulento, tomando como pruebas las denuncias e investigaciones realizadas
por Alejandro Olmos:
“La deuda externa de la Nación ha resultado
groseramente incrementada a partir de 1976 mediante la instrumentación de una
política económica vulgar y agraviante que puso de rodillas al país a través de
los diversos métodos utilizados, que tendían, entre otras cosas, a beneficiar y
sostener empresas y negocios privados –nacionales y extranjeros– en desmedro de
sociedades y empresas del Estado”.
Solo por esta razón -¡Existen muchas más!- todos los
funcionarios cipayos que hipotecaron y siguen hipotecando el presente y futuro
de nuestro país, entregándoselo a las grandes corporaciones financieras
internacionales, deben ser juzgados y castigados con las penas más duras. Los
próximos combates obreros tienen que incorporar, como parte de sus reclamos,
esta exigencia elemental.

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