La cacería que organizó Patricia Bullrich ese día, no fue nada, si se la compara con la caza de brujas que comenzó a desplegar el gobierno nacional luego de la movilización. ¡Milei llegó al extremo de acusar de “cómplices” del terrorismo a varios periodistas que simpatizan más con sus ideas que con las de la oposición, como Novaresio y Longobardi!
La respuesta gubernamental hacia la protesta social es producto de su debilidad, pero la razón de fondo está ligada a otro problema: la crisis de la democracia capitalista, que es la forma o régimen que han utilizado las clases dominantes para ejercer su dominio desde el 82 en adelante. Los capitalistas, que saben que esta institucionalidad no aguanta más, quieren cambiarla por otra, en la cual, el poder recaiga sobre un ejecutivo fuerte que se apoye en políticas represivas, como Bukele, Maduro o Putin.
Para eso, los de arriba tendrán que suprimir libertades e incluso reprimir a sectores del capitalismo que no tendrán lugar en un mercado que se achica, y, por lo tanto, terminará siendo copado por las multinacionales más poderosas. Mientras organismos nacionales e internacionales siguen condenando al gobierno argentino por las detenciones arbitrarias durante la movilización popular frente al Congreso, Patricia Bullrich viajó hasta El Salvador para visitar una de las cárceles donde el sistema de encierro fue largamente cuestionado por transgredir los derechos humanos[1].
Este intento -todavía en pañales- no es exclusivo de Milei, va en el mismo sentido que el que pretendió imponer el peronismo en 2020, a través del encierro generalizado y eterno, valiéndose de la excusa del coronavirus, como hicieron casi todos los gobiernos patronales del mundo. Estos, con el régimen chino a la cabeza -"Covid-Zero" asiático- buscaron sustituir la democracia representativa por regímenes bonapartistas o directamente dictatoriales.
El gobierno actual, que es el producto más acabado de la crisis del régimen, ganó agitando consignas contra la burocracia estatal y los políticos de carrera, que son la representación más clara de la democracia representativa. La contradicción que no puede resolver, es que el voto que le dio el triunfo, no fue de apoyo a una salida antidemocrática, sino la expresión electoral de odio hacia el peronismo. y. muy especialmente, a su política de restricción de las libertades durante la pandemia.
Aunque a Milei le costará imponer sus deseos, seguirá reprimiendo y atacando libertades, no le queda otra, ya que, como dijimos al principio, es un gobierno muy débil, que no tiene la posibilidad de fortalecerse con los mecanismos tradicionales del actual régimen. Frente a esta perspectiva, la izquierda y las organizaciones democráticas deben conformar un frente único, al servicio de la defensa de sus movilizaciones y los conflictos obreros y populares, mecanismos de autodefensa para enfrentar a los provocadores y la represión.
[1] Pagina12 17/06/2024

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