Trump y sus derrotas militares aceleraron la pérdida de la hegemonía que EEUU había conquistado luego de la segunda guerra


Por Damián Quevedo

Los tropiezos políticos y económicos del presidente de EEUU, Donald Trump, aceleran la pérdida del lugar que la potencia del norte ocupó durante décadas. Aunque estas no son la causa central de la pérdida de la hegemonía que ganaron los yanquis luego de la segunda guerra inter imperialista, la torpeza presidencial profundizó esa tendencia.

La guerra con Irán es, probablemente, el mayor dinamizador de la crisis de EEUU y su gobierno, problemón que va de la mano de otros, como la represión a los inmigrantes y el ajuste económico. La confluencia de todos estos, dio lugar a un salto cualitativo, que llevó al imperialismo yanqui a dejar de ser la super potencia hegemónica que supo ser luego de la caída de la URSS, lugar que ahora le disputa China.

El escenario político para el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se volvió significativamente más hostil en las últimas semanas. Según el último informe del Pew Research Center, el mandatario alcanzó un nivel de aprobación de apenas el 34%. Se trata de la cifra más baja registrada desde que inició su segundo mandato en enero de 2025[i].

Si bien la crisis política podría ser superada -de forma momentánea, pero sin detener la caída- el lugar de EEUU en el tablero mundial no será recuperado, salvo con una guerra ganada de grandes dimensiones, que le permita volver a actuar como el gendarme mundial indiscutido. ¡Sin embargo, no existen condiciones para que eso ocurra, incluso con una gran guerra!

Uno de los aspectos que llevó al imperialismo yanqui a convertirse en la principal potencia capitalistas en la segunda mitad del siglo XX fue el desarrollo de las fuerzas productivas, de tecnología e industria de punta, de las cuales la industria militar fue la parte más importante.

Esta no es la situación hoy, porque, a pesar de que el imperialismo yanqui continúa estando a la vanguardia en muchas ramas industriales, ya ha perdido varias en manos del imperialismo chino, como en el control de tierras raras, la IA y la robotización industrial, que es el motor productivo de los asiáticos.

La implementación de mecanismos robóticos en la industria china fue nueve veces mayor que la de los Estados Unidos. Este proceso empuja la constante y sistemática conquista de mercados, que antes estaban en manos de los yanquis, sobre todo en Asia y América Latina, un espacio político y económico que Trump se propuso recuperar sin ningún éxito.

La guerra con Irán también demostró que el imperialismo yanqui no es una potencia invencible. Si bien es cierto, que Vietnam primero, e Irka y Afganistán después, ya lo habían demostrado, la actual guerra dejó en claro que EEUU no está en condiciones de ir a la guerra y derrotar fácilmente a otro país. ¡Es que no han podido, ni pueden, desplegar tropas en ningún territorio, algo que no puede suplir con el uso de tecnología! La razón de esta contradicción es política: Trump no logra convencer a las masas de su país para que arriesguen sus vidas en esta nueva aventura imperial.

La guerra de Trump y el Estado sionista también incrementó el aislamiento de la Casa Blanca, demostrando que no tiene fuerza para presionar a otros países. Por eso, las potencias europeas se negaron a ir a la guerra, algo que también hizo Japón, que, desde la derrota en la segunda guerra siempre había acatado las órdenes de los yanquis.

La ruptura de hecho en la OTAN y la conformación de nuevos bloques, económicos y militares, donde las potencias europeas aspiran a jugar un papel independiente de Estados Unidos para intentar ganar algunos de los mercados en disputa, pegó un salto de calidad con la guerra en Ucrania, a la que Trump dejó de apostar.

Europa ha incrementado el gasto en defensa desde 2024, especialmente tras la invasión rusa de Ucrania. Una retirada gradual de Estados Unidos daría tiempo para que este proceso se intensificara: más países alcanzarían o superarían el 2 % de su PIB destinado a defensa, participarían en adquisiciones conjuntas y reducirían las lagunas en materia de capacidad. A mediano y largo plazo, podría impulsar también la denominada “autonomía estratégica” de la UE, orientada hacia el desarrollo de capacidades militares integradas e independientes de las estadounidenses[ii].

La crisis del imperialismo yanqui es una buena noticia para los trabajadores y los pueblos oprimidos del mundo, lo cual no implica que las potencias imperialistas rivales de los yanquis se conviertan, por esta cuestión, en aliados de los países semi coloniales. Para nada, la lucha antiimperialista debe contemplar la necesidad de romper con todas estas, aprovechando que, como no sucedía antes, ahora se pelean entre sí, lo cual las debilita de conjunto.

 


[i] Perfil 04/05/2026

[ii] Página 12 04/05/2026

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