Por Musa Ardem
La abrumadora y rápida derrota del gobierno nacional en el Congreso, fue otro golpe que dejó a la administración libertaria al borde del abismo. Luego de la paliza recibida en las elecciones y las sucesivas derrotas parlamentarias, el rechazo al veto presidencial -para el financiamiento de salud y educación- fue el tiro de gracia, que, en los hechos, acabó con el plan del gobierno.
La Cámara de Diputados le dio un
golpe demoledor al oficialismo y puso freno a la motosierra que el gobierno
ejecuta en salud y educación. Con una mayoría que superó los dos tercios, la
oposición rechazó los vetos presidenciales a la Emergencia en Pediatría y al
Financiamiento Universitario, dos temas que lograron movilizar
a la calle y fracturar la estrategia libertaria. Ambos proyectos pasan ahora al
Senado, que podría tratarlos el próximo 2 de octubre[1].
La rapidez con la que se resolvió la votación puso de manifiesto la preocupación de los legisladores por lo que podría pasar en la calle. Todavía están frescas en sus memorias las batallas de 2017, cuando el gobierno de Mauricio Macri intentó un ajuste, aunque menos profundo, a las jubilaciones. Por todo esto, los partidos patronales resolvieron rápidamente votar, de manera de evitar un hipotético desborde en la Plaza de los Dos Congresos.
Ese es el aspecto principal de la situación, ya que los representantes capitalistas se han dado cuenta de que la crisis y los derrapes constantes de Milei, podrían convertirse en la chispa que encienda el fuego de otra rebelión popular, como las que explotaron años atrás en Argentina, o, peor aún, como la que tuvo lugar hace pocos días en Nepal, que está marcándole el camino al movimiento de masas internacional.
La situación política nacional está comenzando a cambiar de manera cualitativa, con un cambio sustancial de las relaciones de fuerza entre las clases. Por esto, es más que probable que estemos en el inicio de una situación prerrevolucionaria, que no es solamente el producto de un salto en la movilización, que todavía está en pañales, sino el resultado de la combinación de varios elementos objetivos y subjetivos, como la crisis económica, las salvajes peleas en el oficialismo, los errores en la gestión libertaria, los efectos de la guerra comercial, etc.
Más allá de los intentos de todos los partidos patronales, en cuanto a evitar que el conflicto se resuelva en la calle, la experiencia que vivieron ayer los trabajadores es clave,, porque la mayoría sacó la conclusión de que Milei retrocedió debido a la gran movilización. Este acontecimiento marcará la consciencia del pueblo, que entendió que las condiciones para pasar a la ofensiva están más que maduras.
El camino de aquí a octubre será muy largo para Milei, porque prácticamente no existen posibilidades de que La Libertad Avanza revierta el resultado electoral, ni, mucho menos, que Caputo y sus secuaces aplaquen la debacle de la economía nacional. Los libertarios están acorralados en el parlamento, en medio de una crisis económica inédita y acorralados por la protesta social, que está a punto de estallar.
Tras la venta de divisas para
controlar al dólar en la previa de las elecciones legislativas en terreno bonaerense, el
Tesoro se quedó con aproximadamente u$s1.100 millones en las arcas en el Banco
Central (BCRA) pero los abultados vencimientos de deuda hasta enero inclusive
ascienden a u$s8.100 millones. Esto implica que la administración de Luis
Caputo al frente de la cartera de Economía tiene los días contados para
conseguir las divisas que le faltan[2].
Este escenario es el peor para el gobierno, razón por la cual los partidos patronales de la oposición y la mayoría de los aliados de Milei, trataron de mostrarle al pueblo, que no fue la lucha, sino el parlamento -una de las instituciones fundamentales del régimen- el que puso en vereda al “León”. En ese marco, un sector importantísimo de la burguesía está especulando con la posibilidad de desprenderse -ordenadamente- de Milei antes de que finalice su mandato, antes que la rebelión social cumpla lo haga de manera expeditiva.
Los trabajadores deben aprovechar este contexto, asumiendo que, si se deciden, están dadas las condiciones para que le peguen un golpe mortal a la motosierra y a quienes la manejan. Hay que ir por todo, porque para defender de verdad las conquistas y el salario, no queda otra que echarlos e imponer un cambio de fondo. Hace falta otro Argentinazo, que convierta al país en una gran asamblea, donde los y las de abajo discutan y resuelvan qué hacer con el país, de acá en más.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario