jueves, 2 de enero de 2025

Otro aniversario de la caída del dictador tunecino Ben Alí, al poco tiempo del derrumbe de Bashar al Assad.... la Primavera renace


 Por Musa Ardem

En enero de 2011 cayó el dictador de Túnez -Zine El Abidine Ben Alí- que tuvo que huir hacia Arabia Saudita. Esta fue la primera gran victoria del proceso revolucionario abierto a mediados de diciembre de 2010, conocido como Primavera Árabe. Miles de jóvenes sin trabajo y precarizados ganaron las calles, luego de que Mohamed Bouazizi se prendiera fuego para repudiar la confiscación de las mercancías de su negocio callejero por parte de la policía de la ciudad de Sidi Bouza.

El Mar Mediterráneo, que fue durante miles de años el escenario de cientos de batallas por la supremacía comercial, se convirtió en centro mundial de la resistencia obrera y popular contra los planes del imperialismo. En esos años, desde Washington, se llevaba adelante -junto con sus aliados imperialistas- un ambicioso plan de “salvataje” para evitar el derrumbe de las entidades financieras imperialistas, que entraron en crisis profundísima a partir de la debacle del Lehman Brothers.

Las aguas de este mar bañan el suelo de tres continentes y veintitrés países, como Italia, Francia, España, Grecia, Israel, Turquía, Siria, la Franja de Gaza, Argelia o Túnez, donde se produjeron réplicas de distintas magnitudes de los acontecimientos revolucionarios originados en Túnez. Tal es así, que, desde aquellos días prácticamente no hubo una región en la que no estallaron grandes huelgas generales, movilizaciones e insurrecciones, que llegaron a infectar las entrañas del monstruo imperial más grande, los EE.UU.

Para frenar esta dinámica, desde las alturas del poder imperialista recurrieron a una herramienta inédita, la de aterrorizar al movimiento de masas con la agitación del avance del “peligro invisible”, el coronavirus, para que cesen las movilizaciones y los trabajadores se recluyan en sus casas. Con esta línea, sumada a las políticas represivas más brutales -como el genocidio perpetrado por al Assad contra su pueblo- los capitalistas frenaron el gran ascenso revolucionario, aunque apenas por un tiempo.

Ahora, y a partir de la heroica resistencia palestina, las masas comenzaron a moverse. Una de las muestras más contundentes de esta dinámica es la gran victoria del pueblo sirio, que acabó con el tirano al Assad. Más allá de las intenciones de la conducción de la resistencia, que no es revolucionaria, la dinámica de los acontecimientos fue más allá de sus pretensiones, dándoles un ejemplo magnífico a los trabajadores y los pueblos de todo el mundo. 

La Primavera Árabe está resurgiendo, razón por la cual, la tarea de los revolucionarios y las revolucionarias es proponerles a los y las de abajo que sigan el ejemplo de Siria, no solo para ir por la cabeza de sus respectivos gobiernos, sino para reemplazarlos por otros, de carácter obrero y socialista. Para eso, será necesario poner en pie el estado mayor de la revolución, una nueva conducción internacional que se conforme a partir de la unificación de todas las corrientes y luchadores dispuestos a emprender esta estratégica tarea.

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