Por Ernesto Buenaventura
Los últimos datos de la inflación, sumados al escándalo
de la renuncia del titular del INDEC -que se negó a seguir dibujando estadísticas-
demuestran que el gobierno fracasó estrepitosamente en uno de los pocos
aspectos de la gestión que podía presentar como un logro.
Sin embargo, el proceso inflacionario -cercano al 3%, como
las coimas de Karina- no es el único inconveniente. Tampoco lo sería, en un
contexto de crecimiento económico, en el cual la inflación sería una expresión avance
económico general.
El problema para los libertarios, es que este proceso de
depreciación del peso, licuación de los salarios y caída a pique de las ventas,
sucede en medio de un brusco freno de la economía, de estancamiento de la
producción, cierres de empresas y despidos.
Solo en noviembre de 2025, último mes
calculado, cerraron 892 firmas. Para noviembre de 2023, el sistema de riesgos
del trabajo sumaba 512.357 empleadores y 9.857.173 trabajadores. En el mismo
mes, pero de 2025, el contabilizó 490.419 empresas y 9.566.571 trabajadores.
Como resultado, en dos años, Milei fulminó a 21.938 empleadores y 290.602
trabajadores[i].
Este panorama surge de los datos oficiales, que no son
demasiado confiables, como bien lo demostró el escándalo alrededor de la
renuncia de Lavagna como jefe del INDEC. La crisis debe ser, seguramente, aún más
grave, en realidad, catastrófica.
Esta es el producto de la combinación de varios elementos
negativos, que los economistas denominan estanflación. Cuando la inflación se
combina con un gran retroceso económico, los precios suben, los salarios bajan
en relación a los productos y el consumo se contrae.
En este panorama trágico, el gobierno impulsa la ley de
reforma laboral, que ya tiene media sanción en el Senado y es casi segura su
aprobación en la cámara diputados. El principal argumento libertario y también
de la oposición patronal, es que, una menor presión para los empresarios
representaría la posibilidad de crear más puestos de trabajo.
Este es un mito que no resiste archivos, porque, a pesar
de que ese tipo de políticas se impuso en varios gobiernos, desde la dictadura
hasta la fecha, nunca creció el nivel de empleo. Además, la tendencia general,
siempre fue a que se deterioraran las condiciones laborales, con la
implementación de una batería de medidas antiobreras.
Por esa razón, y por culpa de todos los gobiernos
anteriores -macristas, peronistas,radicales y demás- lo que hoy predomina es el
empleo informal, la precarización e inestabilidad. Tal es así, que, en
diciembre del 2025, la tasa de desocupación nacional llegó al 8,9%, luego de
décadas de ataques al nivel de vida de los laburantes.
Todos estos sátrapas y canallas representantes de los
grandes capitalistas, mienten nuevamente al afirmar que la pérdida de derechos
redundará en mayor nivel de empleo (esclavo, cabe agregar) porque el
crecimiento del empleo no se puede separar de la totalidad de la economía.
Las empresas no cierran porque tengan que pagar salarios altos,
indemnizaciones o vacaciones, sino porque no encuentran mercados para su
producción. Mucho menos ahora, cuando la apertura de la economía hace imposible
la competencia para vastos sectores de la industria local.
Para frenar este proceso, que, de continuar, destruirá el
aparato productivo, dejando a la mayoría de su población en la miseria, hay que
acabar con el problema de los problemas, el sistema capitalista semicolonial.
Para eso, será necesario romper las cadenas de la dependencia con las grandes
potencias, no solo EEUU, sino también con quienes pretenden ocupar su lugar en
el patio trasero, los chinos y los europeos.
La segunda y definitiva independencia podrá ser
conquistada por el único sector social que se beneficiará en serio si lo consigue,
la clase obrera, liderando al resto del pueblo pobre. La izquierda debe ponerse
a la cabeza de esta lucha, trazando rayas con las organizaciones y partidos de
los capitalistas, que, de conjunto, trabajan para los imperialistas.

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