El coloquio de IDEA, un evento en el que se reúnen anualmente los grandes capitalistas del país, tendrá este año una importancia significativa, ya que sucederá a pocos días de las elecciones en una coyuntura, que, más allá del resultado final de los comicios, continúa siendo muy complicada para el gobierno nacional.
Las patronales que participarán allí apoyan la política libertaria de ajustar a los trabajadores, ya que todos ganan fortunas con la súper explotación de sus empleados. Sin embargo, la mayoría de estas tienen diferencias en cuanto a la apertura y la subordinación total a los dictados de Donald Trump.
Este es el caso de las empresas productoras de aluminio y otras fracciones capitalistas no menos importantes, como el sector agroindustrial o los productores de comodities, cuyo principal mercado no es Estados Unidos, sino China, para lo cual compiten con los productores yanquis.
En ese sentido, el reclamo a Milei de las fracciones ligadas al agro choca de manera frontal con algunas exigencias del imperialismo yanqui al gobierno nacional, que está atado de pies y manos al carro de Donald Trump y el imperialismo yanqui.
Los principales líderes de la
agroindustria definieron su propia agenda en el marco del 61° Coloquio IDEA.
Aunque apoyaron la búsqueda del equilibrio fiscal como eje de cualquier
programa económico, también advirtieron que para que el campo pueda salir a
competir tiene que haber inversión en infraestructura, que la Argentina se abra
al mundo vía acuerdos comerciales y que se reduzcan las cargas tributarias[1].
Si bien Javier Milei prometió eliminar las retenciones, la posibilidad es cada vez más lejana, o que el gobierno nacional realice una importante inversión en infraestructura (especialmente en rutas y puertos) ya que el transporte es un ítem clave a la hora del abaratamiento de los costos de producción.
Scott Bessent es, hoy por hoy, el enemigo más visible de los agro productores, ya que exigió que Argentina mantenga las retenciones sobre la soja, para que estos no puedan competir con los farmers yanquis, que pretenden recuperar el mercado chino, del que fueron desplazados por Brasil y Argentina a raíz de la guerra arancelaria de Trump.
El gobierno de Milei, que está acorralado entre la presión del imperialismo yanqui y uno de los sectores más fuertes del capitalismo local, ha perdido el apoyo de la mayoría de la patronales, lo cual exacerba y radicaliza aún más la crisis política y social en curso. Por eso no es casual, que, a pesar de la inyección de dólares del Tesoro yanqui para abaratar el dólar local, el precio de los verdes continúa subiendo.
En medio de la crisis económica nacional e internacional, no hay condiciones para que el poder ejecutivo haga equilibrio entre los capitalistas sin caer al vacío. Es que la guerra comercial se metió de lleno en la política nacional, y, por lo tanto, ubica a las patronales en lugares opuestos del mostrador, empujándolas hacia una especie de “guerra civil”, por ahora de carácter comercial.
Un mal resultado para el gobierno en la elección del domingo, que será un verdadero plebiscito sobre su gestión, podría dejarlo sin el salvataje yanqui, como bien lo aclaró Donald Trump. Esto, que significaría un salto de calidad en la crisis económica, podría empujar a Milei al abismo, situación para la que se están preparando los capitalistas, que, no casualmente, vienen pergeñando una alternativa de recambio alrededor de la liga de gobernadores.
El problema para Milei, los partidos de la oposición patronal y los capitalistas argentinos, es que Argentina comience a sintonizar la frecuencia del movimiento de masas internacional, que está protagonizando una nueva y potente oleada de rebeliones. Estos levantamientos populares, que comenzaron en Asia y se están trasladando a Europa y al norte del continente sudamericano, echarán por tierra todos los planes de estabilización del régimen semicolonial argentino.

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