Por Juan Giglio
La
izquierda, por lo general, agita una consigna con la que trata de resolver una de
las tareas fundamentales del movimiento obrero, que es la necesidad de unificar
sus luchas -a través de un paro o huelga general- contra el ajuste y los
ajustadores de turno. Para eso, la mayoría de los partidos que se reclaman del
socialismo le piden a la CGT que convoque a una medida de estas características,
e incluso a un plan de lucha que la continúe.
Estas
organizaciones defienden esta táctica con el argumento de que, hoy por hoy, los
únicos que estarían en condiciones de decretar una medida de esas
características son los burócratas sindicales. Sin embargo, existe un primer
problema, que no es menor: ¡La burocracia sindical, de conjunto, está mas
interesada en negociar con el gobierno -la reforma laboral y los convenios a la
baja- que en coordinar la resistencia!
El segundo inconveniente,
el más importante, es que las bases odian a la mafia sindical, que vive una
vida de lujos mientras sus representados pierden conquistas, puestos de trabajo
y poder adquisitivo. Esto significa, que, de continuar con esta política, la
izquierda corre el riesgo de quedar “pegada” a la burocracia, o, al menos, de no
aparecer como una alternativa realmente distinta.
No existe
ninguna posibilidad de construir una nueva dirección obrera, clasista,
democrática y combativa, que no sea mediante una clara y contundente
diferenciación con las direcciones sindicales y políticas del peronismo. Eso no
quiere decir que no haya que aprovechar las limitadísimas medidas de acción
directa que, de tanto en tanto, convoquen por sus propios intereses o por presión
de la realidad. ¡Hay que hacerlo, pero, tratando de general una dinámica de
lucha y organización verdaderamente independiente!
Para eso, la
izquierda debe poner en el centro de agitación a la denuncia implacable contra
esta “casta” siniestra, que la resistencia obrera tiene que tirar a la basura
de la historia. Por ejemplo, si la CGT, como “saludo a la bandera”, convoca este
Primero de Mayo a un acto, la izquierda debe rechazarlo en vez de marchar a la
cola de Daer, Moyano y compañía para “exigirles” que paren, porque, más allá de
las intenciones, será vista como furgón de cola de esta gente.
Ese día,
las organizaciones realmente combativas tienen que poner en pie un acto
independiente, con una tribuna abierta, desde la que se diga, con claridad y
contundencia: ¡No hay futuro con el peronismo y todas sus variantes, políticas,
sindicales y sociales! Hay que construir, desde abajo y con todos los sectores
dispuestos a ponerlo en pie, un Centro Coordinador de la Resistencia, que se
proponga hacer lo que nunca harán los burócratas: un plan de lucha que
desemboque en otro Argentinazo.
Allí, también
habrá que votar un plan obrero y popular alternativo. Un programa político,
económico y social, que, como primera medida, plantee la necesidad de liberar
al país del yugo de la dependencia imperialista -de los yanquis, de China y de
todas las potencias- porque no habrá ninguna posibilidad de desarrollar al país
en serio bajo el dominio de los imperialistas. La clase trabajadora tiene que
liderar esta lucha por una segunda y definitiva independencia, que se podrá
concretar si impone su propio gobierno.

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