Por Damián Quevedo
Una reciente
encuesta, de empresas vinculadas al oficialismo, muestra la erosión que el
proceso inflacionario le produce, no solo al gobierno, sino a todos los
partidos patronales. El 47,8% no tiene
identificación con ningún grupo político: el 23,6% se autodenomina
independiente, el 16,5% ninguno de los anteriores y el 7,75% no sabe.
Los números de la economía se reflejan en estos
números de la política. Acá está el huevo de la serpiente, acá está el
desencanto económico reflejado en términos de desencanto político. Esto hace
juego con la abstención electoral, con el voto en blanco, con la aparición de
fenómenos radicalizados que crecen en cada elección. Si tomamos la clase media,
la cifra es similar: 47,4% de los consultados dice no identificarse con ninguna
de las opciones que ofrece el menú de la política[1].
La inflación
viene subiendo dos puntos porcentuales cada mes, muy lejos de lo que predijo
Guzmán. La inflación se disparó a 6,7% mensual
en marzo, según informó el INDEC este miércoles. De esta manera, en el primer
trimestre del año los precios saltaron 16,1%, el registro más alto desde 1991,
cuando el país estaba saliendo de la hiperinflación[2].
Esta situación económica hace temblar el piso del ministro de economía, que viene siendo cuestionado desde hace tiempo. Para Alberto Fernández, Guzmán es inamovible, porque sabe que si la crisis se intensifica, salvo que el mundo cambie en pocos días, sacar a un ministro de economía es un camino sin retorno y eso pondría en duda a todo su gabinete, lo que debilitaría aún más al gobierno.
Lo interesante es que los cuestionamientos no vienen desde la oposición patronal, o no principalmente, sino del kirchnerismo, disparados por elevación hacia el propio Fernández. Unos días atrás, el secretario de comercio -Roberto Felleti- afirmó que "bajar la inflación es una responsabilidad del ministerio de economía", declaración nada casual, que expresa la fragilidad del Frente de Todos.
En este contexto,
no es imposible que el gobierno no llegue a concluir su mandato dentro de los
tiempos institucionales, razón por la cual los trabajadores debemos prepararnos
para golpear duro a los y las de arriba. La división entre las filas de quienes
gobiernan para la burguesía, presenta una nueva oportunidad para frenar el
ajuste y, en ese marco, luchar por una salida obrera y socialista.

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