Por Ernesto Buenaventura
La masacre de
la plaza de Tiananmen, perpetrada por la dictadura china el 4 de junio de 1989,
fue caracterizada por los líderes del Partido Comunista, como un "incidente”.
Los burócratas trataron de minimizar las multitudinarias movilizaciones
protagonizadas por un sector significativo de la clase trabajadora y el
estudiantado, desde el 15 de abril de ese año.
Tan importantes
fueron estas acciones, que pusieron al régimen contra las cuerdas: Durante
un tiempo, el gobierno del país más poblado de la tierra, perdió el poder para
gobernar y controlar la nación. Cuando esto sucede, el gobierno de hecho es
derrocado hasta que demuestra que puede asumir nuevamente el control de la
situación. Pero el hecho de que hubo un momento -en mayo de 1989- en que el
gobierno de China fue derrocado en su real carácter de autoridad, pasará a
formar parte de la historia. (The New York Times)
La muerte del
Hu Yaobang, secretario general del Partido Comunista -destituido en 1987 por su
tolerancia frente a las manifestaciones estudiantiles- provocó una
insurrección, que comenzó el 14 de abril y se extendió seis semanas, con
gigantescas movilizaciones estudiantiles y de trabajadores, que tomaron el
control de Pekín y otras ciudades.
El 17 de
abril, una primera manifestación juntó 700 personas, y el 18, a más de 1500
estudiantes que reclamaban la rehabilitación de Hu. La víspera de su entierro,
el 21 de abril, 20 universidades entraron en huelga y al día siguiente 200.000 marcharon
a la plaza Tiananmen. El movimiento estudiantil se organizó a través de un
sindicato autónomo, con delegados elegidos por la base en todas las
universidades.
El New York
Times decía al respecto, que: “Sin dinero, teléfonos, fotocopiadoras,
en menos de dos semanas el movimiento estudiantil ha conseguido establecer una
red de universidades en Pekín y la cercana ciudad de Tianjin y está tratando de
establecer vínculos con otras universidades”.
“En la
universidad de Pekín, el comité de organización contaba con 63 miembros, y más
de la mitad de los departamentos de la universidad eligieron representantes
para él…”, según la
misma fuente periodística. El 3 de mayo, se reunió en la capital de China un
cuerpo de delegados con 47 representantes de 40 casas universidades de todo el
país, y el 13 de mayo se inició la huelga de hambre en la plaza Tiananmen con
más de 3000 activistas.
Según el
testimonio de Wang Dang, el dirigente estudiantil más conocido, “cuando
los estudiantes salieron a la huelga de hambre, cualquier decisión política
debía ser votada unánimemente por todos los huelguistas, cuyo número creció de
mil a tres mil”. Se organizaron carpas, puestos de atención sanitaria
y se tomó el control del sistema de altoparlantes utilizado por la burocracia
gobernante para dirigirse a las masas en los actos oficiales.
Los
trabajadores empezaron a vincularse a partir del 20 de abril, cuando publicó el
manifiesto de la Asociación Autónoma de obreros de la ciudad de Pekín y de varias
organizaciones similares, que estaban surgiendo en otras ciudades. Para
mediados de mayo, la participación de los trabajadores ya era un
hecho.
El 16 de ese
mismo mes, The New York Times escribía: “Uno después de otro, grupos de
maestros, profesores, trabajadores de museos, obreros industriales, escritores,
intelectuales, empresarios, empleados estatales de bajo nivel e incluso
periodistas del Diario del Pueblo oficial, desfilaron entrando a la plaza
Tiananmen detrás de banderas que los identificaban”, marcando la primera oportunidad
en que los intelectuales y los trabajadores se dieron su propia organización
para apoyar a los estudiantes”.
“El 17 de
mayo, con ocasión de la visita de Mijail Gorbachov, el dirigente burocrático de
la Unión Soviética que encabeza un plan de apertura controlada en su país
llamado “glasnost”, se
producen las más grandes movilizaciones. Esos días más de un millón de personas
marchan por el centro de Pekín.
La
participación obrera es categórica: “las columnas obreras incluían no
solo mecánicos de automóviles y empleados de ferrocarril, sino también miembros
de algunas de las instituciones estratégicas y más respetadas de China: grupos
organizados del Ejército de Liberación Popular (ELP), del Ministerio de
Relaciones Exteriores, la Radio Central, el Diario del Pueblo y de la Escuela
de Cuadros del PC”, continuaba describiendo el diario
norteamericano.
“El trabajo en muchas fábricas y oficinas
pareció paralizarse por completo (18 de mayo), ya que los trabajadores
dedicaron todas sus energías a escribir carteles imaginativos y a marchar por
las calles adyacentes a la plaza Tiananmen”. El movimiento fue agarrando fuerza y
la burocracia se fue dividiendo cada vez más, entre el ala de Zhao Ziyang y el
ala de Deng Ziao Ping. Pero ahora los estudiantes no solo exigían la
rehabilitación de Hu, sino la remoción de Deng Ziao Ping.
Frenando
la represión
Este gran
movimiento logró dividir y dominar durante semanas a las fuerzas represivas.
Ante los distintos intentos del régimen de reprimir, “por lo menos en
tres ocasiones, miles de trabajadores rodearon a cientos de soldados y les
impidieron acercarse a los manifestantes estudiantiles. Los trabajadores en
algunos casos empujaron a un costado los bloqueos policiales, aún antes de que
los estudiantes se acercaran”.
En la plaza, aparecían
grandes carteles de policías y soldados apoyando a los estudiantes. Cuando el
19 de mayo el gobierno decretó la ley marcial, las tropas del 38 Ejército,
estacionadas a 150 Km. de Pekín, se negaron a reprimir. Mientras tanto, más de 100
altos oficiales publicaban cartas, mediante las cuales anunciaban su oposición
a la ley marcial y al intento de usar al Ejército de Liberación Nacional contra
el pueblo.
Cuando la
represión se acercaba, barricadas humanas, ayudadas por ómnibus y materiales
sacados de obras en construcción detenían las columnas del ELP y gritaban a los
soldados para que no reprimieran, situación que fue demorada, por la crisis en
el ejército y el PC, hasta el 4 de junio, cuando los tanques atacaron a la
multitud.
Pero, como
escribió la revista The Economist, durante ese período: “No
importa cómo se resuelva, el drama que se ha desarrollado en la plaza Tiananmen
en Pekín en las últimas semanas ya significa una revolución. Estudiantes en
harapos, maestros empobrecidos por la inflación, obreros descontentos: todos se
han unido en sus millones para poner de rodillas a la autoridad del estado y
del Partido Comunista.
En ese
contexto, las siete reivindicaciones del sindicato estudiantil autónomo fueron
las siguientes: 1. Revaluar la acción de Hu Yaobang. 2. Castigar a los
represores que atacaron a los estudiantes. 3. Garantizar la libertad de prensa.
4. Que los dirigentes del estado rindan cuenta al pueblo de sus ingresos y
patrimonios. 5. Que los dirigentes del estado se autocritiquen de su política
educativa y aumenten el presupuesto de educación. 6. Rehabilitación total de
los ciudadanos que han sufrido injusticias. 7. Que se rinda cuentas de forma
imparcial de este movimiento democrático y patriótico.
En algunas de
sus publicaciones, los estudiantes decían, según lo reflejó Correo
Internacional -revista del viejo MAS, del mes de julio de 1989: (20 de abril) “Hoy
el pueblo de todo el país ha llegado a soportar lo insoportable. La larga
dictadura de la burocracia despótica ha provocado una subida de los precios, el
nivel de vida del pueblo no cesa de caer, para preservar el tren de vida de su
pequeño grupo, los dictadores imprimen masivamente todo tipo de bonos. Llamamos
a la población de todas las clases sociales… a unirse para luchar por la verdad
y el porvenir del pueblo…
Hermanos
soldados y policías, estén junto al pueblo, junto a la verdad, no asuman el
papel de instrumentos de los enemigos…. Exigimos de inmediato aumento de
salarios, estabilidad de precios, publicidad de los ingresos y pagos de los
funcionarios del estado, incluidos sus mujeres e hijos. Nosotros la clase
obrera de toda la ciudad y el pueblo de todas las clases, sostenemos la
justicia de la lucha de los estudiantes de todo el país.”
(5 de mayo) “La
República Popular China está bajo la dirección de la clase obrera; tenemos el
derecho a expulsar a todos los tiranos. En la producción, los obreros han
comprendido perfectamente la importancia del conocimiento y de las técnicas. Es
por eso que rechazamos absolutamente que los estudiantes y el pueblo educado
sean ultrajados...
Destruir
la tiranía y la dictadura y promover la democratización del estado son un deber
al que no podemos sustraernos. Nuestra fuerza surge de nuestra unidad, nuestro
éxito de nuestra inquebrantable convicción. En el movimiento democrático, solo
tenemos las cadenas que perder y todo un mundo por ganar”
De la
revolución de 1949 a Tiananmen
Reproducimos un
texto escrito para Correo Internacional, por Carmen Carrasco: En 1949
triunfó la revolución china, encabezada por el Partido Comunista de Mao Tse
Tung. Esta fue la mayor revolución agraria y de liberación nacional, basada en
la guerra de guerrillas, que expulsó a los japoneses y que otorgó la tierra a
todos los campesinos, sacando a China de siglos de miseria.
La
conducción de esa revolución fue el Partido Comunista Chino, encabezado por
Mao, que conquistó un gran prestigio mundial. Pero Mao era una conducción
burocrática. Nunca hubo una democracia obrera en la que los trabajadores
decidieran las medidas económicas y políticas.
En los
años sesenta, China rompió relaciones con la Unión Soviética y provocó el
primer cisma del movimiento comunista internacional, y durante muchos años,
sobre todo en el Tercer Mundo, millones de trabajadores y estudiantes se
hicieron maoístas, pues lo veían como un movimiento más progresivo que el
estalinismo de la Unión Soviética.
La burocracia
china nunca tuvo la solidez de la burocracia rusa, que asesinó y reprimió a
millones de activistas y dirigentes de la revolución de 1917. Por eso, al poco
tiempo de la revolución, empezaron a abrirse las grietas y las luchas
fraccionales entre la burocracia. Durante los años sesenta, China vivió la
revolución cultural, un gran movimiento nacional contra la burocracia, que fue
canalizado por el propio Mao para enfrentar a la camarilla rival.
Cuando Mao
muere en 1976, Deng Xiao Ping tomó el poder y lanzó el movimiento hacia el
capitalismo. Desde entonces se iniciaron grandes reformas económicas para
reingresar las medidas capitalistas y la creación de las Zonas Económicas
Especiales, en la costa, donde se erigieron grandes ciudades que explotaban la
mano de obra barata venida del campo. Estas reformas llevaron a una inflación
del 30%, caída de los salarios y comienzos de desempleo.
En el
campo empezó a haber importantes protestas campesinas, en las ciudades
empezaron las huelgas. En 1986, Hu Yaobang, secretario general del PC, alentó
las grandes movilizaciones estudiantiles con eje en la ciudad de Shanghai,
razón por la cual fue destituido. Las protestas condujeron a una creciente
división de la burocracia, entre el ala dura de Deng y otro sector encabezado
por Zhao Ziyang. En este marco, estalló la primavera china.
Retomando
el camino de Tiananmen
La derrota de
Tiananmen le permitió a la dictadura china impulsar un espectacular desarrollo
de las fábricas capitalistas, aprovechando la súper explotación del campesinado
que iba a trabajar a esos centros industriales. Esta realidad le dio sobrevida
al sistema capitalista mundial, que aprovechó esa situación para ubicar una
enorme cantidad de sus fábricas en territorio chino.
La burocracia
también aprovechó esta dinámica, fortaleciéndose como la casta que permitió el
desarrollo de una burguesía propia, muy ligada al aparato estatal, que terminó
siendo la base sobre la cual se asienta el imperialismo chino, que exporta
capitales y oprime a distintas nacionalidades.
Sin embargo,
ese colosal desarrollo engendró una cada vez más poderosa clase obrera, que está
dando sus primeros pasos en cuanto a la organización de grandes huelgas y conflictos.
La última huelga general en la India, con más de 200 millones de trabajadores y
trabajadoras parando la producción, el transporte, la educación y otros
sectores, es una muestra de la tendencia general de la lucha de clases, que se
dirige hacia Oriente.
El mejor
homenaje a los/as mártires de Tiananmen, es ayudar a construir en China una
conducción socialista consecuente, para que el nuevo estallido tumbe
definitivamente a la burocracia y de lugar a un gobierno de los trabajadores,
los campesinos y el pueblo pobre, que inicie el verdadero camino hacia el
Socialismo.

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