Luego del
bochornoso y escuálido acto de cierre de la campaña electoral bonaerense, el
presidente Milei viajó a Estados Unidos para tomar contacto con Michael Milken,
un mafioso yanqui de amplia trayectoria en el mercado de bonos. Gordon Gekko, el
villano especulador de la película Wall Street, protagonizado por Michael Douglas
-y dirigida por Oliver Stone- está inspirado en este personaje siniestro.
Milken se
ganó el apodo de “rey de los bonos basura”, con los que ganó fortunas inmensas
en la década de los '80. Según cuenta Página 12: Su debacle comenzó en los
años 90: se declaró culpable de seis cargos relacionados con fraude,
manipulación precios y evasión de impuestos. Fue multado con el pago de 600
millones de dólares y sentenciado a 10 años de prisión, aunque fue liberado
después de cumplir dos años de la pena tras cooperar con los investigadores del
gobierno.
Pero, para
el presidente argentino, Milken, lejos de ser un gangster de las finanzas, como
su ministro Caputo, es alguien que “se ha mantenido incolumne defendiendo los
verdaderos principios del capitalismo y las ideas de la libertad". (Página
12, 4 de setiembre) En 2020, Milken fue perdonado por el presidente Donald
Trump, como parte de una serie de indultos y conmutaciones de pena a personas
de esta calaña, sin embargo, todavía tiene prohibido de por vida trabajar en la
industria de valores.
El pequeño acto
de cierre y el espectacular despliegue de fuerzas para proteger a Milei y su
banda, expresan -patéticamente- la situación de debilidad en la que se
encuentra el gobierno, cuyo presidente no puede salir a la calle sin cosechar insultos.
Este viaje, cuyo objetivo es mendigarle algunos dólares a Milken, ratifica la
pérdida de poder de la gestión libertaria, que está siendo abandonada, incluso,
por quienes le venían prestando los cuantiosos fondos que le permitieron
mantenerse en pie, hasta ahora.
Más allá
del resultado de las elecciones, que puede, o no, reflejar de manera rápida y
directa, la caída de la popularidad de Javier Milei, se aproxima un período de
grandes convulsiones sociales, que, como muchas de estas, comienza con una
crisis y grandes peleas en las alturas del poder. El gobierno está dividido,
con dos bandas que se están matando entre sí, generando problemas que deben ser
aprovechados por el movimiento de masas, para pegarle la estocada final, a
través del Argentinazo que reclaman las actuales circunstancias.

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