El gobierno nacional anunció el proyecto de privatización
del tren Belgrano Cargas, una movida que pareciera ser a favor del imperialismo
chino. La potencia asiática fue, hasta el momento, la que llevó adelante las
mayores inversiones en el tren de cargas que une los principales puertos del
país y es estratégico para las exportaciones de commodities.
Con la
privatización del Belgrano Cargas, el estado resigna un activo estratégico que
hasta el momento había sido utilizado como anexo de la Argentina de los
commodities. A partir de ahora, los concesionarios locales extranjeros pueden
interesarse por el negocio, siempre y cuando le cierren los números. Entre las
7 concesiones que se anuncian hay dos que pueden ser especialmente tentadoras:
la que conecta con los puertos cerealeros de Rosario y la que conecta con Vaca
Muerta.
En el
registro de operadores, están los ganadores de las concesiones menemistas y
también inversores extranjeros. Las petroleras están desde hace años esperando
que se reactive el tren Norpatagónico, un proyecto de 732 kilómetros
ferroviarios que va desde Añelo hasta Bahía Blanca. La iniciativa genera
interés en la multinacional China Machinery Engineering Corporation (CMEC), la
empresa que firmó un convenio con el estado en 2013 para rehabilitar el
Belgrano Cargas[1].
Esta empresa de capital chino, junto con el Banco de desarrollo de China, vienen invirtiendo y vendiendo materiales y vagones para este ferrocarril, que atraviesa y une puertos. En un sentido, los chinos están dando pasos muy similares a los que, muchos años atrás, dieron los imperialistas ingleses, que construyeron la red ferroviaria más grande del continente para acarrear materias primas hacia el puerto de Buenos Aires.
La privatización de este transporte ferroviario podría significar un avance fenomenal en cuanto al control de las exportaciones por parte de China. De concretarse esta posibilidad, el avance oriental en el terreno ferroviario no frenará la competencia y la guerra comercial en curso, más bien todo lo contrario, la profundizará, con todo lo que significa en el terreno de la política nacional.
Esta guerra ya provocó quiebres dentro del gobierno y en
el resto de la oposición patronal, sobre todo en el peronismo, ya que los
partidos se están dividiendo entre sectores que juegan para los yanquis y para
los chinos. ¡A diferencia de lo que sostienen, tanto Milei como buena parte del
progresismo, el negocio con el Partido Comunista chino no beneficiará a la Argentina!
Será, en definitiva, cambiarle el collar al mismo perro, la bestia
imperialista, cuyo propósito es saquear las riquezas y súper explotar a la
clase trabajadora argentina.
La izquierda, para actuar de manera coherente, debe
plantear que no existirá ninguna manera de conquistar la liberación nacional,
requisito indispensable para concretar la liberación social, sin romper las
cadenas de la dependencia con todas las potencias, yanquis, europeos,
japoneses, rusos, chinos, etc.

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