Traiciones, espías y narcos, la interna libertaria está que arde
Si
faltaba algo para coronar los escándalos de corrupción del gobierno nacional, que,
de una u otra manera, sintetiza todas las malversaciones y estafas libertarias,
en el caso que acaba de explotar involucrando a un personaje íntimamente ligado
al asesor presidencial Santiago Caputo, el mendocino Facundo
Leal.
Las
fuerzas federales allanaron su domicilio y le encontraron 2,4 millones de dólares
junto a una cantidad enorme de drogas y una valija llena de micrófonos y aparatos
de espionaje de última generación, muy difíciles conseguir en el país.
En ámbitos
políticos cercanos al poder circula la versión de que todo esto habría llegado
en los bultos que entraron al Aeroparque en
febrero del año pasado, en un avión del empresario Leonardo Scatturice, que pasó
por la pista sin los controles de rutina y provocó un escándalo mediático
importante.
El poder judicial está peritando el teléfono y las computadoras de Leal, esperando conectar ambos acontecimientos e involucrar al espía Jaime Stiuso, que trabaja para la banda de Caputo, Leal y Scatturice. Los allanamientos fueron decididos por Karina Milei, lider de la otra fracción oficialista.
Como
señalamos en varias notas, esta lucha por el control del Estado y sus negocios,
está asumiendo el caracter de una verdadera guerra
civil, que, debido a su virulencia, partió al gobierno en varios pedazos, donde se ubican y reubican las figuras
centrales de la administración libertaria, como Villaruel, Caputo, Karina Milei
y Patricia Bulrrich.
En
ese marco, “Pato”, que tiene acceso al aparato de inteligencia nacional y cuenta
con un agudo olfato, está tratando de reacomodarse -tomando distancia de Milei- para posicionarse como alternativa de recambio de la derecha.
Pero,
más allá este y otros reacomodamientos, el resultado concreto de la guerra libertaria es el debililtamiento de la figura presidencial y la profundización de la crisis del régimen. Los trabajadores y el pueblo
deben aprovechar esta coyuntura para ganar las calles y luchar por sus
reivindicaciones insatisfechas.
La
izquierda tiene que jugarse a liderar este enfrentamiento, proponiendo una salida política que termine de verdad con la “casta”
que gobernó al país en las últimas décadas y lo desindustrializó, convirtiéndolo
en una semicolonia pobre y decadente. ¡Una revolución
social que conquiste la segunda y definitiva independencia y ponga el aparato productivo
en manos de sus trabajadadores, para que funcione al servicio de todo el
pueblo!



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