Corrientes comenzó a gritar "que se vayan todos", una consigna que retumbará en todo el país antes de lo que muchos piensan
Por Claudio Colombo
Luego del
giro en la causa, producido por las declaraciones de Laudelina, la mujer que denunció la
supuesta muerte de Loan, cientos de personas se congregaron frente a la casa de
gobierno en Corrientes gritando “que se vayan todos”.
Lo que
sucede en Corrientes es la continuidad de un proceso de luchas, que, a partir de reivindicaciones
distintas, comenzó a extenderse por todo el país luego de la gran movilización universitaria y
la rebelión de docentes, estatales y
policías de Misiones.
Corrientes va mucho más allá, porque allí no
se está peleando para conseguir un aumento del presupuesto o alguna demanda parcial, sino por juicio y castigo.
Para haya justicia, la movilización puede y debe llevarse puesta a buena
parte de la “casta” correntina: gobernador, poder judicial corrupto, jefes
policiales, etc.
El pueblo movilizado lo intuye, por eso, no casualmente, comenzó a tomar en sus manos la consigna de 2001. Eso lo entendió Patricia Bullrich, que viajó a Corrientes con decenas
de uniformados y equipos de última generación, para mostrarse frente a todo el país como la ministra
que encontró a Loan, vivo o en la “panza de algún cocodrilo”.
Sin embargo, la presencia de Bullrich -que se volvió a Buenos Aires con las manos
vacías- profundizó la crisis en las alturas de la provincia, cuyos funcionarios, defensores del plan motosierra, se están peleando a dentelladas con los representantes de la justicia federal y el pode político federal,
para tapar el entramado corrupto de ese tradicional
feudo.
En ese
marco, la izquierda y los sectores combativos deben impulsar con audacia todo
tipo de acciones de solidaridad a nivel nacional, ya que lucha por la aparición de Loan y por castigo a los culpables, dejó ser un “problema correntino” para convertirse en la causa
de todo un pueblo que quiere que se investigue y que se castigue a los
culpables.




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