Por Samuel Noyola
No llego
a fin de mes, esta todo re caro, aumento todo. Esta, que es una de las tantas frases que se
escuchan en las oficinas, supermercados, lugares de trabajo, muestra la
verdadera temperatura de la calle la calle. Es la expresión más concreta del
malestar de cientos de trabajadores y trabajadoras, que día a día sobrevivimos
o hacemos malabares para poder comer en Argentina.
Es que
tanto el gobierno del Frente de Todos, como la oposición patronal -encarnada en
Juntos por el Cambio y otras variantes parecidas, como Milei- se pueden pelear
mucho para la tribuna, pero en el fondo, todos, absolutamente todos, coinciden
en cumplir los compromisos financieros con el FMI. ¡Estos significa, en los
hechos, que todos quieren imponernos un duro ajuste contra nuestros bolsillos y
condiciones laborales!
Hace
horas el INDEC –organismo que se encarga de las estadísticas- publicó los
nuevos índices, ubicando a la inflación de octubre en un 6,3%, que
proyectándola de manera anual implica un aumento de los precios y tarifas
cercano al 90%, que ya en Diciembre superaría el 100%. Sin embargo, estos
números, por altos que sean, son engañosos, porque los precios reales -los que
afectan la canasta de los laburantes- están muy por encima.
La realidad, la de la calle, los supermercados y la verdulería, contrasta con la votación del presupuesto -que es lo que gastaría el estado en 2023- que estableció que la suba de la inflación durante ese año sería del 95%. ¡Mienten, porque quieren hacernos pasar el ajuste a través del impuesto inflacionario y otras políticas antiobreras y antipopulares!
Mienten desde el gobierno, que viene de
lanzar un supuesto congelamiento de precios, pero después de que los
empresarios los remarcaran, ubicándolos bien por encima de la inflación. Esto
ha sido un golpe durísimo al poder adquisitivo de los trabajadores y sus
familias, que ya estamos haciendo números, a ver cómo logramos garantizar, más
o menos dignamente, las fiestas de fin de año.
Por
estas razones, no es ninguna casualidad que el consumo masivo haya retrocedido
un 4,3 % en los grandes comercios -en el mes de octubre- y se haya derrumbado
un 11,1 % en los pequeños supermercados de hasta 500 metros cuadrados. En ese
contexto, el gran problema es que los aumentos paritarios nunca, incluso los
más “altos”, llegan a superar la galopante inflación. ¡La bronca, que crece y
crece, debe ser transformada en organización y lucha, no nos queda otra!
En las
escuelas, hospitales, oficinas, fábricas y barrios populares tenemos que
organizar asambleas que voten como sus referentes a los mejores compañeros.
Cientos de asambleas para resolver medidas de lucha, como paros parciales,
huelgas generales –regionales y nacionales- piquetes y movilizaciones, para
exigir aumentos que superen en serio a la inflación, que no quede ningún sueldo
por debajo de la canasta familiar y cláusula gatillo, para que se reajusten
mensualmente de acuerdo al índice inflacionario.
Junto
con estas demandas, debemos pelear por más presupuesto para salud, educación y
vivienda, porque mientras los de arriba continúan pagándole la deuda al FMI y
los grandes banqueros, las escuelas y hospitales se caen a pedazos y millones
carecen de vivienda, o, si la tienen, no está en condiciones de ser habitada.
Hay que tomar el ejemplo de los trabajadores del SUTNA -neumático- los médicos concurrentes y residentes de CABA y la docencia de la provincia de Buenos Aires, que salieron a pelear decidiendo todo mediante asambleas, que votaron todo tipo de acciones. ¡Fuerzas para enfrentar al gobierno y las patronales sobran, lo que falta es una conducción combativa dispuesta a unificar las luchas, ya que los dirigentes traidores de la CGT y CTA hacen de capataces del ajuste y la precarización laboral.
La única
salida a la crisis vendrá de nosotros, los trabajadores y las trabajadoras. Por
eso, en las asambleas de base debemos votar un Plan Obrero alternativo, que
enfrente el de los patrones y el FMI, un plan que se proponga dejar de pagar la
deuda y recuperar las empresas y recursos, para que, controlados por los
laburantes, se pongan a funcionar al servicio del pueblo.
No vamos a poder derrotar la política del gobierno sino coordinamos las luchas, unificándolas a través de un gran centro coordinador, que vote estas demandas. La izquierda revolucionaria, que es la única interesada en concretar esta estratégica tarea y avanzar hacia la construcción de un gobierno obrero, debe ponerse al frente de este gran combate por nuestra dignidad.

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