viernes, 4 de marzo de 2022

La clase obrera se prepara para luchar, reorganizándose desde abajo


Por Silvestre del Sur (Del Blog Palabra Obrera, realizado por activistas combativos por la Autoorganización)

Marzo de 2020, en Argentina se declara el confinamiento obligato­rio por la pandemia del virus Co­vid-19. Esta situación, que se da a nivel mundial, golpea directamen­te a la organización del movimien­to obrero. Se prohíben todo tipo de actividades que aglomeren a los y las laburantes, no pueden reali­zarse asambleas ni movilizaciones, pero si se podía, y se debía, ir a trabajar. Pues claro, el capitalismo no puede dejar de producir y los sectores empresarios empujaron para que la rueda no se detenga.

La complicidad de la burocracia sindical, que utilizó el discurso de la situación de “excepcionalidad”, ha permitido de manera “encu­bierta” lo que hace años quieren las patronales implementar: la reforma laboral. Con la organiza­ción del movimiento obrero parti­da (primer paso hacia la reforma) los burócratas han dejado pasar miles de despidos, suspensiones, rebajas salariales, modificaciones en las jornadas de trabajo, cierres de fábrica, súper explotación y todo tipo de atropellos a las con­quistas obreras de un plumazo.

Ante el terror instalado desde los gobiernos y la Organización Mun­dial de la “Salud” con respecto al Covid, los laburantes han acatado todo tipo de órdenes, no sólo por el miedo al virus, sino también por temor a quedarse sin trabajo en medio de semejante crisis.

Esta situación, con el correr de los meses, comenzó a ser cuestionada por un sector de la vanguardia obrera, que sacó conclusiones y, ante la necesidad de reorganizar­se, decidió tomar en sus manos las tareas que ni los sindicatos ni los gobiernos estaban dispuestos a llevar adelante, que es la defen­sa de sus derechos, sus salarios y puestos de trabajo. Esa necesidad de una nueva reorganización se materializó con el proceso de Au­toconvocados.

Uno de los procesos más avanza­dos de esto, que significa “pasar por encima de las dirigencias, si no hacen nada”, se dio en la pro­vincia de Neuquén, donde las ba­ses del sector de la salud salieron a pelear, cortando rutas y coordi­nando por abajo con otros secto­res, contra el gobierno provincial -sus patrones- y contra el gremio, ya que pretendían pactar una mi­seria salarial, muy por debajo de la inflación. Otros procesos pareci­dos, basados en la decisión demo­crática de las asambleas, se dieron con los vitivinícolas en Mendoza, los trabajadores del cítrico en Tucumán y varias líneas de co­lectivos de Buenos Aires, como los choferes la 60, que salieron a pelear, nuevamente, sin esperar que el gremio los apoye.

Por otro lado, en las fábricas, la pandemia, más allá del virus, los contagios y demás, fue el gran muro de contención para la reor­ganización de las y los laburantes, ya que los mandatos de delegados fueron prorrogados, impidiendo, -con la excusa del distanciamiento social- la realización de elecciones en los gremios y, principalmente, las comisiones internas y cuerpos de delegados. ¡Una locura! Porque podíamos trabajar, pero no podíamos votar.

En medio de esa situación en un estado de ebullición, si la buro­cracia llamaba a elecciones corría el riesgo de perder la continuidad de sus manejos mafiosos, frente a la conformación de nuevas listas. Por eso, una vez habilitadas las elecciones, muchas de estas listas triunfaron en las urnas y ganaron las comisiones internas, como por ejemplo la Lista 2 en el Halcón, la Lista Blanca de Maxipack, la Celeste de Cresta Roja, los compa­ñeros de Gate Gourmet, etc. Esta disputa por las comisiones inter­nas también se hicieron sentir en las elecciones para los sindicatos, donde esta tendencia antiburocrá­tica va ganando fuerza, ejemplo de la cual es la Lista Roja de la carne, que a pesar de no haber triunfado se llevó el 42% de los votos, como también sucedió en el STIA (Ali­mentación) de Mendoza donde la oposición combativa obtuvo el 36%.

Estos resultados marcan una tendencia, que va, sí o sí, hacia el “desborde” de los podridos “cuerpos orgánicos” de los diri­gentes traidores. Va, sí o sí, hacia la conformación de una nueva dirección obrera, realmente com­bativa, que se proponga poner en pie un gran Centro Coordinador, que sirva para unificar a todos los sectores en lucha, practicando la AUTO-ORGANIZACIÓN DE LAS BASES, la gran herramienta para enfrentar a los burócratas y los patrones.

Los y las laburantes debemos ser conscientes de que la lucha debe realizarse de esta manera, pero también, que tiene que ir más allá de un mejor salario o mejores condiciones de trabajo, Nuestra lucha debe servir para la cons­trucción de un gran movimiento obrero que tenga como perspec­tiva la conquista de un nuevo tipo de gobierno, el de la propia y mismísima clase trabajadora. ¡Es posible, porque ya no nos queda otra, por eso tenemos que empe­zar a discutirlo!

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