domingo, 13 de abril de 2025

Donald Trump retrocedió en chancletas con su política de aranceles, otra muestra más de la debilidad del imperialismo yanqui


Por Damián Quevedo

El presidente yanqui avanza y retrocede en chancletas con su guerra comercial, viéndose obligado a tomar medidas para disputarle mercados al gigante asiático, debido a la pérdida de hegemonía de los Estados Unidos en manos de China. 

Al hacerlo, Trump no solo perjudica a empresas chinas sino también a capitalistas propios, debido a la gran interdependencia productiva entre ambas potencias, razón por la cual tuvo que cajonear aranceles relacionados a la importación de teléfonos inteligentes y computadoras. 

El Gobierno estadounidense anunció este sábado una serie de exenciones arancelarias para teléfonos móviles, ordenadores, microprocesadores y otros productos electrónicos que se aplicarán a los gravámenes ordenados el pasado 2 de abril por el presidente Donald Trump. 

Las exenciones, publicadas en un boletín de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza del país, representan una limitación de los gravámenes al excluir estos productos de dos tipos de aranceles: el arancel del 125% aplicado a China y el arancel base del 10% para casi todos los demás países[1]. 

El gobierno republicano está atrapado en una ecuación que no puede resolver, ya que, hasta el momento, su política arancelaria perjudica más a empresas y consumidores yanquis que a los de las otras potencias. La raíz del problema es que producir en Estados Unidos resulta más caro que en China, lo cual se ve reflejado tanto en la conquista de mercados como en el comercio entre ambos. 

El comercio de bienes entre ambas potencias económicas ascendió a unos US$585.000 millones el año pasado. Pero EE.UU. importó mucho más de China (US$440.000 millones) de lo que China importó de EE.UU. (US$145.000 millones).

Esto dejó a EE.UU. con un déficit comercial con China (la diferencia entre lo que importa y exporta) de US$295.000 millones en 2024. Se trata de un déficit comercial considerable, equivalente a alrededor del 1% de la economía estadounidense[2]. 

Para ganarle a China, a EE.UU. no le alcanzará con los aranceles, sino que debe encarar dos caminos diferentes, o, quizá, ambos. Uno, es conseguir un aumento excepcional de la productividad, para lo cual debería aplastar cientos de conquistas y el nivel salarial de la poderosísima clase trabajadora yanqui. El otro, destruir a su rival en una guerra directa, como hicieron, a lo largo de la historia, todos los imperios victoriosos.  

Como la primera opción resulta, hoy por hoy, casi imposible de lograr, a los yanquis no les queda otra que prepararse para la guerra. Los trabajadores y trabajadoras de Estados Unidos y sus colonias, como Argentina, deben enfrentar esta perspectiva, porque, en caso de concretarse, serán los principales perdedores, triunfe una u otra potencia.

Para eso, será necesario agitar las banderas de la liberación nacional, planteando la necesidad de romper el yugo de la dependencia, tanto con los yanquis, como con todos sus rivales, sean estos chinos, europeos, rusos o japoneses. Liberación que se conquistará, solo si se va a fondo contra el capitalismo, imponiendo una salida de fondo, una salida revolucionaria, de carácter obrero y socialista.


[1] Infobae 12/04/2025


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