Por Damián Quevedo
El estallido de las hipotecas sub prime en 2008 fue la chispa que puso en evidencia una crisis mucho más profunda, que tuvo lugar más allá de las finanzas, en el corazón mismo de la producción capitalista. Más de 15 años después de aquel crack financiero, en un contexto internacional mucho más caótico, se está gestando una nueva burbuja hipotecaria en Estados Unidos, pero también en otras potencias.
El estallido de una crisis semejante en un país
imperialista del tamaño de EEUU, puede provocar, al igual que en el 2008, un
efecto contagio de magnitudes incalculables. Esto es así, porque la dimensión
de la burbuja es mucho mayor y se produce en medio de una guerra latente entre
las grandes potencias que están disputando el control del mercado mundial.
Desde hace
tiempo los principales bancos de inversión y gestores de fondos de Wall Street
vienen advirtiendo sobre la crisis del sector inmobiliario comercial, y en
particular del segmento de oficinas. Incluso, días atrás, desde el influyente Goldman
Sachs uno
de sus expertos estimó que para ser viable la conversión de torres de oficinas
en edificios multifamiliares, los precios de los edificios comerciales deberían
caer un 50%[1].
Desde hace unos años, a raíz de las cuarentenas y el trabajo remoto, comenzó a gestarse un boom de ventas de oficinas, sobre todo en los centros neurálgicos para el capital financiero, como es el caso de Manhattan. Varios bancos yanquis están preocupados porque están viendo caer, desde hace tiempo, este mercado, con lo que estiman que puede darse una cesación de las correspondientes hipotecas inmobiliarias, y, por lo tanto, una nueva crisis bancaria.
Lo mismo está sucediendo en Europa y China, donde
continúan las repercusiones de la crisis inmobiliaria de 2021, con la caída de la
compañía asiática Evergrande. La crisis del gigante
inmobiliario, que estalló en 2021, sacó a la luz las graves dificultades que
atravesaba el sector en China, donde la construcción supone cerca de una cuarta
parte de la economía. En aquel momento se estimó que la empresa tenía 1,5 millones
de viviendas sin terminar, dejando sin ahorros y sin casa a multitud de
familias que habían invertido en inmuebles aún por construir[2].
Tras varios meses de litigios e intentos de
reestructuración, Evergrande fue declarada en quiebra por un tribunal de Hong
Kong, que ordenó repartir sus activos entre los acreedores, la empresa debe
330.000 millones de dólares, una cifra superior a la deuda externa de Rusia. De
todos modos, la solución a esto todavía está lejos, ya que Evergrande tiene la
mayoría de su capital en China continental, en donde la resolución del tribunal
no tiene peso.

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