Por Ernesto Buenaventura
El presidente de China, Xi Jinping, y su homólogo de Rusia, Vladimir Putin, hablaron sobre la inmortalidad y las nuevas tecnologías para prolongar la vida antes del gran desfile militar celebrado el miércoles en Pekín, una conversación captada por micrófonos de los medios estatales que estaban abiertos. (El Economista, 4 de setiembre)
Este diálogo enfureció a Donald Trump, que, debe tener las mismas pretensiones, en cuanto a la inmortalidad, que sus rivales asiáticos. Sin embargo, lo que más irritó al mandamás yanqui fue la visita, al desfile militar chino, del jefe del imperialismo ruso y el primer ministro de India, Narendra Modi.
La presencia de ambos representa el avance de los chinos sobre mercados enormes y la posibilidad de conformar una alianza política, económica y militar capaz de disputarle la hegemonía a los yanquis en todos los terrenos. Rusia e India tienen poderosos ejércitos, un inmenso mercado y la capacidad de proveer combustibles, por un lado, y mano de obra barata, por el otro.
La relación comercial entre India y Rusia fortalece esta perspectiva: El
comercio entre India y Rusia se ha incrementado considerablemente en los
últimos años, alcanzando un récord de 68.700 millones de dólares en el año
fiscal 2024-25. Las importaciones desde Rusia llegaron a unos 64.000 millones
de dólares, mientras que las exportaciones desde India totalizaron
aproximadamente 5.000 millones de dólares[1].
La asistencia a la celebración de Xi de los jefes de Estado de estos países, que conforman y apuntalan el BRICS, fue un gesto mediante el cual -directa o indirectamente- reconocen el papel del imperialismo chino en el mercado internacional y, por lo tanto, define su posicionamiento dentro de la guerra comercial. Esto significa un retroceso grande de Trump, luego de su precario acuerdo con Putin para repartirse Ucrania.
El imperialismo chino avanza a pasos agigantados en la pelea por los mercados que dominaba EEUU. Es prácticamente imposible que esta disputa interimperialista se resuelva pacíficamente. En ese sentido, el diálogo “frankesteniano” entre Xi y Putin, es una charla entre quienes pretenden acabar con la hegemonía mundial yanqui y reemplazarla con un nuevo imperio que se perpetúe eternamente. ¡El sueño de cualquier déspota!
Los trabajadores no
deben tomar partido por ninguno de los bloques en disputa, sino combatirlos por
igual. La derrota de todas las potencias y el sistema capitalista -que es la
base de todos los males- evitará una catástrofe apocalíptica. La victoria de los
pueblos sobre estos aspirantes a la inmortalidad, podrá dar paso a la
construcción de un mundo en paz y en el cual, el fruto del trabajo, se reparta
de manera equitativa, el Socialismo.
[1] Infobae 05/09/2025

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