lunes, 6 de junio de 2022

4J, otro aniversario de la masacre de Tiananmen

Por Ernesto Buenaventura

La masacre de la plaza de Tiananmen, perpetrada por la dictadura china el 4 de junio de 1989, fue caracterizada por los líderes del Partido Comunista, como un "incidente”. Los burócratas trataron de minimizar las multitudinarias movilizaciones protagonizadas por un sector significativo de la clase trabajadora y el estudiantado, desde el 15 de abril de ese año.

Tan importantes fueron estas acciones, que pusieron al régimen contra las cuerdas: Durante un tiempo, el gobierno del país más poblado de la tierra, perdió el poder para gobernar y controlar la nación. Cuando esto sucede, el gobierno de hecho es derrocado hasta que demuestra que puede asumir nuevamente el control de la situación. Pero el hecho de que hubo un momento -en mayo de 1989- en que el gobierno de China fue derrocado en su real carácter de autoridad, pasará a formar parte de la historia. (The New York Times) 

La muerte del Hu Yaobang, secretario general del Partido Comunista -destituido en 1987 por su tolerancia frente a las manifestaciones estudiantiles- provocó una insurrección, que comenzó el 14 de abril y se extendió seis semanas, con gigantescas movilizaciones estudiantiles y de trabajadores, que tomaron el control de Pekín y otras ciudades.

El 17 de abril, una primera manifestación juntó 700 personas, y el 18, a más de 1500 estudiantes que reclamaban la rehabilitación de Hu. La víspera de su entierro, el 21 de abril, 20 universidades entraron en huelga y al día siguiente 200.000 marcharon a la plaza Tiananmen. El movimiento estudiantil se organizó a través de un sindicato autónomo, con delegados elegidos por la base en todas las universidades.   

El New York Times decía al respecto, que: “Sin dinero, teléfonos, fotocopiadoras, en menos de dos semanas el movimiento estudiantil ha conseguido establecer una red de universidades en Pekín y la cercana ciudad de Tianjin y está tratando de establecer vínculos con otras universidades”. 

“En la universidad de Pekín, el comité de organización contaba con 63 miembros, y más de la mitad de los departamentos de la universidad eligieron representantes para él…”, según la misma fuente periodística. El 3 de mayo, se reunió en la capital de China un cuerpo de delegados con 47 representantes de 40 casas universidades de todo el país, y el 13 de mayo se inició la huelga de hambre en la plaza Tiananmen con más de 3000 activistas.   

Según el testimonio de Wang Dang, el dirigente estudiantil más conocido, “cuando los estudiantes salieron a la huelga de hambre, cualquier decisión política debía ser votada unánimemente por todos los huelguistas, cuyo número creció de mil a tres mil”. Se organizaron carpas, puestos de atención sanitaria y se tomó el control del sistema de altoparlantes utilizado por la burocracia gobernante para dirigirse a las masas en los actos oficiales.   

Los trabajadores empezaron a vincularse a partir del 20 de abril, cuando publicó el manifiesto de la Asociación Autónoma de obreros de la ciudad de Pekín y de varias organizaciones similares, que estaban surgiendo en otras ciudades. Para mediados de mayo, la participación de los trabajadores ya era un hecho.  

El 16 de ese mismo mes, The New York Times escribía: “Uno después de otro, grupos de maestros, profesores, trabajadores de museos, obreros industriales, escritores, intelectuales, empresarios, empleados estatales de bajo nivel e incluso periodistas del Diario del Pueblo oficial, desfilaron entrando a la plaza Tiananmen detrás de banderas que los identificaban”, marcando la primera oportunidad en que los intelectuales y los trabajadores se dieron su propia organización para apoyar a los estudiantes”.  

“El 17 de mayo, con ocasión de la visita de Mijail Gorbachov, el dirigente burocrático de la Unión Soviética que encabeza un plan de apertura controlada en su país llamado “glasnost”, se producen las más grandes movilizaciones. Esos días más de un millón de personas marchan por el centro de Pekín.

La participación obrera es categórica: “las columnas obreras incluían no solo mecánicos de automóviles y empleados de ferrocarril, sino también miembros de algunas de las instituciones estratégicas y más respetadas de China: grupos organizados del Ejército de Liberación Popular (ELP), del Ministerio de Relaciones Exteriores, la Radio Central, el Diario del Pueblo y de la Escuela de Cuadros del PC”, continuaba describiendo el diario norteamericano.  

 “El trabajo en muchas fábricas y oficinas pareció paralizarse por completo (18 de mayo), ya que los trabajadores dedicaron todas sus energías a escribir carteles imaginativos y a marchar por las calles adyacentes a la plaza Tiananmen”. El movimiento fue agarrando fuerza y la burocracia se fue dividiendo cada vez más, entre el ala de Zhao Ziyang y el ala de Deng Ziao Ping. Pero ahora los estudiantes no solo exigían la rehabilitación de Hu, sino la remoción de Deng Ziao Ping.  

Frenando la represión  

Este gran movimiento logró dividir y dominar durante semanas a las fuerzas represivas. Ante los distintos intentos del régimen de reprimir, “por lo menos en tres ocasiones, miles de trabajadores rodearon a cientos de soldados y les impidieron acercarse a los manifestantes estudiantiles. Los trabajadores en algunos casos empujaron a un costado los bloqueos policiales, aún antes de que los estudiantes se acercaran”.  

En la plaza, aparecían grandes carteles de policías y soldados apoyando a los estudiantes. Cuando el 19 de mayo el gobierno decretó la ley marcial, las tropas del 38 Ejército, estacionadas a 150 Km. de Pekín, se negaron a reprimir. Mientras tanto, más de 100 altos oficiales publicaban cartas, mediante las cuales anunciaban su oposición a la ley marcial y al intento de usar al Ejército de Liberación Nacional contra el pueblo.

Cuando la represión se acercaba, barricadas humanas, ayudadas por ómnibus y materiales sacados de obras en construcción detenían las columnas del ELP y gritaban a los soldados para que no reprimieran, situación que fue demorada, por la crisis en el ejército y el PC, hasta el 4 de junio, cuando los tanques atacaron a la multitud.  

Pero, como escribió la revista The Economist, durante ese período: “No importa cómo se resuelva, el drama que se ha desarrollado en la plaza Tiananmen en Pekín en las últimas semanas ya significa una revolución. Estudiantes en harapos, maestros empobrecidos por la inflación, obreros descontentos: todos se han unido en sus millones para poner de rodillas a la autoridad del estado y del Partido Comunista.  

En ese contexto, las siete reivindicaciones del sindicato estudiantil autónomo fueron las siguientes: 1. Revaluar la acción de Hu Yaobang. 2. Castigar a los represores que atacaron a los estudiantes. 3. Garantizar la libertad de prensa. 4. Que los dirigentes del estado rindan cuenta al pueblo de sus ingresos y patrimonios. 5. Que los dirigentes del estado se autocritiquen de su política educativa y aumenten el presupuesto de educación. 6. Rehabilitación total de los ciudadanos que han sufrido injusticias. 7. Que se rinda cuentas de forma imparcial de este movimiento democrático y patriótico.  

En algunas de sus publicaciones, los estudiantes decían, según lo reflejó Correo Internacional -revista del viejo MAS, del mes de julio de 1989: (20 de abril) “Hoy el pueblo de todo el país ha llegado a soportar lo insoportable. La larga dictadura de la burocracia despótica ha provocado una subida de los precios, el nivel de vida del pueblo no cesa de caer, para preservar el tren de vida de su pequeño grupo, los dictadores imprimen masivamente todo tipo de bonos. Llamamos a la población de todas las clases sociales… a unirse para luchar por la verdad y el porvenir del pueblo…

Hermanos soldados y policías, estén junto al pueblo, junto a la verdad, no asuman el papel de instrumentos de los enemigos…. Exigimos de inmediato aumento de salarios, estabilidad de precios, publicidad de los ingresos y pagos de los funcionarios del estado, incluidos sus mujeres e hijos. Nosotros la clase obrera de toda la ciudad y el pueblo de todas las clases, sostenemos la justicia de la lucha de los estudiantes de todo el país.”  

(5 de mayo) “La República Popular China está bajo la dirección de la clase obrera; tenemos el derecho a expulsar a todos los tiranos. En la producción, los obreros han comprendido perfectamente la importancia del conocimiento y de las técnicas. Es por eso que rechazamos absolutamente que los estudiantes y el pueblo educado sean ultrajados...

Destruir la tiranía y la dictadura y promover la democratización del estado son un deber al que no podemos sustraernos. Nuestra fuerza surge de nuestra unidad, nuestro éxito de nuestra inquebrantable convicción. En el movimiento democrático, solo tenemos las cadenas que perder y todo un mundo por ganar” 

De la revolución de 1949 a Tiananmen  

Reproducimos un texto escrito para Correo Internacional, por Carmen Carrasco: En 1949 triunfó la revolución china, encabezada por el Partido Comunista de Mao Tse Tung. Esta fue la mayor revolución agraria y de liberación nacional, basada en la guerra de guerrillas, que expulsó a los japoneses y que otorgó la tierra a todos los campesinos, sacando a China de siglos de miseria.

La conducción de esa revolución fue el Partido Comunista Chino, encabezado por Mao, que conquistó un gran prestigio mundial. Pero Mao era una conducción burocrática. Nunca hubo una democracia obrera en la que los trabajadores decidieran las medidas económicas y políticas.  

En los años sesenta, China rompió relaciones con la Unión Soviética y provocó el primer cisma del movimiento comunista internacional, y durante muchos años, sobre todo en el Tercer Mundo, millones de trabajadores y estudiantes se hicieron maoístas, pues lo veían como un movimiento más progresivo que el estalinismo de la Unión Soviética.

La burocracia china nunca tuvo la solidez de la burocracia rusa, que asesinó y reprimió a millones de activistas y dirigentes de la revolución de 1917. Por eso, al poco tiempo de la revolución, empezaron a abrirse las grietas y las luchas fraccionales entre la burocracia. Durante los años sesenta, China vivió la revolución cultural, un gran movimiento nacional contra la burocracia, que fue canalizado por el propio Mao para enfrentar a la camarilla rival.  

Cuando Mao muere en 1976, Deng Xiao Ping tomó el poder y lanzó el movimiento hacia el capitalismo. Desde entonces se iniciaron grandes reformas económicas para reingresar las medidas capitalistas y la creación de las Zonas Económicas Especiales, en la costa, donde se erigieron grandes ciudades que explotaban la mano de obra barata venida del campo. Estas reformas llevaron a una inflación del 30%, caída de los salarios y comienzos de desempleo.

En el campo empezó a haber importantes protestas campesinas, en las ciudades empezaron las huelgas. En 1986, Hu Yaobang, secretario general del PC, alentó las grandes movilizaciones estudiantiles con eje en la ciudad de Shanghai, razón por la cual fue destituido. Las protestas condujeron a una creciente división de la burocracia, entre el ala dura de Deng y otro sector encabezado por Zhao Ziyang. En este marco, estalló la primavera china.  

Retomando el camino de Tiananmen   

La derrota de Tiananmen le permitió a la dictadura china impulsar un espectacular desarrollo de las fábricas capitalistas, aprovechando la súper explotación del campesinado que iba a trabajar a esos centros industriales. Esta realidad le dio sobrevida al sistema capitalista mundial, que aprovechó esa situación para ubicar una enorme cantidad de sus fábricas en territorio chino.

La burocracia también aprovechó esta dinámica, fortaleciéndose como la casta que permitió el desarrollo de una burguesía propia, muy ligada al aparato estatal, que terminó siendo la base sobre la cual se asienta el imperialismo chino, que exporta capitales y oprime a distintas nacionalidades.

Sin embargo, ese colosal desarrollo engendró una cada vez más poderosa clase obrera, que está dando sus primeros pasos en cuanto a la organización de grandes huelgas y conflictos. La última huelga general en la India, con más de 200 millones de trabajadores y trabajadoras parando la producción, el transporte, la educación y otros sectores, es una muestra de la tendencia general de la lucha de clases, que se dirige hacia Oriente.

El mejor homenaje a los/as mártires de Tiananmen, es ayudar a construir en China una conducción socialista consecuente, para que el nuevo estallido tumbe definitivamente a la burocracia y de lugar a un gobierno de los trabajadores, los campesinos y el pueblo pobre, que inicie el verdadero camino hacia el Socialismo.

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