miércoles, 1 de abril de 2026

Malvinas, igual que Irán, plantea un debate que divide aguas: ¿Una vez desatada la guerra, en qué trinchera debemos estar?


 Por Juan Giglio

Mañana, 2 de abril, se conmemorará otro nuevo aniversario de la recuperación de Malvinas, una situación concreta que dividió aguas en las filas de los revolucionarios. En primer lugar, repetimos lo mismo que dijimos ese día, desde nuestra militancia en el viejo PST, Partido Socialista de los Trabajadores: Nuestra bronca por la actitud criminal de los milicos del Proceso, que, para zafar de la crisis que estaba hundiéndolos, invadieron las islas, enviando al matadero a cientos de pibes, sin ninguna preparación ni los pertrechos suficientes para combatir con uno de los ejércitos más poderosos del mundo.

Sin embargo, y a pesar de que ese aspecto de la realidad, fue más que cierto y evidente, el comienzo de las acciones bélicas nos obligó a elegir un bando, militar, no político, en un marco en el cual, la toma de Malvinas desató una gran movilización antiimperialista en el país y el resto del continente. Las masas latinoamericanas ganaron las calles para repudiar a la flota pirata y defender el derecho argentino a quedarse con una porción -usurpada por los imperialistas- de su propio territorio.

Fue así, que se abrió un gran debate entre las organizaciones revolucionarias, que, a partir del 2 de abril, tuvieron que posicionarse. ¿Había que quedarse en el “medio”, denunciando el aventurerismo de Galtieri, como planteó, salvo una pequeña minoría, el conjunto de la izquierda europea? ¿O había que adoptar una línea parecida a la que propusimos desde el PST, que apostó al triunfo del bando militar, sin brindarle ningún tipo de apoyo político a Galtieri y su gobireno dictatorial?

Una vez en guerra, ya no existían posibilidades de volver atrás sin la derrota de alguna de las parte, por lo tanto, ningún margen para plantear una línea abstencionista o “derrotista”, ya que el enfrentamiento militar no era entre dos potencias imperialistas o dos burguesías oprimidas, sino entre opresores y oprimidos: el imperialismo contra un país dependiente, más allá del gobierno que este último tenía.

Los militares, sin desearlo, desataron una movilización, que iba objetivamente en contra de ellos mismos, razón por la cual todas las potencias imperialistas, aún las más solidarias con la represión de la dictadura, se pusieron en contra de Argentina y colaboraron con la flota británica. En los hechos, Galtieri y los suyos ayudaron a gestar una realidad, que podía llevarse puesta a la dictadura militar y abrir una situación revolucionaria.

Eso es lo que entendieron los jefes imperialistas, que dejaron de lado sus diferencias y se unieron contra Argentina. EE.UU. y las potencias europeas, comprendiendo que la chispa encendida por Galtieri amenazaba con desatar un Tsunami antiimperialista. Lo mismo pasa ahora con la guerra de EEUU e Israel contra Irán, en la cual, como revolucionarios consecuentes, apostamos al triunfo militar de los persas, independientemente del carácter contrarrevolucionario de su gobierno. Así lo entendió la mayoría del pueblo iraní, que, después de haberse movilizado multitudinariamente contra los ayatolas, cerró filas en contra del ataque imperialista, comprendiendo que las libertades democráticas no vendrán de allí.

Los y las militantes del Partido Socialista de los Trabajadores nos alistamos en el campo militar argentino, desde el cual continuamos la lucha política contra Galtieri. Por eso, siempre dijimos que no había que suspender la resistencia obrera, porque, para derrotar a los piratas, teníamos que echar a la Junta Militar y reemplazarla por un gobierno del único sector social capaz de acabar con el imperialismo, la clase trabajadora.

Igual que ahora, en la guerra contra Irán, enfrentamos a los pacifistas, que creían que las tropas inglesas jugaban un papel progresivo, porque podían colaborar con la restauración de las libertades democráticas. Coherentemente con este planteo, agitmos la necesidad de expropiar a las empresas inglesas y por el levantamiento de todas las medidas restrictivas de la libertad y la democracia. Para Irán decimos lo mismo, ya que la mejor manera de que el pueblo enfrente a la coalición yanky-sionista, es contando con todas las garantías para organizarse y movilizarse.

La discusión política que dividió aguas en Malvinas tiene una gran vigencia histórica, porque las nuevas invasiones o ataques militares de países imperialistas contra colonias o semicolonias -como la ocupación de Ucrania por parte de tropas del imperialismo ruso y la agresión de EEUU e Israel contra Irán- obligan a los revolucionarios y las revolucionarias a dejar de lado la tibieza y posicionarse con audacia, única manera de disputar con éxito el liderazgo del movimiento de masas.

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