El gobierno nacional viene de obtener varios triunfos
parciales en el parlamento, pero está perdiendo mucho más de lo que ganó en la
calle, mientras que su entorno se divide y debilita. Aunque Milei todavía no acusó
recibo, el paro de la CGT y la crisis que puso en evidencia el cierre de Fate,
fueron duros golpes a su gestión, que pierde popularidad.
Luego de dos años de administración libertaria y a pesar
de haber ganado las elecciones intermedias, el ejecutivo nacional no puede
mostrar un solo logro que beneficie a la mayoría de la población. La inflación,
caballito de batalla libertario, no solo no ha parado de crecer, sino que que
ahora, combinada con el estancamiento, se está convirtiendo en estanflación.
Uno de los economistas más ultra liberales de Argentina,
Roberto Cachanosky, hizo referencia a esta situación, en un artículo de Perfil,
publicado el 14 de febrero https://www.perfil.com/noticias/nea/cachanosky-estamos-teniendo-inflacion-con-estancamiento-en-la-economia.phtml
“En síntesis yo diría que estamos teniendo
inflación con estancamiento en la economía, o sea estancamiento con inflación,
pérdidas de puestos de trabajo y además un último dato desde noviembre del 23
hasta agosto que es el último dato que da ARCA cerraron 15 mil empresas”,
detalló.
“No estamos en un proceso ni de recuperación
económica, ni de crecimiento ni nada que se le parezca. Estamos en un proceso
de aumento de la tasa de inflación con estancamiento en el nivel de actividad
económica”, finalizó Cachanosky.
La profundización de esta realidad económica, no solo
significa el derrumbe del relato oficial, que ya no puede sostenerse frente a
lo que todo el mundo ve con sus propios ojos, sino que tiene una consecuencia
más que adversa para Milei y los suyos, que es la pérdida de expectativas por
una parte importante de los trabajadores y el pueblo, incluidos amplios
sectores que votaron al gobierno.
Esta pérdida creciente de apoyo está siendo acompañada
por un constante proceso de aislamiento y enfrentamiento del gobierno con
fracciones significativas del empresariado argentino. Este punto deja cada vez
más en claro que Milei -que gobierna como un simple delegado de Donald Trump- no
responde a ningún sector de la burguesía local, como sí ha ocurrido con sus
predecesores del peronismo y Cambiemos.
En ese sentido, y más allá de las intenciones de los
burgueses autóctonos, existe una imposibilidad objetiva de conciliar sus
intereses con los de las potencias imperialistas, ya que compiten por los
mismos mercados. Por esa razón, el acuerdo con Estados Unidos contiene infinidad
de cláusulas proteccionistas para la producción yanqui y casi nada al servicio
de las patronales de estas tierras.
Por el aislamiento y los enfrentamientos con las
fracciones capitalistas locales, el apoyo conseguido por el ejecutivo para
hacer avanzar algunas de sus medidas más reaccionarias, es volátil y está atado
a las posibilidades del ejecutivo de otorgar fondos a las provincias, los
burócratas sindicales y la “casta” política, con una caja cada vez más chica,
que, por lo tanto, no alcanza para satisfacer los requerimientos de todos.
Es por eso, que en medio de la carrera por la reforma
laboral, Milei no pudo impedir que la vicepresidente, Victoria Villarroel, con
quien mantiene un enfrentamiento público, inicie una no declarada campaña
electoral propia, con declaraciones públicas contra la política económica del
gobierno nacional y reuniones con aliados de Kiccilof, como el gobernador de La
Rioja Ricardo Quintela.
Mientras el presidente Javier Milei hace dos
años que no recibe a los obispos y en cambio sí con frecuencia a pastores
evangélicos -su principal organización acaba de apoyar la baja de
imputabilidad, pero pidiendo un abordaje integral del problema-, Villarruel
inauguró un oratorio católico en el Senado. Días pasados, durante una visita a
La Rioja con ocasión de la fiesta de La Chaya, la vicepresidente se reunió con
el obispo provincial y titular de la Pastoral Social, Dante Braida, y por
primera vez visitó la tumba de una víctima de la dictadura: la del beato
monseñor Enrique Angelelli[i].
La Iglesia Católica, que en Argentina tiene mucho poder,
tampoco tiene buena relación con Milei, porque el presidente -en su afán de
seguir a Trump- ha roto varios puentes con los capitalistas europeos, que el
Vaticano expresa y trata de representar. Esto fue aprovechado por Villarroel,
que busca posicionarse como una alternativa de recambio menos extrema que la
del presidente y su banda de piratas.
A tal punto esto, que la vice viró en los hechos en 180
grados en cuanto a su postura sobre la dictadura, porque pasó de una postura de
defensa lisa y llana de los genocidas -en la campaña electoral del 2023- a
reunirse con la fracción más progre de la Iglesia, que tiene una línea
absolutamente distinta, ya que suele condenar a los genocidas del Proceso.
El movimiento de masas y particularmente la clase obrera,
que comenzó a levantar la guardia -una expresión de esta dinámica fue el gran
acatamiento de las bases al Paro de la CGT- está empezando darse cuenta de la
debilidad oficialista y la fragmentación de los partidos patronales. En ese
marco, espere pacientemente la aparición de otra opción política, un nuevo
espacio que le proponga seriamente un camino para salir de la crisis.
La izquierda tiene la oportunidad y las condiciones para ocupar ese lugar, porque es el único sector que aparece siempre al frente de todas las luchas. Pero, para conseguirlo, los partidos que se reivindican del socialismo y la revolución, no pueden aparecer pegados al cadáver maloliente del PJ, tienen que trazar rayas claras, para que los trabajadores y las trabajadoras no la confundan como una variante más de la “casta” inmunda a la que rechazan de manera taxativa.
[i]
Clarín 21/02/2026
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