Por Ernesto Buenaventura
Con casi el 60 por ciento de los votos, la ex alcaldesa del Distrito Federal, Claudia Sheinbaum, ganó las elecciones mexicanas, garantizando la continuidad de las políticas del actual presidente Andrés Manuel López Obrador, que, en 2018, llegó al gobierno con menos votos que los actuales. En ese marco, la oposición unificada, PAN, PRI, PRD, que presentó la candidatura de Xóchitl Gálvez, retrocedió, alcanzando apenas un 28 por ciento de los votos, que significan 10 puntos por debajo de lo que estas fuerzas habían conseguido, por separado, en las presidenciales anteriores.
En el Distrito Federal y Ciudad Juárez, se presentó un Bloque Independiente, Anticapitalista y Antipatriarcal (MTS, LUS, PRT, MAS y otros grupos), aunque con registros muy modestos. El zapatismo, que no dijo a quién votar, expresó una postura muy crítica para con el gobierno de AMLO.
Las elecciones continúan siendo una herramienta de castigo a los gobiernos del PRI y del PAN, a través del voto al oficialismo, que se mantiene firme debido a la existencia de una coyuntura económica más o menos favorable para el sistema capitalista mexicano, cada vez más subordinado a los dictados económicos de Estados Unidos. Tal es así, que después de ganar las anteriores elecciones, López Obrador se reunión con Donald Trump, con el propósito de profundizar las relaciones “carnales”, que Biden mantuvo intactas.
Los imperialistas estadounidenses, republicanos, demócratas o independientes, defienden este acuerdo, porque necesitan que México juegue un papel de "tapón" -en toda las región- de sus principales rivales comerciales, los imperialistas chinos, que están motorizando una fenomenal ofensiva sobre su “patio trasero”.
Bajo el gobierno “progresista”, México se convirtió en el principal socio comercial de Washington, con el desarrollo de su industria de ensamblaje -basada en la precarización laboral y sueldos bajísimos- que provee mercancías muy baratas a sus socios del norte. ¡Tan barata le resulta este sistema a los yanquis, que, si en una de estas empresas se llegan a ganar unos 6.000 dólares anuales, del otro lado de la frontera, los obreros cobran cerca de 31.000 dólares en el mismo período de tiempo!
Tanto con Trump como con Biden, AMLO mantuvo una política represiva para frenar y controlar la inmigración hacia Estados Unidos, junto con la militarización generalizada, que inició el gobierno de Calderón en 2006, con la excusa de “combatir a los narcos”. En realidad, esta línea, lejos de querer acabar con el comercio de las drogas, tiene que ver con la regulación de su tráfico hacia el principal mercado del planeta, en concordancia con la principal banda, la DEA estadounidense.
En términos nacionales e internacionales, el nuevo gobierno, que es la continuidad del anterior, no traeré nada bueno para los trabajadores y los pueblos, ya que mantendrá y profundizará la aplicación de los planes capitalistas, que, con formas “progresistas”, se apoyan en la explotación de la clase obrera y el saqueo de los recursos. La izquierda revolucionaria debe construirse en ese país como una alternativa, total y absolutamente distinta.
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