Por Ernesto Buenaventura
Pasó en diputados la reforma laboral, impulsada
por el gobierno nacional y que contó con el apoyo de la mayoría de la oposición patronal y la burocracia sindical peronista, que hizo
algunos gestos para enmascarar una de las traiciones mas grandes de la historia
de la clase trabajadora argentina.
Esa burocracia continúa alineada politicamente con PJ, que garantizó los votos que hacían falta para imponer la ley. Ya sea posibilitando el quórum o incluso votando a favor, diputados que
ingresaron al Congreso en 2023 en las boletas de Unión por la Patria, pero también en las elecciones legislativas de 2025 en
la lista de Fuerza Patria, garantizaron el éxito de la
propuesta del Gobierno. (Página12
20/02/2026).
En ese marco, y más allá de la rosca política y sindical, en la calle comenzó a gestarse un proceso de radicalización de la resistencia, que tomó impulso a partir del conocimiento -mediático y masivo- del
intento de hacer pasar el artículo 44, de
eliminación de las licencias por enfermendad.
El otro
acontecimiento que empujó aún más esta dinámica, fue el cierre de Fate, que puso en el
centro de la escena al plan de desindustrialización, que amenaza los puestos de trabajo de
millones. Fue así, que en muchas fábricas que no iban a parar, sus obreros decidieron adherirse a la medida de fuerza, a pesar de la pérdida de los premios por presentismo y del odio a los burócratas de sus respectivos gremios.
En las
asambleas y reuniones que se hicieron en estos establecimientos, los
trabajadores y las trabajadoras advirtieron que, después de FATE, podrían vernir por sus conquistas, salarios o puestos laborales. Sus parejas e hijos, muchos de los cuales también forman parte de la masa asalariada, presionaron para que se concretara la huelga, que, en cientos fábricas y escuelas fue masiva.
Fate también sirvió para que las bases comenzaran a darse cuenta
de que, hoy por hoy, existen dos caminos para enfrentar la crisis: el de los grandes capitalistas,
que apuestan a la motosierra, y el de los trabajadores, a los que nos les
queda otra que enfrentar y derrotar esta política con sus propios métodos, incluso los más contundentes.
Por eso, no es
casual, que muchos compañeros y compañeras hayan demostrado su simpatía con el “aguante” protagonizado por cientos de jóvenes en Congreso, poniéndole el pecho a la policía de Milei,
especialmente en los acontecimientos de la semana pasada, que fueron los más numerosos.
Los trabajadores y las trabajadoras también pudieron ver, que las únicas organizaciones que estuvieron desde el principio y se quedaron a
pelear, fueron las de la izquierda, que, si se decide, está en condiciones de aprovechar estas circunstancias para presentarse como la única opción política capaz de liderar coherente y
consecuentemente a la resistencia obrera y popular.
En definitiva, la huelga tuvo un carácter político, que marca un antes y un después en la actual situación, posibilitando que el movimiento de masas comience a pasar a la ofensiva y a discutir qué "modelo" de país hace falta para salir de la miseria después de acabar con Milei y los suyos.
La izquierda consecuente debe unirse en la acción para impulsar este debate y la construcción de un Estado Mayor de la resistencia, que la impulse y garantice la coordinación de las luchas, con el objetivo de avanzar hacia otro Argentinazo que eche a patadas al gobierno y conquiste la segunda y definitiva independencia nacional, sin la cual no habrá ningún tipo de progreso.

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