El último anuncio del gobierno, sobre su decisión de intervenir en el mercado de cambios, puso en alerta a quienes -hasta hace poco- veían con agrado la política económica de Milei y Caputo. Los mercados, es decir los grandes capitalistas, están comenzando a temer por la economía de Argentina, cuyo gobierno está a la deriva.
A días de las elecciones el ministro de economía busca
controlar el dólar, que se disparó en los últimos días, con un recurso gastado
e ineficaz, la venta de reservas del BCRA. La
apuesta oficial es que el dólar frene la escalada y para ello se utilizarán las
divisas que posee el Tesoro en el Banco Central: unos u$s1.700 millones. En ese
contexto, la City pone el ojo en la capacidad de pago de la deuda soberana, que
se derrumbó hasta casi 3% en esta rueda, y activó una nueva suba en el riesgo
país, ya cercano a los 900 puntos.
Luego de que el gobierno anunciara con bombos y platillos la libre flotación (que nunca existió) ahora retrocede en chancletas, para implementar el mismo esquema que utilizaron todos los gobiernos anteriores en tiempos de crisis. Este es un gesto de desesperación, en el que queman los últimos cartuchos y aceleran la crisis de deuda, que es una preocupación de los organismos financieros, que pueden soltarle la mano al gobierno en el caso de una implosión de la economía.
Esta desesperación no afecta solo el rumbo de la economía, es también política, ya que Milei, que atraviesa el peor momento de su gestión, reacciona echando nafta al fuego, tratando de censurar a la prensa. Para eso, primero consiguió una medida cautelar, que prohíbe la difusión de nuevos audios de la hermana del presidente. En ese marco, la ministra Bullrich reclamó que se allanen los domicilios de los periodistas que dieron a conocer las escuchas, un tiro en los pies del oficialismo.
La crisis política es tan grande, que es probable, que, de manera preventiva, sean los propios capitalistas, los que se saquen de encima a Milei, ya que continúa demostrando que incapaz de gobernar la Argentina. Su gestión potenció todos los problemas que arrastraba el gobierno anterior. Los grandes empresarios, de acá y de afuera, tienen miedo de que la bronca social, que se está expresando a través del ausentismo electoral, se transforme en rebelión.
Para acabar con Milei, los capitalistas podrían utilizar
los medios institucionales, pero no hay que descartar que utilicen otros, si es
que la crisis se les va de las manos. Más allá de esta cuestión, los
trabajadores y el pueblo deben aprovechar las actuales circunstancias, para
ganar las calles y salir a pelear por sus reivindicaciones más sentidas, asumiendo
que no habrá posibilidad de ir a fondo con sus demandas si no destruyen al
capitalismo, que es el causante de todos los males que sufren los y las de
abajo.

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