Por Juan Giglio
El encarcelamiento de testaferros de Néstor y Cristina
Kirchner, durante el Macrismo, fue una “cortina de humo” montada para desviar
la atención popular, mientras profundizaban la aplicación del mismo plan de ajuste
y saqueo que antes impusieron con otro relato o verso. Además, esta ofensiva
contra la ex presidente, fue y es la punta del iceberg de una brutal disputa entre
los capitalistas, que se matan por una porción de la torta, que, debido a la
crisis, es cada vez más chica.
Los revolucionarios debemos asumir que esta realidad, que seguirá
dando lugar a durísimas peleas interburguesas, debe ser aprovechada por el
movimiento de masas para pelear contra los de arriba, que están más débiles que
antes. Por eso no reclamamos la libertad de los De Vido, Báez, Jaime, López y
compañía, ni nos lamentaremos frente a un eventual encarcelamiento de la
mismísima ex presidenta. ¡Que se maten entre ellos, esa no es nuestra causa!
Mientras tanto, seguiremos agitando la necesidad de crear
otro tipo de justicia, que vaya a fondo contra toda la corrupción capitalista,
que no perdone a ninguno de estos tránsfugas. Para eso, hacen falta tribunales
obreros y populares, que impongan castigos ejemplares a Cristina, Macri y todos
los que forman parte de sus “bandas”. ¡Que se pudran en la cárcel y sus bienes
pasen a formar parte del patrimonio público!
Estos jurados tendrán que meter mano en una de los hechos más graves de
corrupción de la historia, la creación y el posterior crecimiento de la fenomenal
deuda externa, que este gobierno incrementó a partir del escandaloso acuerdo
con el FMI. Sobre esta ya existe un valiosísimo antecedente judicial, el
fallo del Juez Jorge Ballestero, que en 2000 determinó su carácter fraudulento,
tomando como pruebas las denuncias e investigaciones realizadas por Alejandro
Olmos:
“La deuda externa
de la Nación ha resultado groseramente incrementada a partir de 1976 mediante
la instrumentación de una política económica vulgar y agraviante que puso de
rodillas al país a través de los diversos métodos utilizados, que tendían,
entre otras cosas, a beneficiar y sostener empresas y negocios privados
–nacionales y extranjeros– en desmedro de sociedades y empresas del Estado”.
Solo por esta razón -¡Existen muchas más!- todos los
funcionarios cipayos que hipotecaron y siguen hipotecando el presente y futuro
de nuestro país, entregándoselo a las grandes corporaciones financieras
internacionales, deben ser juzgados y castigados con las penas más duras. Los
próximos combates obreros tienen que incorporar, como parte de sus reclamos,
esta exigencia elemental.

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