Por Ernesto Buenaventura
Los procesos revolucionarios ponen a la orden del día problemas que van más allá de las necesidades tácticas de la lucha cotidiana del movimiento de masas, pero que en momentos de crisis y rebeliones se convierten en cuestiones decisivas, como, por ejemplo, la construcción de milicias obreras y populares. Es que todas las revoluciones significan un choque de las instituciones armadas de los trabajadores y el pueblo en lucha con el aparato militar estatal de la clase dominante, que no cederá el poder sin resistencia.
Para conseguir la victoria en este tipo de circunstancias, que generalmente asumen el carácter de guerras civiles, como en la Comuna de París, la revolución rusa de 1917 o la revolución española, se requieren nuevas herramientas de organización para la autodefensa proletaria. Estas deben servir para defender, con uñas y dientes, a la democracia directa que surja en los consejos obreros, asambleas populares u otros organismos "soviéticos", pero también, y principalmente, para acabar con el dominio de la burguesía, que se impone a través de sus fuerzas militares.
El Estado es el mecanismo institucional, mediante el cual la clase que se adueñó de los medios de producción, ejerce la violencia contra quienes producen sus ganancias, los trabajadores. El sometimiento de la clase obrera se sostiene con engaños, pero, principalmente, a través de la coerción y la represión directa, implementada por los destacamentos armados, estatales y paraestatales, de la burguesía. Así lo planteaba Lenin poco antes del Octubre revolucionario de 1917, cuando se refería a Los
destacamentos especiales de hombres armados, las cárceles, etc.
"En comparación con las antiguas organizaciones
gentilicias (de tribu o de clan) -- prosigue Engels --, el Estado se
caracteriza, en primer lugar, por la agrupación de sus súbditos según las
divisiones territoriales". . . A nosotros, esta agrupación nos parece
'natural', pero ella exigió una larga lucha contra la antigua organización en
'gens' o en tribus. La segunda característica es la instauración de un Poder
público, que ya no coincide directamente con la población organizada
espontáneamente como fuerza armada.
Este Poder público especial se hace necesario porque desde
la división de la sociedad en clases es ya imposible una organización armada
espontánea de la población. Este Poder público existe en todo Estado; no está
formado solamente por hombres armados, sino también por aditamentos materiales,
las cárceles y las instituciones coercitivas de todo género, que la sociedad
gentilicia no conocía. . ."
Engels desarrolla la noción de esa "fuerza" a que
se da el nombre de Estado, fuerza que brota de la sociedad, pero que se sitúa
por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella. ¿En qué consiste,
fundamentalmente, esta fuerza? En destacamentos especiales de hombres armados,
que tienen a su disposición cárceles y otros elementos. Tenemos derecho a
hablar de destacamentos especiales de hombres armados, pues el Poder público
propio de todo Estado "no coincide directamente" con la población armada,
con su "organización armada espontánea".
Como todos los grandes pensadores revolucionarios, Engels se
esfuerza en dirigir la atención de los obreros conscientes precisamente hacia
aquello que el filisteísmo dominante considera como lo menos digno de atención,
como lo más habitual, santificado por prejuicios no ya sólidos, sino podríamos
decir que petrificados El ejército permanente y la policía son los instrumentos
fundamentales de la fuerza del Poder del Estado [1].
El ejército permanente es un elemento vertebral de la
burocracia estatal, que se consolidó en la medida en que evolucionaron las sociedades con división de clases, especialmente el capitalismo, que es a dónde adquiere su mayor desarrollo
en el plano de la técnica. De esa manera se afianzan las jerarquías y la estratificación
dentro del aparato militar.
El
siglo XX dio ejemplos de procesos de revolución y contrarrevolución, en estas
últimas, el caso más claro es el de la ex URSS, en la que el crecimiento de la
burocracia estatal tuvo su apoyatura en el desarrollo de un enorme ejército (un
inmenso aparato militar), que en lugar de crear o contribuir al desarrollo de
las condiciones que permitan la extinción del Estado, fortaleció este
acompañado los intereses de la casta enquistada en el poder.
Para el marxismo, la condición necesaria para que la
humanidad llegue a un estadio superior, incluso más allá del socialismo, en donde ya no fuera necesario el Estado como tal,
es el desarrollo de las fuerzas productivas, con una abundancia tal de productos, que facilite la administración libre de los recursos. Sin embargo, esto es imposible si la
revolución social no alcanza todo el planeta, perspectiva que la burocracia
-enquistada en los Estado denominados socialistas- impidió, colaborando para
ello con el imperialismo.
Bien entendía Engels que con el surgimiento de las
sociedades estratificadas, de las clases sociales, era imposible el armamento
espontáneo de la población, justamente porque los intereses de las clases
dominantes se contraponían con la democracia directa del comunismo primitivo.
La inexistencia de seres humanos que no estén al margen de la producción, es
decir que no vivan del trabajo de otros es la condición fundamental para la
democracia real (no formal como la actual) por eso Lenin decía que la mejor
garantía de la democracia es un fusil en el hombro de cada obrero.
La concepción militar en el marxismo durante el siglo XX
Durante el siglo pasado, los procesos revolucionarios
posteriores a 1917 enfrentaron la necesidad de resolver el problema militar. Desde la fundación del
Ejército Rojo en la naciente Unión Soviética hasta la Revolución Cubana,
pasando por todo tipo de experiencias, la idea de constituir ejércitos en el
sentido clásico, como una estructura disciplinada, vertical y subordinada al
partido, fue hegemónica dentro de los movimientos revolucionarios de aquel
entonces.
Más allá de los debates en torno al militarismo o a la
tendencia a sustituir a las masas y la clase obrera por parte de las guerrillas aisladas del
movimiento de masas, no existió ninguna clase de revisión, o por lo menos una
discusión profunda dentro del marxismo revolucionario acerca de la concepción
relacionada al ejército revolucionario.
Ya sea que se hayan quedado con la experiencia rusa y los
aportes realizados por Trotsky o que asuman las concepciones desarrolladas a
partir de China y Vietnam, en ambos casos no está en cuestionamiento un aspecto
central, a nuestro entender, que son las relaciones sociales que engendra un
ejército de características regulares o "tradicional".
Este es el núcleo en el que el marxismo se basa para definir
los tipos de organización y las derivaciones políticas que conllevan. Es lo que
Marx definió en el célebre Prólogo a la Contribución a la Crítica de la
Economía Política: “El conjunto de estas
relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base
real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que
corresponden determinadas formas de conciencia social.”[2]
Las relaciones sociales establecidas en un ejército, incluso
en un ejército revolucionario, no dejan de influir/determinar la conciencia
social de quienes lo integran, ya que su propia estructura tiende a cristalizar
y reproducir las características esenciales del viejo Estado, en el que
persiste la organización política nacida con el capitalismo, que coadyuvó a la
restauración capitalista en las revoluciones obreras del siglo pasado.
Es por eso que poner en debate la cuestión de la
organización militar de la clase obrera, excede con creces el aspecto práctico
que puede tener este debate en un período de guerra civil (como fue en España o
en la Rusia posterior a Octubre) ya que implica poner sobre la mesa qué tipo de
Estado engendrarán la revoluciones venideras. En ese sentido, reivindicamos el que, de forma germinal o embrionaria, vimos
aparecer durante los primeros momentos de la Primavera Árabe, a través de las milicias ligadas a
los consejos locales sirios, que nada
tiene que ver con las formaciones "regulares" que terminaron
desarrollándose posteriormente.
Es que como en todos los movimientos sociales donde se cuestiona la democracia representativa o burguesa, existe una contradicción fenomenal entre las asambleas de base en las que se sostienen las experiencias más avanzadas de la democracia directa, con la conformación y desarrollo de ejércitos regulares (o guerrillas que reproduzcan esa estructura). En contraposición a estos, las milicias contienen una tendencia “más natural” a empalmar con la democracia directa.
Si bien en estas se comprende o asume la necesidad del mando único a la hora de las operaciones militares, se mutila la posibilidad de las masas de construir su propia historia, de decidir sin intermediarios, lo que constituye las bases del nuevo Estado. En este caso, como decía Engels ya no sería un Estado -en el estricto sentido de la palabra- sino una clase de organización que tiende a extinguirse como tal, para lo cual necesita eliminar toda la burocracia que sea posible.
Esta discusión, aunque puede parecer abstracta en términos
políticos, es de suma importancia en el contexto actual, ya que no solo debemos
hacer balances (en este aspecto, ya que en otros se hicieron) sobre las
revoluciones del siglo XX, sino que necesitamos sacar conclusiones que nos armen
para intervenir en los actuales procesos revolucionarios con las mejores
orientaciones, que ayuden en definitiva a desarrollar ese gran germen de la
revolución socialista, que es la democracia directa.
[1] https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/hoja2.htm
[2] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm

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