El ajuste libertario debilitó aún más a las fuerzas armadas del régimen, una buena noticia para el movimiento de masas
Javier Milei prometió en su campaña electoral, que, de ganar,
se ocuparía de “reivindicar” a las fuerzas armadas, aunque en esa época los milicos estaban
más cerca de su candidata a vicepresidenta, Victoria Villarroel, quien tenía y
continúa teniendo vínculos con los genocidas de la última dictadura y los
grupos negacionistas.
El tiempo pasó desde aquella elecciones y Villarroel terminó rompiendo con Milei, marco dentro del cual, la
necesidad gubernamental de ajustar y de alinearse con el imperialismo yanqui, llevaron
a que el brazo armado del Estado sufriera los efectos de la motosierra
y el desguace libertario.
Por esa razón, desde hace varios meses existe un gran
malestar entre los uniformados, que reciben bajos salarios y sufren restricciones presupuestarias de todo tipo. Lo
peor del caso es que los sueldos castrenses quedaron muy atrasados en relación
al personal de otras fuerzas, como por ejemplo los de la policía.
Un comisario gana hoy en día más que un
general -la Argentina es el único país del mundo en que eso ocurre- y, en las
diversas escalas, los militares cobran un 30 por ciento menos que las fuerzas
de seguridad. El efecto de la motosierra de Javier Milei, sin la resistencia
del ministro Carlos Presti, es demoledor, justito cuando se trata de un
gobierno que, supuestamente, dice que quiere reivindicar a las Fuerzas Armadas.
Hay versiones que indican que las fuerzas
armadas vendieron ya edificios y campos por unos 300 millones de dólares, pero
que casi la totalidad se la quedó Toto Caputo para exhibir el falso déficit
cero. Por ejemplo, a unos metros del Hospital Militar había un gigantesco
estacionamiento, en el barrio Las Cañitas, que se vendió en 30 millones de
dólares[i].
El ajuste limita además la compra de pertrechos, combustible,
alimentos, etc. Esta situación llevó a que muchos soldados y suboficiales
optaran por “changuear”, como choferes de aplicaciones o empleados de las
empresas de seguridad privada. Estas actividades son incompatibles con
la pertenencia a las fuerzas, a pesar de lo cual, desde el ministerio de defensa las han dejado
correr en nombre de la “libertad laboral”.
La decisión, impulsada por el Ministerio de
Defensa, flexibiliza las restricciones que hasta ahora limitaban la posibilidad
de que soldados, suboficiales y oficiales desempeñaran trabajos privados. De
esta manera, los integrantes de las Fuerzas Armadas podrán sumar ingresos
mediante tareas compatibles con la función militar, como conducción en
plataformas de transporte, reparto de pedidos, seguridad privada y otros
servicios[ii].
Desde hace años, las fuerzas armadas no juegan prácticamente
ningún papel en la política interna, debido a la derrota que les propinó el
movimiento de masas en los 80 y a la humillación malvinera. La profundización actual de su crisis, beneficia a la clase trabajadora y al pueblo, que, cuando salgan a pelear
en serio, se encontrarán con un enemigo con poca disposición al combate.
La crisis de las FFAA profundiza la del conjunto de las instituciones del régimen “democrático burgués” que sostiene al sistema capitalista semicolonial argentino. La izquierda revolucionaria debe aprovechar estas circunstancias para agitar la necesidad de acabar con todas estas instituciones para construir otras al servicio del pueblo, basadas en la democracia directa.
[i]
Página12 24/05/2026
[ii] https://www.lagaceta.com.ar/nota/1140227/sociedad/militares-podran-tener-segundo-empleo-gobierno-habilito-trabajar-como-uber-repartidores-o-seguridad-privada.html



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