El peronismo, un cadáver putrefacto que la izquierda tiene que sepultar


Por Damián Quevedo

Como años atrás, cuando los camioneros de Moyano se enfrentaron a tiros con la UOCRA en la quinta de San Vicente, disputando simbólicamente el cadáver de Perón, ahora, las peleas en el interior de la burocracia peronista hicieron aparecer otro cadáver, aún insepulto, el del Partido Justicialista, del cual Kicillof asumió la presidencia en reemplazo del hijo de Cristina, en abril de este año.

Máximo no asistió entonces y tampoco lo estará hoy en el acto que la gobernación organizó para conmemorar el 52 aniversario del fallecimiento de Juan Perón. La última vez que hablaron fue el fin de semana en que falleció Carlos “indio” Solari, cuando coordinaron la despedida en Avellaneda, pero tras ese acto no hubo más contactos entre ellos. (La Nación 29/06/2026)

La lucha entre las bandas que responden a Cristina y Kicillof no tienen nada que ver con diferencias “ideológicas” o de “principios”. Suceden por lo mismo que ocurren en el resto de los partidos del sistema, donde cada fracción representa a uno o varios sectores del capital extranjero, ya que todos quieren gobernar para convertirse en modernos virreyes de la recolonización.

Los justicialistas están divididos en dos grandes bandas, una, la de Cristina, con profundos lazos con el imperialismo yanqui, a través de una de las alas del Partido Demócrata. La otra, la de Kicillof, está cada vez más atado a los intereses chinos, debido a que la mayor parte de las exportaciones agropecuarias de la provincia son compradas por la gran potencia asiática.

En ese sentido, no es casual el rol que vienen jugando ciertos dirigentes del kicillofismo, como Sabino Vaca Narvaja, ex gobernador en China, que oficia de vocero extraoficial de Xi Xin Ping. Cuanto más avancen los chinos, ganando mercados que antes tenían los yanquis, más se profundizará la lucha dentro del peronismo y en el resto de los partidos burgueses.

El PJ, luego de un período de cierto resurgimiento, a partir del ascenso de los precios de los comodities -con Néstor y Cristina a la cabeza- entró nuevamente en declive, porque, durante sus últimas gestiones, especialmente en la de Alberto, dejó de contar con fondos suficientes para practicar su tradicional demagogia. ¡La crisis capitalista ya no da lugar a ese tipo de concesiones!

Por esto, el peronismo dejó de ser la burocracia poderosa que controlaba al movimiento de masas, garantizando la gobernabilidad, la explotación y el saqueo de los recursos por parte de las multinacionales. Su crisis fue aprovechada por Milei, quien capitalizó la bronca de las bases hacia el PJ, prometiendo la destrucción de la “casta”, algo que no hizo.

La ruptura de los y las de abajo, primero con el peronismo, y luego con los libertarios -después de una pequeña experiencia- es una gran oportunidad para la izquierda, que debe aprovechar la simpatía popular ganada por Myrian Bregman, para convertirse en alternativa, organizando un gran movimiento que proponga la ruptura con el capitalismo semicolonial y un gobierno revolucionario de la clase trabajadora.

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