Por Juan Giglio
El acuerdo con el FMI no hizo más que profundizar las líneas rectoras del plan de ajuste que venían implementando Alberto, Cristina, Máximo y compañía, quienes a su vez continuaron las políticas anti-obreras y anti-populares de cada uno de los gobiernos "democráticos" que nos precedieron. Es que, en épocas de crisis furibundas, como las actuales, a los capitalistas no les queda otra que "apretar las tuercas" de los laburantes y el pueblo pobre, mientras se pelean entre ellos para conquistar mercados.
La burguesía no puede avanzar en el sentido que lo pretende, debido a la resistencia del movimiento de masas, que aunque retroceda -coyunturalmente- ha puesto límites muy grandes a la "contrarrevolución económica permanente" que llevan adelante los dueños del mundo. Por eso, estos han lanzando una ofensiva tremenda, utilizando como excusa al coronavirus, de manera de imponer cuarentenas y todo tipo de restricciones a los derechos y libertades individuales.
El acuerdo con el FMI no se puede interpretar por fuera de este marco, en el cual la gran burguesía trata de lograr que sus colonias o semi-colonias, como Argentina, paguen los platos rotos de la crisis que han provocado y profundizado desde las capitales financieras del planeta. Los gobernantes locales y sus grupos de apoyo -políticos, económicos y sindicales- más allá de sus contradicciones, han decidido jugar sus fichas al acuerdo, actuando como modernos capataces de la re-colonización.
¡No habrá ninguna posibilidad de acabar con el Plan del FMI sin derrotar a sus ejecutores nativos! Para conquistar una verdadera y definitiva Independencia, logrando que todos los recursos sean puestos al servicio del aumento de la calidad de vida de las mayorías, habrá que echar al gobierno y sus secuaces, a través de una revolución que ubique en el poder a representantes del único sector social dispuesto a pelear por la recuperación de la Soberanía Nacional, la clase trabajadora.
La izquierda revolucionaria debe jugarse a liderar la resistencia, agitando la necesidad de un nuevo Argentinazo e impulsando audazmente la construcción de organismos de coordinación, nacionales y regionales, que, apoyándose en la decisión democrática de las asambleas de base, voten y organicen esta consigna estratégica. La próxima marcha contra el FMI, que tendrá lugar el próximo 8 de febrero, en Plaza de Mayo, debe hacerse en función de esta perspectiva.
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