Por Damián Quevedo
Hace algunos meses decíamos que este es un gobierno que se derrumba lentamente, caracterización que la realidad continuó corroborando. Desde la salida de Guzmán la sangría de funcionarios no se detuvo, casi nada queda del gabinete con el que asumió Alberto Fernández y el inicio de la carrera electoral, ya que la crisis acelera la huida de funcionarios.
El siguiente en esa larga lista es el
jefe de gabinete, Juan Manzur, que como otros punteros provinciales o
municipales pretende garantizar la victoria en su territorio, asumiendo que el
peronismo perderá, quizá por paliza, las elecciones nacionales.
Con la firme idea de “defender el territorio” en las elecciones de 2023 con él como protagonista, Manzur reconoció el domingo que “en algún momento” dejará la jefatura, un plazo que cerca suyo dan por hecho a LA NACION para “a principios de 2023, en enero o febrero próximos”, meses antes de la campaña por la gobernación de Tucumán, prevista para el 14 de mayo[1].
Manzur llega como parte de los caudillos provinciales que salieron menos golpeados por la derrota de las elecciones intermedias, tanto él como otros funcionarios que tienen alguna posibilidad de mantener intendencias o gobernaciones, optarán por esa salida elegante. Esto significa, que, a partir de marzo, Alberto se quedará más solo que nunca.
Hasta ahora, solo parecen estar seguros en sus puestos el presidente y la vicepresidenta, aunque no sería descabellado que ésta renunciara para distanciarse del ajuste. La jefa de la banda ya se mueve como opositora a su propio gobierno, lo único que la frena para irse es la necesidad de los fueros por los procesos judiciales.
En estas condiciones le será muy difícil al gobierno avanzar con la implementación del ajuste que reclaman los grandes capitalistas. En los últimos meses, todos los puntos acordados con el FMI cayeron en saco roto, el gobierno nacional no está en condiciones de seguir un itinerario, aunque quiera. La realidad no se lo permite, por esa razón desde el kirchnerismo hasta Cambiemos señalan que hay que renegociar el acuerdo con el Fondo.
Lo central en este aspecto, no es si el
gobierno puede cumplir con un programa concreto, como lo hizo Menem con las
privatizaciones o el primer kirchnerismo con la precarización laboral, sino de
la probada voluntad política del Frente de Todos de avanzar con el ajuste. La
izquierda, si comparte esta caracterización debería ponerse a la cabeza, no
solo de la lucha contra el ajuste, sino también de la lucha contra este
gobierno en su totalidad, porque para derrotar el ataque a los trabajadores hay
que terminar con los ajustadores.
[1] La Nación 18/10/2022

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