Por Ernesto Buenaventura
El nuevo
Papa -un estadounidense que pasó la mayor parte de su vida en Perú- “continuará
la obra de Francisco”, maquillando con ciertos toques populistas la línea estratégica
de la Iglesia Católica, que no es otra que la defensa de los intereses de los grandes
capitalistas, especialmente italianos, ya que el Vaticano tiene acciones en
varias multinacionales de ese país.
El cardenal
Robert Prevostc se puso el nombre de León XIV, en homenaje a León XIII (1878-1903)
quien, en un período de grandes rebeliones obreras, creó la denominada “Doctrina
Social de la Iglesia”. Esta encíclica tenía un propósito más que claro: combatir
y aplastar las ideas anarquistas y socialistas, que los curas tildaron de “satánicas”.
A través de
ese dictamen, denominado Rerum Novarum (1891), la Iglesia acusaba a los
revolucionarios de “atizar el odio de los indigentes contra los ricos” para “acabar
con la propiedad privada… ejerciendo violencia contra los legítimos poseedores”.
¡Para la Iglesia, las propiedades de los capitalistas son “sagradas”!
Por si esto
fuera poco, León XIV forma parte de las altas jerarquías de la Iglesia
Católica, que fueron acusadas de proteger a los curas abusadores de Estados
Unidos. Bergoglio, que dijo estar en contra de estos personajes, nunca hizo
nada en contra del ex cardenal Robert Prevostc, que formaba parte del “círculo
rojo” de sacerdotes que rodeó al Papa Francisco durante todo su mandato.
Aunque
respetamos las creencias religiosas de los fieles católicos, como socialistas no
festejamos la asunción de este ni de ningún otro Papa, porque son jefes de una institución
contrarrevolucionaria. La Iglesia, que es enemiga de la clase trabajadora, predica
para que la mayoría de la población acepte mansamente todas las pestes que
provienen del capitalismo, con la promesa de una “recompensa” luego de la
muerte.

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