Por Damián Quevedo
El gobierno envió el documento de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional al Congreso y las especulaciones entre los bloques y dentro de cada bloque -sobre la aprobación o no del “paper”- pone en vilo al Poder Ejecutivo. Sergio Massa emprendió una carrera contra reloj para convencer a todas las bandas, propias y ajenas, tratando de evitar que colapse la estabilidad del gobierno, que de tan frágil puede dar lugar a nuevas y poderosas rupturas.
El Gobierno cree que Juntos por el Cambio no se atreverá a bloquear el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. La oposición calcula que el Gobierno no se animará a enviar al Congreso un proyecto de acuerdo que sea inaceptable para Juntos por el Cambio o para el propio kirchnerismo. Esa situación de bloqueo, que, en las décadas de la Guerra Fría, por ejemplo, sirvió para proveer alguna estabilidad al mundo, en este momento de la Argentina se vuelve inestable como una chispa[1].
Queda claro que no existen cuestiones de principios en discusión, lo que aparece es lisa y llanamente especulación electoral por parte de todos los partidos patronales. Por eso, desde la oposición, apuestan a que el costo político de un acuerdo leonino lo pague Alberto Fernández, en tanto, desde el kirchnerismo buscan algo parecido, tomando distancia de lo que se termine firmando.
El macrismo no tiene cuestionamientos de fondo con el programa de ajuste del FMI, tampoco el kirchnerismo -por más que Máximo cacaree- razón por la cual el hijo de la vicepresidenta solo se queja de las "formas" del acuerdo, pero no de sus ejes principales. La gente relacionada a la “jefa” está mirando hacia China, no porque busque cierto grado de independencia política, sino porque apuntan a conseguir un nuevo amo, que les siga girando yuanes. Pero, con la crisis capitalista de por medio, la guerra y demás, la “Locomotora” asiática, hace rato que dejó de funcionar.
En ese contexto, que, insistimos, ya no es el mismo que en épocas del “viento de cola”, la guerra iniciada por Rusia tensó todas las relaciones políticas, no solo en el plano internacional, sino también a nivel nacional. El macrismo lo sabe y, por eso, golpea sobre la herida del oficialismo, insistiendo con el tema Ucrania, que dividió a la banda que conduce el Estado. Todos estos bandos juegan con fuego, porque la erosión de la imagen presidencia es, en última instancia, la de la institucionalidad o, dicho de otra manera, de la “gobernabilidad”.
El panorama es más que propicio para que la izquierda revolucionaria pegue duro, de manera de ayudar a quebrar definitivamente el frente patronal, porque, como dijeron varios de nuestros maestros en el marxismo, “cuando los de arriba se dividen, los de abajo pelean en mejores condiciones”. Las próximas acciones contra el FMI, que la mayoría de las organizaciones socialistas convocamos, deben dar paso a otras, organizadas en base a un verdadero y sistemático plan, con el propósito de aparecer frente a la clase trabajadora como una opción de recambio, la única capaz de mostrar una alternativa distinta a la de los capitalistas, la Revolución Social.
[1] Clarín
03/03/2022
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