Por Silvestre del Sur (Del Blog Palabra Obrera, realizado por activistas combativos por la Autoorganización)
Marzo de 2020, en Argentina se declara el confinamiento
obligatorio por la pandemia del virus Covid-19. Esta situación, que se da a
nivel mundial, golpea directamente a la organización del movimiento obrero.
Se prohíben todo tipo de actividades que aglomeren a los y las laburantes, no
pueden realizarse asambleas ni movilizaciones, pero si se podía, y se debía,
ir a trabajar. Pues claro, el capitalismo no puede dejar de producir y los
sectores empresarios empujaron para que la rueda no se detenga.
La complicidad de la burocracia sindical, que utilizó el
discurso de la situación de “excepcionalidad”, ha permitido de manera “encubierta”
lo que hace años quieren las patronales implementar: la reforma laboral. Con la
organización del movimiento obrero partida (primer paso hacia la reforma) los
burócratas han dejado pasar miles de despidos, suspensiones, rebajas salariales,
modificaciones en las jornadas de trabajo, cierres de fábrica, súper
explotación y todo tipo de atropellos a las conquistas obreras de un plumazo.
Ante el terror instalado desde los gobiernos y la
Organización Mundial de la “Salud” con respecto al Covid, los laburantes han
acatado todo tipo de órdenes, no sólo por el miedo al virus, sino también por
temor a quedarse sin trabajo en medio de semejante crisis.
Esta situación, con el correr de los meses, comenzó a ser
cuestionada por un sector de la vanguardia obrera, que sacó conclusiones y,
ante la necesidad de reorganizarse, decidió tomar en sus manos las tareas que
ni los sindicatos ni los gobiernos estaban dispuestos a llevar adelante, que es
la defensa de sus derechos, sus salarios y puestos de trabajo. Esa necesidad
de una nueva reorganización se materializó con el proceso de Autoconvocados.
Uno de los procesos más avanzados de esto, que significa
“pasar por encima de las dirigencias, si no hacen nada”, se dio en la provincia
de Neuquén, donde las bases del sector de la salud salieron a pelear, cortando
rutas y coordinando por abajo con otros sectores, contra el gobierno
provincial -sus patrones- y contra el gremio, ya que pretendían pactar una miseria
salarial, muy por debajo de la inflación. Otros procesos parecidos, basados en
la decisión democrática de las asambleas, se dieron con los vitivinícolas en
Mendoza, los trabajadores del cítrico en Tucumán y varias líneas de colectivos
de Buenos Aires, como los choferes la 60, que salieron a pelear, nuevamente,
sin esperar que el gremio los apoye.
Por otro lado, en las fábricas, la pandemia, más allá del
virus, los contagios y demás, fue el gran muro de contención para la reorganización
de las y los laburantes, ya que los mandatos de delegados fueron prorrogados,
impidiendo, -con la excusa del distanciamiento social- la realización de
elecciones en los gremios y, principalmente, las comisiones internas y cuerpos
de delegados. ¡Una locura! Porque podíamos trabajar, pero no podíamos votar.
En medio de esa situación en un estado de ebullición, si la
burocracia llamaba a elecciones corría el riesgo de perder la continuidad de
sus manejos mafiosos, frente a la conformación de nuevas listas. Por eso, una
vez habilitadas las elecciones, muchas de estas listas triunfaron en las urnas
y ganaron las comisiones internas, como por ejemplo la Lista 2 en el Halcón, la
Lista Blanca de Maxipack, la Celeste de Cresta Roja, los compañeros de Gate
Gourmet, etc. Esta disputa por las comisiones internas también se hicieron
sentir en las elecciones para los sindicatos, donde esta tendencia antiburocrática
va ganando fuerza, ejemplo de la cual es la Lista Roja de la carne, que a pesar
de no haber triunfado se llevó el 42% de los votos, como también sucedió en el
STIA (Alimentación) de Mendoza donde la oposición combativa obtuvo el 36%.
Estos resultados marcan una tendencia, que va, sí o sí,
hacia el “desborde” de los podridos “cuerpos orgánicos” de los dirigentes
traidores. Va, sí o sí, hacia la conformación de una nueva dirección obrera,
realmente combativa, que se proponga poner en pie un gran Centro Coordinador,
que sirva para unificar a todos los sectores en lucha, practicando la
AUTO-ORGANIZACIÓN DE LAS BASES, la gran herramienta para enfrentar a los burócratas
y los patrones.
Los y las laburantes debemos ser conscientes de que la lucha
debe realizarse de esta manera, pero también, que tiene que ir más allá de un
mejor salario o mejores condiciones de trabajo, Nuestra lucha debe servir para
la construcción de un gran movimiento obrero que tenga como perspectiva la
conquista de un nuevo tipo de gobierno, el de la propia y mismísima clase
trabajadora. ¡Es posible, porque ya no nos queda otra, por eso tenemos que empezar
a discutirlo!
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