Trump está tan mal, que en vez de invadir países trató de conquistar la FIFA... ¡Pero le salió el tiro por la culata!


Por Claudio Colombo

El presidente Donald Trump intervino en nombre del delantero estrella estadounidense, Folarin Balogun, que había sido expulsado ante Bosnia y Herzegovina, y finalmente la Fifa le retiró la tarjeta roja, por lo que podrá jugar el lunes ante Bélgica en los octavos de final del Mundial 2026. (La Capital, 5 de julio)

Finalmente, el jugador en cuestión terminó jugando contra Bélgica, pero con mucha mala suerte, ya que su equipo fue derrotado. Esta ha sido otra expresión, aunque más bizarra que las anteriores, de lo que viene sucediendo con Trump: ¡En cada lío que se mete, como la guerra contra Irán y las bravuconadas contra China, siempre pierde por goleada!

La debilidad del imperialismo yanqui es tal, que ahora, en vez de invadir países, optó por desembarcar en terreno de la FIFA, apretando a su presidente para que beneficie a su seleccionado. La indignación que provocó entre sus ex aliados de la Unión Europea -Bélgica forma parte de la misma- fue parecida a la que generó cuando anunció que estaba dispuesto a anexar Groenlandia.

Así como la caída de Saigón significó un golpe durísimo para Estados Unidos y abrió una situación mundial favorable para las luchas del movimiento de masas, la humillante derrota frente a las fuerzas armadas persas cambió radicalmente las relaciones de fuerza a nivel mundial. Eso lo entendió mejor que nadie China, que intensificó su avance hacia los mercados que estaban en la órbita yanqui.

Así lo entienden los pueblos que comenzaron a despertarse luego del retroceso impuesto por los capitalistas en el período de la pandemia. Ese ascenso, que comenzó en Asia con las rebeliones en Sri Lanka e Indonesia se extenderá a nivel global, porque la burguesía, en su época de mayor crisis, no tiene nada que ofrecerles a los y las de abajo, salvo ajustes, palos y miseria.

La guerra inter imperialista colabora con esta perspectiva, porque cuando los capitalistas luchan entre sí, los pueblos tienen mejores posibilidades de enfrentarlos y derrotarlos. Una nueva y gran oportunidad para que la izquierda revolucionaria gane el liderazgo de amplios sectores de la vanguardia, y, desde ese lugar, se postule para conducir las revoluciones que se avecinan.

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