viernes, 20 de mayo de 2022

Milei, león herbívoro y exponente bizarro de la crisis capitalista


Por Damián Quevedo

Aunque jure y perjure que no pertenece a "la casta" que contiene al resto de los dirigentes que se juegan a conducir el Estado, Javier Milei es uno de los pocos políticos que asciende en las encuestas que se organizan en función de los comicios presidenciales de 2023. Igual, es poco probable, aunque no imposible, que pueda ganar.  

El autoproclamado libertario está ocupando, en parte, el espacio que perdió Cambiemos debido al desastroso gobierno de Macri y a su crisis actual. Pero, Milei, también expresa el rechazo a la política tradicional de una creciente franja de la juventud de clase media, principalmente de la Ciudad de Buenos Aires y, quizá, de otras grandes urbes.  

"Milei capitaliza un estado de ánimo de indignación permanente. Son jóvenes que todo lo que han vivido ha sido malo y se preguntan de qué sirve votar a Kirchner o a Macri. Los perciben como millonarios que ya gobernaron y no resolvieron nada"[1].   

Por esta razón, es muy seguro que conquiste una gran cantidad de votos, ya que también existen grandes posibilidades de que, tanto el peronismo como el macrismo, se presenten divididos. Pase lo que pase, ambos partidos patronales llegarán a octubre del 23 con un fuerte desgaste. 

Sin embargo, una cosa es realizar una gran elección -incluso ganar- y otra, muy distinta, es poder gobernar, ya que, con el agravamiento de la crisis económica, en el marco del actual panorama mundial, Miles carece de un aparato capaz de hacerlo. De ahí la desconfianza, que ya empiezan a tener para con el libertario, importantes sectores de la burguesía, que buscar una opción más sólida.  

Liberalismo igual a utopía reaccionaria 

Milei no es fascista, porque este tipo de construcciones son, fundamentalmente, un producto del imperialismo, que en determinados países impulsa la movilización de sectores de la clase media y masas desclasadas, con el propósito de aplastar al movimiento obrero y sus organizaciones de vanguardia. Así ocurrió en Italia y Alemania -de Mussolini y Hitler- y algo parecido, durante el régimen pinochetista en Chile.

El “León”, en ese sentido, más que carnívoro vendría a ser un animal “herbívoro”, un bicho raro pero incapaz de reunir las condiciones necesarias para montar semejante proyecto, que, dicho sea de paso, no está en la cabeza de ninguna fracción burguesa importante, por lo menos por ahora. El diputado derechista, por más reaccionario que sea -lo es, no lo dudamos- carece de aparato para eso y de una base social dispuesta a movilizarse como los fascistas de antaño.

Tendríamos que decir, que, si existe un lugar en el que se anida el "huevo de la serpiente" nazi fascista es, no tenemos ninguna duda, dentro del Peronismo, que, a lo largo de su historia dio muestras más que suficientes de esto. No nos debemos olvidar de la Tiple A o de las bandas de gangsters que rodearon y siguen rodeando a los burócratas sindicales, personajes dispuestos a encarar este tipo de aventuras si, como suele suceder, son convocados por sus "mandos".

Una expresión de este límite ha sido el fallido proyecto “anti piquetero” del coequiper de Milei, el legislador Ramiro Marra -en un sentido, el más fascista del espacio libertario- quien salió con todo a montar este engendro, que, a los pocos días, dejó de existir por no contar con la apoyatura social necesaria como para llevarlo adelante.  

Seguramente habrá otros fachos -como Marra- dentro del partido de Milei, como también existen otros personajes de características más “liberales”, ya que “Avanza la Libertad” no es más que una amalgama de oportunistas, sin una política más o menos coherente que los unifique. ¡Es que, más allá de los slogans, Milei nunca dejó claro ningún programa concreto!  

Lo que Milei vocifera son consignas vacías, como por ejemplo “quemar el Banco Central” o dejar que el “mercado resuelva todo”. Estos lineamientos no son tomados en serio por ningún capitalista, ya que, cualquier político patronal -por más libertario que se diga- debe atenerse a ciertas “reglas”, que son, en definitiva, las que imponen los dueños del mundo a través de sus instituciones, estatales o para estatales.  

Las fragmentadas protestas de Milei son en realidad utópicas, es decir irreales, ya que la libre competencia no puede existir, como en el Siglo XVII, sin ninguna clase de regulación o imposiciones. Milei parece desconocer la existencia de los grandes monopolios que, aunque no eliminan la anarquía propia del capitalismo, regulan en parte la economía, a través de las herramientas políticas y financieras que controlan, como el FMI, con el cual, los libertarios no quieren romper.  

Quién llegue a la presidencia en el 2023 -si la situación económica continúa en este rumbo y los partidos patronales profundizan su nivel de fraccionamiento- tendrá una debilidad enorme y, seguramente, deberá enfrentarse con grandes rebeliones, producidas por la escasez, la desocupación y la pérdida del poder adquisitivo de los salarios.  

Si, en ese marco, fuera Milei el próximo presidente, su asunción significaría una debacle tremenda para el régimen, no porque el individuo del peinado circense pretenda destruir al régimen, como agita para la tribuna, sino porque carece de las condiciones organizativas y la base social necesarias para dirigir un Estado en medio de semejante crisis.  

Llegue quien llegue a ocupar el sillón presidencial, lo hará condicionado por esta realidad, por lo tanto, en muy poco tiempo, como sucede en los países limítrofes, provocará decepciones que se convertirán, rápidamente, en grandes rebeliones. La izquierda revolucionaria debe prepararse para actuar, audazmente, en ese escenario, ubicándose como la única alternativa capaz de resolver los problemas del conjunto, a través de un gobierno obrero y socialista.



[1] Infobae 12/05/2022

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