Cuanto más invierten en la guerra, más se hunden los yanquis


Por Damián Quevedo

La aventura militar de Donald Trump no lo está llevando solo a una enorme derrota militar y política, también está produciendo pérdidas gigantestas de dólares para la gran potencia del norte, que no podrá recuperar. La asimetría tecnológica, hasta ahora representó una desventaja económica para los imperialistas, que gastan miles de millones de dólares para atacar a un país que, repele esos ataques con un costo mil veces menor.

Analistas del Center for Strategic and International Studies (CSIS), un think tank especializado en defensa y política exterior, calcularon que, solo en los primeros seis días de la guerra, se habrían gastado 12700  millones de dólares, una cifra que incluye la provisión de municiones ofensivas y defensivas, pérdidas en combate y costos operativos. .

En ese marco, la defensa aérea, con interceptores como los del sistema THAAD contra drones y misiles iraníes, sumó 5700 millones. Las pérdidas en combate fueron de unos 1400 millones, mientras que las operaciones aéreas, navales y terrestres significaron una enorme erogación diaria, cerca de los 2700 millones, que se consumieron en gastos de combustible y mantenimiento.

Desde hace varias décadas, el imperialismo yanqui no puede movilizar a las masas para la guerra, por eso, a partir de la derrota de Vietnam, sus intervenciones comenzaron a involucrar cada vez más tropas mercenarias, como Black Water u otras empresas, haciendo que el negocio de la guerra les resulte mucho más caro que antes, cuando utilizaban solo soldados rasos.

A pesar de que Estados Unidos cuenta con un ejército numeroso, pertrechado con una tecnología muy superior al resto de las potencias, les sirve muy poco, porque  no puede enviar soldados a ocupar territorios, que es la única manera de ganar una guerra. ¡El problema para los yanquies, es que su sociedad, de manera mayoritaria, no acepta nuevas incursiones como las de Corea, Vietnam o Afganistán!

El complejo militar industrial de EEUU desarrolló armas avanzadísimas, pero, este fenomenal desarrollo científico y tecnológico, incrementó el constante y sistemático déficil de un Estado que está cada vez más cerca de la bancarrota. La industria militar atraviesa el mismo proceso que otras empresas capitalistas: la maquinaria, que reemplaza mano de obra, además de incrementar los costos de producción reduce la parte del capital que se valoriza, es decir, el trabajo humano.

Este proceso, que desde el marxismo denominamos “baja tendencial de la tasa de la ganancia”, es implacable y obliga a los yanquis a ir a fondo con sus políticas guerreristas, porque necesita conquistar los mercados de la competencia y destruir fuerzas productivas para recrear nuevos ciclos “virtuosos” como los que tuvieron lugar luego de las grandes guerras. Si Estados Unidos no consigue avanzar, las cuantiosas inversiones que está demandando la guerra, se le volverán en contra, profundizando la crisis terminal que está en curso.

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