Por Juan Giglio (adjunto la nota que entregué a la comisión organizadora del homenaje a Graciela y otras estudiantes y docentes desaparecidas del Normal 3, del barrio de San Telmo)
Comencé a militar en 1974 en el mes de mayo en la facultad de Agronomía, donde tomé contacto con distintos compañeros y compañeras del PST, Partido Socialista de los Trabajadores. Entre ellos estaba Eduardo Poyastro, estudiante de Ciencias Exactas y empleado del Banco Galicia, quien fue, dentro del equipo militante estudiantil, mi primer "responsable" político .
Con él y su pareja, Graciela Monari, compartimos salidas al cine o a tomar mate a la casa de la mamá de ella, domicilio en el que fueron secuestrados el 25 de noviembre de 1976. Ese día, por casualidad, no me llevaron con ellos, porque llegué al lugar un par de horas después del secuestro y la patota no dejó ningún retén, como era habitual.
Aunque los recuerdos de casi 50 años atrás son muy borrosos, me acuerdo de ciertos instantes de felicidad compartida, como aquella vez que Eduardo hizo un chiste sobre el filósofo alemán, Hegel, o, cuando Graciela trató -cómica e infructuosamente- de imitar a la gran bailarina rusa, Maya Plisetskaya.
“Nada de lo humano me es ajeno”, dijo alguna vez Carlos Marx, cuya teoría política y filosófica adoptamos Graciela, Eduardo y yo desde pibes, tan jóvenes como la imagen que tengo de ambos, tanto tiempo después. Su recuerdo ha sido siempre motor de mi vida militante, que aún continúa.
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