viernes, 11 de julio de 2025

Crisis de la economía y la institucionalidad libertaria, nueva oportunidad para la izquierda revolucionaria


Por Damián Quevedo

La crisis política del gobierno nacional tiene su causa fundamental en la economía, una materia, que, aunque parecía ser el punto fuerte de Javier Milei, es exactamente al revés, ya que representa su principal debilidad.  

La ruptura con los gobernadores dialoguistas, que acaban de votar un aumento a las jubilaciones y en el presupuesto para discapacidad, es un producto directo y genuino de la inexistencia de una “caja” nacional que alcance para repartir los fondos que reclaman las provincias para garantizar su funcionamiento.  

Milei había podido concretar ciertos acuerdos con los mandatarios provinciales con promesas, gracias a las cuales logró que se vote la “Ley Base” y una cantidad importante de decretos de necesidad y urgencia. Sin embargo, estos triunfos son efímeros, porque el tesoro no cuenta con dólares suficientes para cumplir con lo que se prometió.

En ese marco, la apabullante derrota legislativa no vino sola, sino acompañada por otro capítulo de la pelea entre Javier Milei y la vicepresidente, que se expresó a través de acusaciones escandalosas entre esta última y la ministra de seguridad Patricia Bullrich, que culpabilizó a Victoria Villarruel por lo sucedido en el Senado.  

Detrás de este sainete pende la espada de Damocles de la deuda externa y el desazón de los funcionarios del FMI, que son conscientes de la extrema debilidad del plan Caputo. El ministro de economía les pidió tantas prórrogas, que ya han asumido que los libertarios no podrán cumplir con lo pautado, mucho menos en el actual contexto recesivo.  

Las reservas acusaron una contracción de US$ 2.928 millones esta semana debido al pago de un vencimiento de deuda externa por US$ 4.225 millones y perforaron los US$ 39.000 millones. Los compromisos en Bonares y Globales retrotrajeron el nivel a US$ 38.792[1] 

Milei acaba de repetir, que el de Menem fue el “mejor gobierno de la historia argentina”. ¡El presidente quiere repetir, e incluso profundizar, el ajuste brutal que perpetró su ídolo, pero sin contar con el colchón de dólares que consiguió el riojano “más famoso” con la venta de las “joyas de la abuela”, las empresas del Estado, que hoy ya no existen!  

Además, la capacidad productiva retrocedió años luz si se la compara con la época menemista, lo cual significa que Argentina depende -casi exclusivamente- del ingreso de divisas provenientes de la exportación de materias primas, que, para colmo de males, están limitadas, debido a la negativa a liquidar lo cosechado por parte de los productores agropecuarios, que exigen un dólar más alto.  

Por todo esto, la única manera de conseguir verdes es con más endeudamiento, un mecanismo que se agotó. Por un lado, por la enorme e impagable deuda que acumulada, y, por el otro, por la desconfianza de quienes deciden otorgar esos créditos. Más allá de los próximos resultados electorales, la economía nacional se encamina hacia una fenomenal crisis de deuda, muy superior a las anteriores.  

Esta situación empujará, tarde o temprano, a un rebrote de la inflación, que diluirá rápidamente todo el capital político de Milei, que deberá hacer malabares en un contexto internacional que lo perjudica aún más. Los dueños del mundo se están peleando entre sí y no cuentan con ningún margen para otorgar concesiones a países periféricos, como Argentina. Gane quien gane la contienda, intensificará el saqueo de los recursos naturales y sociales de sus colonias.   

Un indicador de esta tendencia catastrófica es el aumento del dólar, que, en pocas semanas, se disparó mucho más de lo pensado por Milei, que había asegurado, que el billete estadounidense, con la política de “flotación” y menos intervención del Estado, tenía que plancharse en los 1000 pesos. Sin embargo, hoy supera los 1200 y continúa empujando hacia arriba.   

Los representantes del poder judicial y del resto de la “casta” -políticos, sindicalistas, etc.- tratan de sacar provecho de la crisis libertaria. Pero, a pesar de esta actitud, normal entre los que viven a costa del Estado y el trabajo ajeno, ninguno de ellos, por más opositor que sea, quiere que se produzca una salida abrupta del gobierno, que implicaría una mayor crisis del régimen, el andamiaje institucional que todos se desviven por manejar.

Por esa razón, los y las de arriba ya están preparando un “aterrizaje controlado”, una política para impedir que todo explote todo por los aires. Las causas que se acumulan contra el gobierno en la justicia y el intento de jerarquizar la discusión parlamentaria, por parte de los opositores, especialmente los del PJ, forman parte de este salvataje del régimen "democrático burgués" que une a tirios y troyanos. 

La izquierda no debe sumarse a estas maniobras, tiene que hacer todo lo contrario, incentivando la construcción de una salida de revolucionaria, con otro Argentinazo que haga cierta la consigna que retumbó en las paredes de todas las ciudades de Argentina en las grandes movilizaciones de 2001: ¡Que se vayan todos y no quede ni uno solo!

Para que la crisis la paguen los que la provocaron, los capitalistas, deberán gobernar quienes nunca lo hicieron y siempre sufrieron las consecuencias de los planes de ajuste: los trabajadores, apoyados en una institucionalidad realmente nueva, que surgirá a partir de multitudinarias asambleas democráticas en los lugares de trabajo, de estudio y las barriadas populares. Sobre las mismas se podrá crear un régimen opuesto por el vértice al actual, el de la democracia directa.



[1] Perfil 10/07/2025

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