Por Tito Beleda
En esta sociedad -capitalista- donde todo lo que no sirve para producir las ganancias que enriquecen a los dueños de las empresas se descarta, los jubilados y jubiladas somos una carga para las patronales, un “costo” que, como todos los costos productivos, tratan de achicar al extremo.
Eso es lo
que han hecho y continúan haciendo los gobernantes, que no son otra cosa que
representantes de los empresarios. Desde el ANSES y otros ministerios, sus
funcionarios no solo achican las jubilaciones, sino también nuestro futuro, ya
que para esta gente la “tercera edad” nos transforma en “inútiles”.
Eso es una
mentira, construida por quienes pretenden que vivamos poco y mal luego de
exprimirnos en sus fábricas. Eso no sucedía en las sociedades denominadas
“primitivas”, en las cuales, el anciano, era uno de los pilares fundamentales
de su desarrollo, porque contaba con la sabiduría que le había dado su larga experiencia
de vida.
Los
jubilados y las jubiladas no podemos luchar solo por un aumento de nuestros
haberes o por la provisión de lo que necesitamos para vivir más o menos
dignamente. Debemos asumir que aún somos útiles para los demás, que podemos
cumplir un papel constructivo en la sociedad, y, que, por lo tanto, podemos y
debemos disfrutar la vida.
Las
organizaciones de jubilados y jubiladas debemos plantear una serie de
reivindicaciones, o programa, que vaya más allá de los reclamos elementales,
sin los cuales nos hundimos. Tenemos que apuntar más arriba, para que la
sociedad no nos mire como esos viejitos o viejitas que solo servimos para
pasear el perro, jugar a las bochas o cuidar nietos.
Ese futuro
- ¡Sí compañeros y compañeras, tenemos que pensar en el futuro y proyectarlo,
es nuestro derecho! - será posible si ganamos a los trabajadores y las
trabajadoras que todavía están en actividad, para que apoyen nuestra lucha.
Solo con un aumento efectivo de sus salarios y con el blanqueo de los millones trabajan
en negro, habrá cajas previsionales capaces condiciones de cubrir todas nuestras
necesidades.
Debemos
hacer esto, porque, en definitiva, dependemos de la lucha de los laburantes.
Ellos y ellas, si pelean en serio por jubilaciones dignas, estarán construyendo
su propio futuro, porque, mucho más pronto de lo que imaginan, pasarán a
engrosar las filas de la “clase pasiva”.
Los
luchadores y las luchadoras de izquierda tenemos que ponernos al frente de esta
lucha, jugándonos a hacer lo que no hacen los burócratas vendidos, que no
tienen problemas jubilatorios, porque viven como ricos entregando a las bases:
unir como un solo puño nuestras demandas con las de la clase obrera activa,
construyendo para eso otro Argentinazo.

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