Por Damián Quevedo
Hay en el
gobierno cierto jolgorio a raíz de los préstamos obtenidos en la gira por EEUU. "Misión
cumplida”, dijo el martes por la tarde de Washington Mauricio Claver Carone
mirando sonriente a Sergio Massa, dando por cerrado el tiempo de
distanciamiento con la Argentina. Y abriendo un inédito capítulo en la historia
el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). No solo durante su conducción
iniciada en octubre de 2020, sino desde la propia creación de la entidad
financiera internacional en 1959. Por primera vez, el banco otorgará una línea
de préstamos de “Libre disponibilidad”[1].
Este préstamo extraordinario, cabe destacar que últimamente todos los son, servirá de poco, igual que el “dólar soja”, que también le dio también cierto respiro al gobierno. Por un lado, el contexto general no ayuda, y, por el otro, porque la concesión a los sojeros se podría transformar en una ficha de dominó, que empuje al resto de las cámaras empresariales a pedir cosas parecidas, lo cual conduciría -en los hechos- a la devaluación brusca que reclama el capital.
La UIA fue una de las cámaras que reclamó un trato similar al que Massa tuvo con las patronales agrarias. Es que esta fracción se ve perjudicada por las dificultades su acceso a los dólares y los límites en las importaciones, límites puestos por el gobierno en su afán de frenar la sangría de verdes del BCRA y obtener los suficientes de las exportaciones de materias primas. ¡Todo esto, con un solo objetivo, que es el de pagar deudas!
Esta liberación parcial del dólar presiona, entonces y a mediano plazo, para que se avance hacia una mayor devaluación, lo que no solo empuja la inflación y con ello la presión social, sino que también incrementa la parte de la deuda que el Estado nacional toma en pesos, a través de la eterna y permanente emisión de bonos de todos los colores, atados al crecimiento del dólar.
El Gobierno se financia con bonos en pesos atados
a CER y dollar linked, cuyo stock creció con fuerza en la gestión de Martín
Guzmán y alcanzó los USD 100.000 millones. La escalada inflacionaria obliga a
pagar intereses cada vez más altos. Si se considera la proyección del REM del
BCRA para el tipo de cambio oficial, con un incremento de 77,8% interanual, a
$233,40 para julio de 2023, este incremento del stock de deuda CER
representaría pagos por intereses equivalentes a unos USD 36.800 millones en un
año.
Esto es una bomba de tiempo, que amenaza con estallar justo en el año de las elecciones presidenciales y con un gobierno, que haga lo que haga, continuará desgastándose. ¡Los nacionales y populares, con Cristina a la cabeza, no tiene ningún margen como para hacer demagogia, porque carecen de fondos para otorgar concesiones al movimiento de masas, por eso, lo que continuarán haciendo es vender humo!
Como con el humo
que vende esta gente, no se vive, los trabajadores y el pueblo pobre, más
temprano que tarde, volverán a protagonizar grandes luchas, probablemente
rebeliones superadoras de lo que aconteció durante el Argentinazo. La izquierda
debe prepararse para liderar esos procesos, para lo cual debe unirse y tener,
sí o sí, absoluta independencia política de los partidos patronales.

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