miércoles, 16 de febrero de 2022

La izquierda, a los pies de la Big Pharma y el imperialismo


Por Ernesto Buenaventura 

Leer (¿Vacunas, peor el remedio que la enfermedad? - ¿Por qué no se promueven los tratamientos alternativos? - El virus y su "huésped", el Capitalismo, que determina su condición. 

En 1914, al estallar la Primera Guerra, explotó una fuerte controversia entre los partidos socialistas europeos, que dos años antes, como integrantes de la II internacional, se habían reunido para analizar las posibilidades de la lucha de clases. La conclusión a la que llegaron fue que una gran contienda bélica era inevitable, provocada por la crisis y al estancamiento del capitalismo. 

Ante su inminencia firmaron una declaración de principios, conocida como el manifiesto de Basilea, a raíz del nombre de la ciudad donde se realizó el encuentro. Allí definieron que la clase obrera, que estaba entrando en un proceso de revoluciones, debía oponerse a la guerra, negándose a matar a otros obreros en nombre de la “Patria”, apuntando las armas contra sus respectivas burguesías. 

Sin embargo, la mayoría de los socialistas traicionó aquel manifiesto. Las organizaciones que tenían representación parlamentaria, como el Partido Socialdemócrata alemán, votaron a favor de incrementar el presupuesto público para solventar la guerra, una fenomenal traición contra la cual se alzó un pequeñísimo grupo de revolucionarios, entre ellos Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburgo. 

Afirmado en la lógica dialéctica y en el materialismo, Lenin explicó que el oportunismo de Kautsky, Berstein y compañía no se debía a su maldad o vileza, sino que expresaba el conservadurismo de la aristocracia obrera, que se estaba desarrollando con gran vitalidad dentro del Sistema Capitalista Imperialista, gracias a que disfrutaba de los beneficios de la rapiña que las potencias llevaban a cabo sobre sus colonias. 

¿Cuál es la esencia económica del defensismo en la guerra de 1914-1915? La burguesía de todas las grandes potencias hace la guerra para repartirse y explotar el mundo, y para oprimir a otras naciones. A un reducido grupo de la burocracia obrera, la aristocracia obrera y los compañeros de ruta pequeñoburgueses pueden tocarle algunas migajas de las grandes ganancias de la burguesía. 

El social-chovinismo y el oportunismo tienen la misma base de clase: la alianza de un pequeño sector de obreros privilegiados con "su" burguesía nacional, contra las masas de la clase obrera; la alianza entre los lacayos de la burguesía y la burguesía contra la clase que es explotada por ésta. 

El contenido político del oportunismo y del social-chovinismo es el mismo: colaboración entre las clases, rechazo de la dictadura del proletariado, rechazo de las acciones revolucionarias, aceptación incondicional de la legalidad burguesa, falta de confianza en el proletariado y confianza en la burguesía. (Lenin; El oportunismo y la bancarrota de la II Internacional). 

Este fenómeno, que tenía raíces internacionales, estaba determinado por las bases sociales de los partidos, que para ese entonces aún se llamaban socialistas, pero que en los hechos habían abandonado la posición y el punto de vista de los trabajadores y las trabajadoras, como resultado de adoptar una política democrático burguesa, que los empujó a acatar las órdenes de sus patrones. 

La lucha de clases, que es el motor de la historia, puso otra vez más a la izquierda de todo el mundo y de la Argentina, ante un dilema similar: ¿Cómo posicionarse frente a las tres políticas principales del Capitalismo durante estos últimos dos años: el encierro, las restricciones -pase sanitario y demás- y la vacunación masiva? Lamentablemente, la gran mayoría se adaptó, jugando el papel de “pata izquierda” de su implementación. 

En ese sentido, los partidos del FITu de Argentina, promovieron, de manera activa, primero las cuarentenas, luego la vacunación y más tarde, aunque vergonzosamente, la implementación del pase sanitario, criticando al gobierno por "no ir a fondo". A tal punto han llegado estas organizaciones, que se movilizaron para liberar los envíos de las vacunas de AstraZeneca, cuya utilización fue cuestionada en buena parte de los países europeos, debido a los daños colaterales que provocan, especialmente por trombosis.  

El problema con estos productos, la mayoría de carácter transgénico, es que todavía están transitando su fase experimental, lo que significa que no se sabe con certeza cuáles serán sus efectos en el largo plazo, que es lo que indican los protocolos utilizados para la aprobación de vacunas, hasta que la OMS los modificó, con el propósito de habilitar la aplicación de estas nuevas vacunas. ¡Según cifras oficiales, dadas por agencias que se ocupan de analizar los efectos dañinos de estos productos -que incluyen fallecimientos- ya hay millones de personas que los están sufriendo!

No casualmente, cuando se votó la ley que permitió su utilización en Argentina, sus fabricantes -haciendo lobby parlamentario- impusieron cláusulas de “confidencialidad” que impiden conocer el contenido de las vacunas. ¡Además la normativa boicotea cualquier posibilidad de iniciar juicios contra las compañías, en caso de que sus productos afecten la salud de las personas inoculadas! 

La izquierda que no llamó a movilizarse contra la ley, votada en el Congreso Nacional, dejándola pasar “como si nada”, tampoco tiene en cuenta la existencia de una cantidad muy variada de fármacos que han dado un resultado óptimo a la hora de combatir al Covid-19, que están siendo utilizados aquí y en otras partes del mundo. 

Estos partidos, que terminaron adoptando -como un “dogma” incuestionable o “sagrado”- las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, ni siquiera se preguntaron por qué razón esa cueva de lobistas de la “Big Pharma” rechazó  de plano los tratamientos alternativos, apostando solo a los confinamientos la política de restricciones y la vacunación. 

El problema central, además de sanitario, es político, porque significó la caída en el oportunismo de parte de la mayoría de las organizaciones que se definen como revolucionarias, que en los hechos está más preocupada por ganar una porción del electorado peronista, que por incentivar las luchas contra el gobierno, apostando a liderar la rebelión obrera y popular. 

Por esa razón, en vez de denuncia4 -como eje de sus planteos- la caída espectacular de las condiciones generales de vida de la clase trabajadora, esta izquierda entró en el juego de la burguesía, para terminar agitando, como centro de su programa la consigna "vacunas para todes”, que es lo mismo que continúan haciendo desde el gobierno.

Por todo esto, la izquierda que marcha y sigue marchando a la cola de los laboratorios, nunca denunció la política del “Quedate en Casa”, asumiéndola como una táctica burguesa al servicio de la desmovilización, sino todo lo contrario, ya que la sostuvo, con un “patriotismo” similar a la Socialdemocracia Europea, cuando esta, de conjunto, salió a defender la guerra de sus patrones autóctonos!

Estas organizaciones abandonaron el método científico -que es propio del marxismo- para acatar disciplinadamente las órdenes de los científicos burgueses, que no utilizan sus saberes para defender los intereses obreros y populares, sino los de una ínfima porción de la humanidad, los grandes millonarios, que se han enriquecido como nunca en estos dos años. ¡La izquierda, además, se negó a promover un amplio y enriquecedor debate, como el que le propusimos desde nuestras filas, de manera de poner en el tapete las distintas posiciones!

Desde nuestras filas continuaremos promoviendo esta discusión, que es clave para comprender las líneas rectoras de la burguesía mundial, que hemos denominado Contrarrevolución Covid, sobre la cual escribimos infinidad de textos. 

Página oficial de los EE.UU. que registra los efectos adversos de las vacunas https://openvaers.com/covid-data.

Organismo anexo de la OMS, que registra efectos adversos: http://vigiaccess.org/



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