domingo, 19 de mayo de 2024

China, no solo volvió al capitalismo, es también una potencia imperialista que le disputa la hegemonía mundial a los yanquis


Por Damián Quevedo

China es hoy la potencia imperialista que le está disputando la hegemonía que los yanquis conquistaron luego de la segunda guerra, a través de una guerra comercial, que, en cualquier momento, puede convertirse en una guerra convencional.

La tendencia hacia ese tipo de enfrentamientos es propia del capitalismo en los períodos de estancamiento. Estas situaciones obligan a las potencias a pelearse entre sí, para ganar sus respectivos mercados, para destinar la inmensa masa de mercancías sobrantes, debido a la crisis de sobre producción.

Al no existir otros mercados para que las multinacionales sigan expandiéndose y acumulando capital, las potencias imperialistas, que son la expresión política de los grandes monopolios de sus respectivos países y colonias, avanzan hacia mercados existentes.

Eso sucede entre China y EEUU, pero también con el resto de las potencias europeas, que de conjunto se disputan nuestro continente, que no solo posee las materias primas necesarias para alimentar al capitalismo del “norte”. Además, posee, especialmente en Brasil y Argentina, una clase obrera numerosa y calificada, cuya fuerza de trabajo es un importante botín de guerra.

El sur del Río Grande fue considerado por Estados Unidos como su patio trasero, a partir la pérdida de peso de Inglaterra. Por eso, los yanquis no van a resignar perder este territorio -frente al avance fenomenal de los capitalistas chinos- sin dar pelea. Así lo expresaron varios funcionarios estadounidenses que viajaron en estos últimos días al país.

El aumento de la exportación del capital chino se refleja en el nivel de la inversión productiva y en términos financieros (bonos, préstamos, etc.). Como resultado de su inmenso proceso rápido de acumulación de capital, el imperialismo chino acumuló también enormes volúmenes de capital-dinero, que sus capitalistas necesitan mover, para que rinda.

Esto se reflejó en un extraordinario crecimiento rápido de sus reservas de divisas, que, de 165 mil millones de dólares en el año 2000 pasaron a 305 mil millones en marzo de 2012. Tales reservas son iguales a la suma combinada de los seis mayores poseedores de reservas en moneda extranjera.

El Financial Times indica que los bancos chinos se han convertido en un actor financiero fundamental a la hora de prestarles dinero a los llamados países en vías de desarrollo, superando en ese sentido al mismísimo Banco Mundial.

Sin embargo, el capital chino no sólo avanza dentro del mercado de préstamos y bonos, sino también a modo de inversiones en el sector industrial y de materias primas. Los capitalistas chinos lograron esto, debido a que tuvieron la posibilidad de encarar un proceso de acumulación capitalista originaria muy particular, ya que, a diferencia de los procesos de acumulación que vivió capitalismo de los siglos XVII y XIX, este fue impulsada por la burocracia Estalinista, que se aprovechó del control dictatorial sobre la enorme y súper explotada clase obrera china, para, de esa manera, conseguir rindes excepcionales.  

Ese impulso estatal, que tuvo lugar en el marco de los durísimos planes de restauración capitalista, consolidó la formación de una enorme masa de capitales privados ligados íntimamente a la burocracia y las empresas estatales, que les dio un margen de maniobra a los jerarcas chinos muy distinto al que tienen, por lo general, los capitalistas occidentales. 

El proceso de restauración capitalista en los estados, falsamente denominados “socialistas”, que surgieron de las revoluciones anticoloniales del siglo XX, ya casi no es discutido por ningún partido de izquierda, salvo algunos nostálgicos, que todavía afirman que, tanto en Cuba, como Corea del norte, China e incluso Rusia, existe el Socialismo.

Independientemente del hecho de que la economía interna de China está desarrollada de manera desigual y que su productividad laboral está por debajo de la de las antiguas potencias imperialistas occidentales, su desarrollo productivo y financiero juega un papel dominante en la economía mundial.

Según los últimos datos, esta potencia es, hoy por hoy, el corazón de la producción de valor capitalista global. Si para el año 2019 representaba el 28,7 % de la producción manufacturera mundial, apenas un año después, en 2020, estos números crecieron, llegando al 31,3 %, casi el doble de los Estados Unidos, que ocupa el segundo lugar en ese rubro, con un 16,8%.

Este análisis demuestra que China no es, frente a los Estados Unidos, una alternativa “progresista”, sino otro monstruo imperialista, que, al igual que todos los imperialismos, no busca la felicidad de los pueblos, sino la posibilidad de explotarlos y de saquear sus recursos, para enriquecer a los capitalistas que sostienen a esta nueva y enorme potencia.

Los trabajadores y los pueblos deben, por lo tanto, luchar por la liberación nacional, sacándose de encima a todos los imperialistas, ya que con ellos dominando a nuestros gobiernos, no habrá manera de industrializar al país, que es la base del enriquecimiento colectivo. La nueva independencia nacional ya no vendrá de la mano de los viejos patriotas, que jugaron un papel revolucionario en su tiempo, sino de la clase trabajadora, con la izquierda socialista a la cabeza.

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