Por Damián Quevedo
La crisis política y económica que golpea
al gobierno de Javier Milei tiene lugar en las alturas del poder, en la rosca conformada
por dirigentes de los partidos patronales y, fundamentalmente, entre los
grandes capitalistas, ya que la mayoría de estos desconfía de su capacidad para
garantizar la gobernabilidad.
Este clima hace tambalear al ejecutivo
frente a cada vencimiento o necesidad de nuevos desembolsos por parte del FMI. El presidente y Caputo esperan un alivio de
parte del FMI que debe aprobar la octava revisión del acuerdo y desembolsar
u$s800 millones para la Argentina. El Gobierno cumple los objetivos fiscales,
pero al Fondo le preocupa la situación de los más vulnerables y el costo del
ajuste que están pagando.
La semana pasada no trajo buenos resultados para
el Gobierno en los mercados. Los analistas tomaron nota y los últimos informes
que circularon en las mesas de dinero alertaron sobre algunos riesgos que
deberán enfrentar ahora Milei y su tropa. El cóctel que altera el mercado
combina factores económicos, financieros y políticos[1].
Entre los factores que motorizan la
debacle libertaria, está la posibilidad de que se caiga el swap con China, que
de suceder significarían 5000 millones de dólares menos para el BCRA. Esto mermaría
su capacidad de contener el dólar -mediante la venta del verde en el mercado
local- lo cual podría volver a disparar la curva inflacionaria.
El ruido político también tiene su rol y eso
potencia que los fondos de inversión estén cerrando el 'trade Milei'. El
mecanismo de ajuste jubilatorio que enervó a Milei contra los diputados,
golpeando al superávit de Caputo logrado por una licuación inédita de las
pensiones, muestra que la clave del éxito del Gobierno está atada con alambre[2].
El miércoles, cuando comience la
discusión de la Ley Bases, el gobierno volverá a jugar un partido crucial en un
terreno hostil y ajeno, en el que corre el riesgo de sufrir otra derrota emblemática.
En ese marco, Milei tiene otro problema: el incremento de las luchas obreras,
que pegaron un salto con la huelga docente de Misiones, que culminó con una
gran victoria.
La tendencia a la catástrofe parece ser el
escenario en el que seguirá moviéndose Milei, que afronta una constante sangría
de funcionarios y datos, cada vez más contundentes, de una profunda recesión
económica. Según el informe de CAME, el
Índice de Ventas Minoristas Pymes repitió la caída de 7,3% anual de abril y
acumula una retracción de 16,2% en los primeros cinco meses del año[3].
Milei corre contra reloj, con fracciones
patronales que se distancian de su gestión e incluso la critican de forma
pública. La ausencia de fondos para financiar el funcionamiento del Estado y
los próximos pagos de la deuda externa constituyen un combo explosivo, que el
movimiento de masas, cuando irrumpa con toda su fuerza, hará estallar, dando
lugar a una situación revolucionaria inédita, que la izquierda podrá
capitalizar si se como una fuerza realmente independiente del peronismo y la
podrida burocracia sindical.

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