viernes, 9 de septiembre de 2022

Construyamos la dirección obrera, democrática, clasista y combativa que se juegue a liderar la resistencia


Por Claudio Colombo

El gobierno impulsa una cruzada “contra el odio”, con el propósito claro de frenar, o, en el peor de los casos aminorar, la condena judicial contra la jefa de la banda, Cristina Fernández. También lo hace para montar una cortina de humo que distraiga la atención del movimiento de masas, mientras aplica el ajuste que Massa acaba de ratificar frente a sus verdaderos jefes, los funcionarios imperialistas de New York.

Sin embargo, esta maniobra -salvo en buena parte de la izquierda y ciertos sectores de la pequeña burguesía progre- no sirvió de mucho. La clase trabajadora, de conjunto se dio cuenta de las intenciones gubernamentales y profundizó su bronca contra los kirchneristas, sentimiento que se viene acumulando y, que, cuando explote, dará lugar a combates obreros y populares realmente feroces.

A pesar de su debilidad política, desde el gobierno seguirán insistiendo con medidas que atenten contra las libertades democráticas, porque las necesitan para enfrentar las luchas que se vienen contra el plan de ajuste. Por eso, no los “fascistas”, que en este país prácticamente no existen, quienes se aprestan para reprimir con firmeza a los y las de abajo, sino los integrantes del tradicional “partido del orden”, que es el PJ, hoy Frente de Todos.

Para eso, no solo cuentan con burócratas sindicales dispuestos a contener, desviar y traicionar cuanto conflicto explote entre sus bases, sino también con las patotas, organizadas desde los sindicatos y las barras bravas futboleras. Esto no quiere decir que toda la burocracia sindical se alineará de manera vertical con los dictados del gobierno, ya que algunos sectores, presionados por la crisis económica de sus respectivos rubros, pueden llegar a alentar huelgas y movilizaciones, aunque sea esporádicamente.

Aunque la orientación central que deben impulsar los luchadores y las luchadoras consecuentes es la autoconvocatoria, a través de asambleas de base y la coordinación independiente entre distintos sectores en lucha, no hay que descartar la posibilidad de practicar, en determinadas circunstancias, la unidad de acción con las conducciones burocráticas que, por determinadas razones, rompan el corral.

Para definir con claridad estas cuestiones tácticas hay que poner en pie una nueva dirección obrera, democrática, clasista y combativa, que tenga claro que la principal tarea es poner en pie un Centro Coordinador de la Resistencia, que cumpla el papel que no cumplirán las centrales sindicales. Una dirección realmente independiente del gobierno, que se valga de los métodos tradicionales de la clase trabajadora, las asambleas, las huelgas, las huelgas con ocupación, los piquetes de autodefensa, etc.

Lamentablemente, los partidos mayoritarios de la izquierda no militan en función de esta estrategia, sino que hacen todo lo posible para “no sacar los pies del plato”. Están cada vez más integrados al régimen, por eso, el objetivo principal de sus direcciones no pasa por motorizar la rebelión social, sino intervenir en las elecciones de la democracia burguesa, un régimen que se cae a pedazos y al que hay que combatir con todas las herramientas habidas y por haber.

Desde Convergencia Socialista nos jugamos a empalmar con las fracciones o tendencias que resistan a esta dinámica de adaptación a la institucionalidad “democrática” de la burguesía, para construir en unidad el Estado Mayor de la Revolución Socialista, el partido nacional e internacional que reclaman las actuales circunstancias. Convocamos a los luchadores y luchadoras de la clase trabajadora y el pueblo pobre a incorporarse a nuestra organización para impulsar esta perspectiva.

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