Trump, acosado por el movimiento de masas, que lucha en defensa de sus libertades y condiciones de vida
El imperialismo yanqui atraviesa la crisis más profunda de su historia, no por la gravedad de la situación económica, que no llegó a picos como en 1929 o 2008, sino porque pronto puede perder la hegemonía mundial, que logró luego de la Segunda Guerra y mantuvo hasta ahora.
Este retroceso en el tablero del
capitalismo mundial golpea a buena parte de la sociedad norteamericana y pone
en crisis a la superestructura política, el régimen bipartidista, que, a partir
de la llegada al poder de Donald Trump, se resquebrajó espectacularmente. Una
expresión de esta dinámica, fue la toma del Capitolio por parte de los
seguidores de Donald Trump desconociendo el triunfo electoral de Joe Biden.
Esta situación no se resolvió con la vuelta de Trump al salón oval de la Casa Blanca, sino que se profundizó a partir de las medidas políticas y económicas impuestas por el líder republicano, como el aumento de los aranceles para combatir el avance del imperialismo chino y la ofensiva sobre el periodismo y la libertad de expresión.
En ese marco, las políticas anti inmigrantes trumpistas agravaron también aún más la difícil situación de amplios sectores de la clase trabajadora y el pueblo más pobre, que, en los últimos meses, vienen protagonizando grandes acciones de repudio contra el plan de ajuste y los ataques antidemocráticos del gobierno federal.
Cerca
de 2600 actos de protesta “No Kings” (Sin reyes) tienen lugar este sábado en
todo Estados Unidos, una masiva movilización en la que los participantes
denunciaron las tendencias autocráticas y las acciones antidemocráticas del
presidente Donald Trump[1].
Este proceso, que forma parte de la oleada de movilizaciones y rebeliones que se iniciaron en Oriente y continuaron en Europa y Latino América, tiene un carácter particular, ya que debilita al imperialismo yanqui, justo en momentos en que la guerra comercial con China se agudiza y extiende a prácticamente todo el planeta.
Las condiciones que dan lugar a estas movilizaciones en EEUU no son producto del gobierno de Trump, más allá de que este las empuja, sino que son la respuesta del movimiento de masas que intenta preservar sus derechos elementales, en un período en el que la burguesía imperialista gira hacia la derecha para eliminarlos.
La crisis y la tendencia hacia la transformación de la guerra comercial en una contienda militar van de la mano de un proceso de endurecimiento de los regímenes, que intentan cambiar los mecanismos parlamentarios por otros, de carácter bonapartista o directamente dictatoriales.
En esta situación se vuelve importante,
para el movimiento de masas, la lucha por la defensa o conquista de las libertades.
Esta pelea adquirirá características revolucionarias, porque el capitalismo, en
su etapa de mayor decadencia, no está en condiciones de garantizar la vigencia de
estas conquistas democráticas.

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