Por Comité Ejecutivo de Convergencia Socialista
La izquierda que se movilizará
el próximo 9 de Julio a Plaza de Mayo, debería presentarse como la única
alternativa capaz de sacar al país de la crisis política, social y económica creada y exacerbada por todos los representantes del capitalismo autóctono. Las organizaciones que marchen ese día tienen que ponerse de acuerdo en que, frente al fracaso de la burguesía "nacional", solo un política obrera, socialista y revolucionaria puede
resolver las demandas insatisfechas de la mayoría.
El documento que se leerá en el acto del 9 de julio, tendría que presentarse como el borrador de un Plan Alternativo de gobierno, ya
que, en los hechos, todos estos días se ha discutido -y continúa-
quiénes y en base a qué planes deben hacerse cargo del poder. La izquierda debe
ubicarse en el centro de los acontecimientos políticos, como una fuerza dispuesta a pelear por el gobierno, agitando una
serie de consignas alrededor de las cuales se estructure el Plan Obrero y
Socialista.
Para eso, desde nuestra organización les hemos girado un texto
a los partidos que marcharán a Plaza de Mayo, a través del cual proponemos que
el discurso o proclama de la movilización esté encabezado por planteos
similares a los siguientes:
La izquierda propone convertir el país en una gran Asamblea
Obrera y Popular, donde la clase trabajadora y el pueblo resuelvan -democráticamente-
qué modelo de país hace falta para acabar con la crisis producida por los
capitalistas. Los revolucionarios y las revolucionarias propondrán allí la puesta
en marcha de una Argentina Socialista, gobernada por los Trabajadores y el
Pueblo, apoyados en órganos democráticos de decisión.
El gobierno obrero y popular dejará de pagar la deuda externa,
anulará todos los pactos coloniales y utilizará esos fondos para financiar la
implementación de un Plan de Obra Públicas, que, además de brindarles trabajo a
millones de desocupados y desocupadas, garantizará la construcción de viviendas
populares, transportes eficientes, escuelas, hospitales y todo lo que sea necesario
para elevar la calidad de vida del conjunto.
Con la obtención de esos fabulosos recursos, el gobierno de
los trabajadores y el pueblo elevará cualitativamente los salarios y, en ese
marco, reducirá la jornada laboral, llevándola a 6 horas, de manera de
disminuir la explotación laboral y repartir el tiempo restante entre millones
de compañeros y compañeras que no cuentan con trabajo propio. Las empresas que
se nieguen a cumplir con estas medidas serán expropiadas, igual que todas aquellas
que fueron privatizadas por los distintos gobiernos capitalistas.

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